Fiesta de todos los santos

Escrito por  |

Otro años más vamos a celebrar la fiesta de todos los santos. Una fiesta que nos invita al recuerdo y a la esperanza.

Recuerdo por tantos conocidos nuestros: familiares y amigos con categoría de auténticos santos, aunque no estén en los altares.

Esperanza porque es una fiesta para contemplar el verdadero horizonte de nuestra vida: la plenitud en la intimidad con Dios tras sumarnos a los anhelos de tantas y tantas personas. Esperanza por proclamar y defender la dignidad de las personas, tender la mano a los sufren, enjugar sus lágrimas, afrontar las persecuciones y contratiempos en libertad, limpios y honestos en nuestra conducta.

Con la idea de que quien ha sido amado por alguien nunca será olvidado, os invito a que, guiados con el texto evangélico de las bienaventuranzas (Mt 5,1-12), digamos la primera parte de la bienaventuranza seguida de los nombres de personas conocidas que han muerto o que viven y que nos recuerdan cada una de las bienaventuranzas, para después terminar con la segunda parte de la bienaventuranza, es decir:

-        “Dichosos los que lloran …      porque serán consolados”.

-        “Dichosos los sufridos …         porque heredarán la tierra”.

-        “Dichosos los que tienen hambre y sed de la justicia …                       porque quedarán saciados”.

-        “Dichosos los misericordiosos …         porque alcanzarán misericordia”.

-        “Dichosos los limpios de corazón …     porque verán a Dios”.

-        “Dichosos los que trabajan por la paz …          porque se llamarán hijos de Dios”.

-        “Dichosos los perseguidos por causa de la justicia … porque de ellos es el Reino de los cielos”.

-        “Dichosos vosotros cuando os insulten y os calumnien por mi causa … (nos podemos incluir cada uno de nosotros),   pues estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo”.

Todas las bienaventuranzas nos recuerdan y manifiestan el pluralismo que desde siempre hay en la Iglesia y expresa la santidad original de Dios.

Las bienaventuranzas nos dicen:

-        que los hijos de Dios se caracterizan por el amor que Dios les ha dado y porque ellos también aman.

-        Que el Reino de los Cielos pertenece a los pobres en el Espíritu y a los perseguidos por la justicia.

-        Que los que poseerán la tierra son los sufridos.

-        Que los que verán a Dios son los limpios de corazón.

-        Y que todos pueden esperar el Reino que les pertenece.

-        Que nosotros podemos llegar a experimentar la Bienaventuranza en este mundo; algo de lo que seremos en el mundo futuro.

-        Que nuestros pecados y deficiencias, nuestros temores y resistencias no son obstáculos, sino que se pueden lavar y purificar en la sangre del Cordero (especialmente en el sacramento de la reconciliación).

-        Que nuestra hambre y nuestra sed, nuestra fatiga, se pueden confortar en el sacramento de la Eucaristía.

Y que lo que no podemos hacer es rebajar el cristianismo a una práctica piadosa, moral o folklórica, sino que estamos llamados a desarrollar la filiación divina en nosotros, o sea, la santidad.

José Mª Tortosa

Párroco de Jérez del Marquesado y Albuñán. Delegado de Apostolado Seglar