DIGNIDAD HUMANA Y BIEN COMÚN.

Escrito por  |

De entre las muchas ventajas que es posible observar en este Papa, no es la menor el que se pueda entender directamente todo lo que dice: Francisco comunica de manera que no hacen falta demasiadas interpretaciones, pues lo que quiere decir es exactamente lo que dice y viceversa. No se necesitan exégesis sobre sus dichos que son paralelos con sus hechos. Así pues, lo que hace el Papa y lo que enseña, son aspectos perfectamente convergentes.

 

De entre todas las doctrinas papales, hay dos nociones en las que insiste de manera directa o indirecta con muchísima frecuencia: la dignidad humana y el bien común. Los budistas y las derechas, las izquierdas y los musulmanes, los americanos y los africanos… etc., todos pueden y deben estar de acuerdo en estas dos ideas sustanciales por las que merece la pena luchar. Lástima que nuestros responsables públicos, tanto los internacionales como los nacionales, olviden en tantas ocasiones que la grandeza de la dignidad humana inviolable y la búsqueda del bien común por encima del bien particular, son dos de las columnas que sostienen la civilización, no sólo porque lo mande el sentido común, sino también la ley natural y, para los creyentes, la mismísima ley de Dios.

La persona humana no necesita ninguna otra justificación para ser completamente digna que su propia existencia. Ello incluye también a toda persona enferma o con deficiencias psíquicas o sensoriales, incluso los aun no nacidos y, desde luego, los ancianos con situaciones de inmovilidad o gran dependencia. Si privamos de su completa dignidad a cualquiera de los seres humanos, abrimos un portillo por el que Hitler y Stalin, con toda su corte de asesinatos múltiples, se nos cuelan como un cortejo de los errores-horrores. Ciertamente, la noción de dignidad humana es una de las claves más importantes del diálogo inter religioso, inter filosófico e inter ideológico.

La idea de la inalienable dignidad humana es más común para Occidente que para cualquier otra parte del mundo: en gran parte de China o en la India, ser mujer implica necesariamente no ser persona completa. Tiene tela… lo mismo ocurre en determinadas zonas del mundo islámico, donde el testimonio judicial de una mujer no puede valer lo mismo que el de un hombre…, tiene tela, telares y telones, con su rima…

Con todo, este concepto básico es una de las grandes posibilidades que el Papa Francisco ofrece como cauce de diálogo entre todos. El segundo gran concepto es el de bien común, cuyo desarrollo pertenece a la más honda raíz de la ética greco-romana y la moral judeo-cristiana.

No encuentro mejor ni más grata alusión en nuestra literatura clásica que los versos de Gómez Manrique colgados en el atrio del Ayuntamiento de Toledo, edificado por Jorge Manuel Teotocópuli, hijo del inmortal Greco:

“ Nobles, discretos varones

que gobernáis a Toledo:

en aquestos escalones

desechad las aficiones

codicias, amor y miedo.

 

Por los comunes provechos

dejad los particulares.

Pues os hizo Dios pilares

de tan riquísimos techos

estad firmes y derechos”

Note el avisado lector cómo de entre los problemas con los que advierte a la autoridad sus posibles devaneos y corrupciones son, y por este orden, la codicia, los afectos y el miedo. O sea, las causas principales de las enormes corruptelas políticas a las que desgraciadamente venimos asistiendo. “Por los comunes provechos dejad los particulares…” es decir, siendo legítimo procurar el bien propio, es prioritario alcanzar el bien común. Y ello siempre y en todo lugar.

Cuando estas grandes ideas dejan de ser el fermento de las opciones sociales, de las opiniones comúnmente sostenidas y de los principios que rigen la evolución de nuestras sociedades, tanto el comunismo como el nazismo encuentran el caldo de cultivo para volver a derrotar las opciones de la libertad.

El Papa, hace muy bien en recordar que existe todo un cimiento de ideas sobre las que merece la pena dialogar hasta la extenuación. O nos dedicamos incansablemente a buscar a todo trance la dignidad humana y el bien común, o terminamos perdiendo el bien de todos y la dignidad personal: la victoria de las tiranías.

Manuel Amezcua Morillas.

Manuel Amezcua

Párroco de Nuestra Señora de Gracia y Fátima, en Guadix. Canónigo y Director del Secretariado de Familia y Vida.

Este artículo ha sido publicado en el semanario Wadi-as de Guadix y comarca

La dirección de la web de Wadi-as es http://andaluciainformacion.es/guadix/