Volvemos a estar en activo para seguir siendo feliz

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Buenas a todos los que seguís este blog. Gracias por la difusión que dais y porque se estáis esperando las nuevas reflexiones.

Pues bien, ya estamos aquí después de ese tiempo en que nos fuimos a ser felices y a descansar un poco del trabajo hecho durante el curso. La verdad que han venido bien esos días de descanso y el hacer cosas diferentes a las que normalmente la vida diaria nos tiene acostumbrados. Esto ayuda a ser feliz, a seguir siendo felices porque uno toma fuerzas, descansa, pasa más tiempo con amigos y familia, retoma las lecturas de esos libros que te ayudan, te hacen estar al día, te informan, te entretienen, te culturizan, etc., es decir, que nuevamente estamos aquí y nos encontraremos con una relativa periodicidad.

De las cosas que uno lee o relee, quiero volver al tema de la inteligencia emocional que ya hemos tratado en otros momentos con el emocionario.

He vuelto a releer páginas del estupendo libro el principito y de la sabiduría emocional que encierran los diálogos en el Principito, su autor, Saint-Exupèry nos brinda un magnífico pasaje que podemos traer aquí con el objetivo de aportar luz sobre esta poderosa realidad emocional (querer/amar) que nos afecta a casi todos en un momento u otro de nuestra vida.

—Te amo —le dijo el Principito.

—Yo también te quiero —respondió la rosa.

—Pero no es lo mismo —respondió él, y luego continuó— Querer es tomar posesión de algo, de alguien. Es buscar en los demás eso que llena las expectativas personales de afecto, de compañía. Querer es hacer nuestro lo que no nos pertenece, es adueñarnos o desear algo para completarnos, porque en algún punto nos reconocemos carentes.

Querer es esperar, es apegarse a las cosas y a las personas desde nuestras necesidades. Entonces, cuando no tenemos reciprocidad hay sufrimiento. Cuando el “bien” querido no nos corresponde, nos sentimos frustrados y decepcionados.

Si quiero a alguien, tengo expectativas, espero algo. Si la otra persona no me da lo que espero, sufro. El problema es que hay una mayor probabilidad de que la otra persona tenga otras motivaciones, pues todos somos muy diferentes. Cada ser humano es un universo.

Cuando una persona dice que ha sufrido por amor, en realidad ha sufrido por querer, no por amar. Se sufre por apegos. Si realmente se ama, no puede sufrir, pues nada ha esperado del otro. Cuando amamos nos entregamos sin pedir nada a cambio, por el simple y puro placer de dar. Pero es cierto también que esta entrega, este darse, desinteresado, solo se da en el conocimiento.

Solo podemos amar lo que conocemos, porque amar implica tirarse al vacío, confiar la vida y el alma. Y el alma no se indemniza. Y conocerse es justamente saber de ti, de tus alegrías, de tu paz, pero también de tus enojos, de tus luchas, de tu error. Porque el amor trasciende el enojo, la lucha, el error y no es solo para momentos de alegría.

Amar es la confianza plena de que pase lo que pase vas a estar, no porque me debas nada, no con posesión egoísta, sino estar, en silenciosa compañía. Amar es saber que no te cambia el tiempo, ni las tempestades, ni mis inviernos.

Amar es darte un lugar en mi corazón para que te quedes como pareja, padre, madre, hermano, hijo, amigo y saber que en el tuyo hay un lugar para mí. Dar amor no agota el amor, por el contrario, lo aumenta. La manera de devolver tanto amor, es abrir el corazón y dejarse amar.

—Ahora lo entiendo —contestó ella después de una larga pausa.

—Es mejor vivirlo —le aconsejó el Principito

Las enseñanzas budistas afirman sabiamente que si quieres a una flor, la arrancas para tenerla contigo, y si “amas” a una flor, la riegas todos los días y la cuidas.

En definitiva, cuando amamos a alguien le aceptamos tal cual es, permanecemos a su lado y buscamos dejar posos de felicidad y de dicha en cada momento. Porque los sentimientos para ser puros e intensos tienen que venir de muy adentro.

El cristianismo, en el evangelio de San Juan, ¿no parece que también nos hace pensar en esta diferencia cuando Jesús le pregunta a Pedro tres veces si lo ama?: “Después de comer, dice Jesús a Simón Pedro: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que estos?». Él le contestó: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero».

Jesús le dice: «Apacienta mis corderos». Por segunda vez le pregunta: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas?». Él le contesta: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero». Él le dice: «Pastorea mis ovejas». Por tercera vez le pregunta: «Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?». Se entristeció Pedro de que le preguntara por tercera vez: «¿Me quieres?» y le contestó: «Señor, tú conoces todo, tú sabes que te quiero». Jesús le dice: «Apacienta mis ovejas”. (Jn 21,15-17).

José Mª Tortosa

Párroco de Jérez del Marquesado y Albuñán. Delegado de Apostolado Seglar