LA VIRGEN, EL LIBRO Y EL ORDENADOR

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Es cierto que la condición hispánica no suele destacarse precisamente por su unanimidad: los españoles somos el pueblo menos chovinista de Europa. Tenemos más razones que nadie para la grandeza, pero nunca presumimos de ella… aquello de: “si habla mal de España, es español”, no deja de ser una realidad entre nosotros. No tenemos signos unánimes, nuestra bandera no tiene universal reconocimiento, nuestro himno no tiene letra para ser cantado y nuestras autonomías, por algunos llamadas autonosuyas, han venido a ejercer como signos de pluralidad centrífuga y nunca de centralismo centrípeto, tenido como cosa del “régimen anterior”, eufemismo con el que se designó a la dictadura en tiempos de la transición. Dicho todo lo cual, afirmado, reafirmado y confirmado, cabe destacar que una de las pocas unanimidades hispánicas es la referencia constante y universalizada a la persona de María. La Virgen no suele tener entre nosotros grandes enemigos y si, por el contrario, la adhesión cordial de la inmensa mayoría… eso sí, con el mismo nombre pero distintos apellidos: Rocío en el sur, Monserrat en el norte, Estívaliz en Vasconia o Desamparados en el levante. Mucho sería pretender una mayor cota de acuerdo entre nosotros.

                En Guadix, la patrona de las Cuevas es la Virgen de Gracia y de la ciudad de casas la Virgen de las Angustias ¡No íbamos a estar de acuerdo en todo! Pero, la llamemos como la llamemos, al final podemos concluir que es bastante mejor tener madre que no tenerla, entre otras cosas porque la condición de hijos de nuestra madre es la única imprescindible consecuencia de nuestro nacimiento: todo lo demás lo llegamos a ser, pero hijos de la madre lo somos por el sólo hecho de nacer.

                Así pues, nos disponemos a celebrar la grandeza del día de las Angustias, precedido por su septenario. Esta fiesta es una de las cosas de Guadix que no necesitan retoques, porque si se la toca se la empeora. Se trata de un gran septenario, de una gran celebración eucarística pontifical y de una gran procesión. Me dirá el lector qué es aquello que puede mejorarse, pues yo no quiero que mi Madre comparta el protagonismo ni con las bandas de música ni con los estamentos militares o sociales, ni con ninguna otra cuestión que pueda restar la eficacia de su centralidad a la presencia de la Madre de todos. Dice una amiga mía, cuando algo es verdaderamente perfecto que “el terciopelo no necesita adornos”. Pues bien, eso ocurre con la fiesta de la Virgen: “más vale no menealla”, no sea que empeore.

                Con todo, este año tenemos dos serias novedades que, espero, no contrarresten la centralidad de la “Gloriosa” -me gusta llamar a la Virgen, como la denomina nuestro primer poeta, Gonzalo de Berceo-. Se trata, por una parte de un libro y por otra de una retrasmisión. Vayamos por partes.

                El libro es un homenaje del Archivo y Biblioteca Diocesanos, que reproduce los antiguos textos de un siglo atrás, dedicados a la Virgen por el sacerdote y mártir accitano, preconizado Obispo de Orihuela-Alicante, Monseñor Juan de Dios Ponce y Pozo.  Se añaden otros textos devotos e históricos, obra del que suscribe, que pide perdón por añadir su nombre al del glorioso mártir. Todo se completa con una hermosa colección de fotos, muchas de ellas inéditas, que agradecemos en el alma a sus remitentes o que han sido halladas en las investigaciones propias de nuestro Archivo Diocesano. El lector podrá encontrar una síntesis ajustada de lo que la Virgen de las Angustias supone, ha supuesto y seguirá significando para los hijos de Guadix, en la espera del ya cercano centenario de su coronación, que celebraremos, Dios mediante, el año 2023.

                La segunda novedad, la concebimos como un acontecimiento particularmente feliz. Se trata de incorporar las nuevas tecnologías a los cultos en honor de nuestra Madre.  Las posibilidades que hoy ofrecen los medios de comunicación por Internet nos facilitarán la retrasmisión de la septena y la Misa pontifical de la Virgen para que los enfermos, impedidos, cuidadores y personas de nuestra ciudad que habitan incluso en países muy lejanos, puedan incorporarse en directo y contemplar todo cuanto se dice y se hace en el altar mayor de nuestra Catedral, convertida, por una semana, no solo en la casa común sino en la casa materna, o sea, nunca mejor dicho: en nuestra casa.

                ¿Veis? Tener madre es imprescindible: todo lo llegamos a ser menos el hecho de ser hijos. Esta condición es connatural al ser humano. No se puede “ser”, sin ser hijos. Pues bien, desde el punto de vista sobrenatural ocurre lo mismo: no se puede ser cristiano sin ser hijo de la Virgen María. Como en Guadix la llamamos Angustias, este año te pueden ayudar a ser buen hijo, un libro y un ordenador. El uno para ser leído y el otro para ser conectado por Internet… si cuando yo digo que el que no se salva es porque no quiere…

Manuel Amezcua Morillas.

Manuel Amezcua

Párroco de Nuestra Señora de Gracia y Fátima, en Guadix. Canónigo y Director del Secretariado de Familia y Vida.

Este artículo ha sido publicado en el semanario Wadi-as de Guadix y comarca

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