La moda del aborto seguro = crimen seguro

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Dicen que la moda es el valor con mayor frecuencia en la distribución de los datos. Naturalmente, esa definición conviene tan sólo a la estadística que, a su vez, es el arte de mentir matemáticamente pues haciendo la media, si tenemos entre los dos tres pollos, cada uno tenemos pollo y medio, aunque yo tenga los tres y tú no poseas ninguno.


Está de moda medir las distribuciones según la renta media, la media de edad, o la velocidad media... todo lo mediado que usted quiera, pero no logramos superar la moda de tener unos muy poco mientras otros poseen mucho. Vendría a ser lo que podíamos llamar la moda de acaparar. Desde los dos años, a veces antes, aprendemos la palabra “mío”... incluso jugando con los hermanillos o con las hermanillas, con los primos o con los amiguitos, papá es “mío”, el juguete es “mío” o el coche es “mío”...
La dichosa palabreja, o mejor su contenido, viene a traernos de cabeza durante lo largo, lo ancho y lo hondo de nuestra existencia. Parece como si cada uno de nosotros afirmase lo que es por lo que tiene, puede tener o, incluso aspira a tener. Esta moda posesiva es uno de los grandes problemas de la humanidad y hace que el corazón humano esté lacerado por una suerte de egoísmo cuya superación no siempre es fácil. Para armonizar la palabra “mío” con los términos y conceptos “tuyo” y “nuestro”, colaboran la educación en las grandes virtudes favorecidas por la religión y civilización. Ambas son instancias muy poderosas, pero no tanto como el sutil egoísmo que afecta desde el campesino al político y desde el parado al trabajador obsesivo, pasando por las amas de casa para llegar a las reinas y reinonas.
Si algún dogma de la Iglesia Católica me resulta facilísimo asumir es el del pecado original: resulta evidente que la humana es una naturaleza caída, cuya mejor manifestación es el tremendo egoísmo que a todos nos afecta en mayor o menor medida.
Ahora bien, si el egoísmo original se nota en todo, a veces adquiere manifestaciones de solemne estupidez. Tal es el caso de la moda.
Referida a las formas de vestir, de comer, beber o comportarse en público, la moda se ha ido perfeccionando para constituirse en una suerte de esclavitud, que te convierte en extravagante, raro, insulso o inadaptado socialmente si no la sigues cuando te persigue: ¿Quién habrá inventado la proliferación de los tatuajes?... me resulta, por lo menos, tan chocante e inopinadamente extraña como la de los sombreros de copa de finales del siglo XIX o principios del XX. Es verdad que a ciertas edades uno puede tatuarse el cuerpo entero o incluso usar sombrero de copa en una boda... pero hay que reconocer que pasados los 25 años, ciertos tatuajes se convierten en una tremenda horterada y el sombrero de copa en una excrecencia cursilísima. Sobre todo si el tatuado se coloca el sombrerito para la boda de su hermana... “Ne va plus”.
Coco Chanel (que por francesa no lleva acento), cuya inteligencia es sólo comparable a la de los austriacos, pueblo que ha conseguido que Beethoven, siendo alemán parezca de Austria, y Hitler, nacido en Austria parezca alemán..., que ya hay que ser hábiles para hacerse con genios ajenos y expulsar a tiranos propios... la dulce Coco, mujer excepcional que consiguió una inmensa fortuna desde la nada y cuyos devaneos nazis todo el mundo le ha perdonado, preguntada en una ocasión acerca de qué era para ella la moda, contestó con una respuesta absolutamente genial: “La moda es todo aquello que yo mando pasar de moda”.
Ciertamente con personas como Coco, se montará toda una industria de vestidos, zapatos, sombreros, perfumes, bolsos, pulseras y joyas, guantes y medias que, sabiamente cambiadas cada año de forma y de color, de anchura o de estrechez, de tejido o de olor, han conseguido establecer toda una industria que mueve cada año miles y miles de millones, da trabajo a miríadas de obreros y obreras y ha provocado toda una prensa especializada con verdaderos y verdaderas especialistas en el modo de cambiar de moda. ¿Qué opináis de la moda de género, de utilizar el masculino y el femenino como si no existieran en castellano el género neutro, el epiceno y el ambiguo?.
Como el avisado lector habrá comprendido, nada tengo ni puedo tener en contra de la grandeza industrial que proporciona tanto trabajo y tanto movimiento económico. Ahora bien, cuando las modalidades de la moda se establecen hasta el absurdo, esta se convierte en otra forma de egoísmo, tanto de los que lanzan el producto como de los que lo consumen, a veces a precios astronómicos. Entendida así, la moda se transforma en un fenómeno netamente capitalista con todos y cada uno de los ingredientes más nefastos del propio capitalismo. No es lo malo que nos encontremos, ya muy pronto, con cuerpos barrigones, piernas varicosas y brazos flácidos tatuados hasta la extenuación, lo peor es que la moda nos obliga a actuar sin convicciones, tan sólo porque “se lleva” y, parece, no podemos quedar al margen del rebaño.
Pongo un ejemplo sencillo: algunos de los grupos de música de verdadera calidad, permanecen durante décadas; otros son productos meramente comerciales, cuya promoción los pone de moda sin calidad alguna, pero con ganancias seguras para los que saben manejar el gregarismo de nuestra sociedad: “Gregarismo”: dícese del más tremendo borregueo.
Como fuere que a los jóvenes les pega todo, yo puedo conceder in extremis la oportunidad de algún anillo colocado en el ombligo de la quinceañera..., pero cuando se empeña en lucirlo durante el pésame de su abuelo, en la escalinata del altar mayor de la parroquia, el ombligo, el anillo y la niña están totalmente fuera de lugar.
Habría que poner de moda la buena educación, el buen gusto y el destierro de la horterada, pero para eso hace falta sustituir el egoísmo estúpido, el peor de todos, por unas cuantas gotas de civilización e incluso de religión, que nos ayuden a poner las cosas en su sitio dentro del alma, del corazón y de la mente.
Si el prudente seguidor de toda esta perorata ha sido capaz de llegar hasta este párrafo, además de profesarle mi más rendida admiración, le suplico su reflexión más profunda, aplicando todo lo dicho a nuestra situación política: está de moda la intolerancia, la bajeza en los ideales, la manera refinada o torpe de robar, la excusa ridícula de los que cogen con las manos en la masa, el atrincheramiento dentro de la muralla de los privilegios de los políticos y la adulteración del lenguaje para hablar por ejemplo de “aborto seguro” o sea, asesinato seguro, matanza segura, crimen segurísimo... no, si cuando yo te digo que los modos de la moda pueden convertirse en una forma de entontecimiento colectivo, me quedo corto, cortísimo, aunque no esté de moda.
Manuel Amezcua Morillas