Movilización anti móvil, o la cortesía telefónica.

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Yo Guadix, disfruto y padezco la generalizada utilización de lo que, para entendernos, vamos a llamar el “móvil”.

El móvil es un progreso absolutamente definitivo en lo que se refiere a las relaciones humanas de toda índole, ya sean las familiares, las empresariales, pasando por las amistosas, incluso por las posibles urgencias. Afirmado lo cual con certera rotundidad, vengo en repasar y repaso la cantidad y calidad de situaciones ridículas, absurdas e integralmente tontas a las que da lugar la aberrante descortesía de su uso.

Como el primer mandamiento es amar a Dios y el segundo al prójimo, vayamos por orden:

Primero: escucha hija, mira, apaga el móvil antes de entrar en la iglesia, incluso si es en un entierro o boda y, máxime si tienes unas sevillanas, paso doble o música de Semana Santa como tono de llamada. Date cuenta que unas sevillanas en un entierro son equivalentes a una marcha fúnebre en medio de la boda. Puedo asegurar al amable lector que ninguno de los casos me los invento. Por completar los desmanes eclesiásticos, parece conveniente advertir que, si tras el sonido del móvil, se produce un diálogo parecido al siguiente: “¡Estoy en misa, ahora te llamo, bien, bien, eso, ahora te llamo…!” la palabra de Dios se ve seriamente afectada por la palabra humana a distancia y los satélites interestelares actúan contra el Verbo Divino.

Segundo: el que suscribe, trabaja con otras personas de su especialísima predilección, rodeado de miles de libros, en una biblioteca y archivos de la Diócesis que poseen entre sus fondos una admirable colección de tratados de cortesía, modales, buenas maneras y educación. Es por ello que cada día tengo y retengo como más necesario el proyecto de elaboración de un tratado completo de la buena educación en el uso del móvil. Estoy hasta el trigémino, hueso que, como es sabido, tenemos en la nariz…de este neo fenómeno de educación, no ya mala, sino perversa, en virtud del cual jamás se le hace caso a los presentes, porque toda la atención se centra en los ausentes, respondiendo siempre al teléfono en vez de atender a las personas que tienes delante. Cuento un caso que me es tristemente verídico: a la sexta llamada atendida por mi interlocutor, dentro de su despacho, me salí al pasillo y le llamé por mi móvil tras la puerta cerrada; su estupefacción fue enorme, diciéndome:” ¿pero, estás tonto Manolo, para qué me llamas si estoy aquí?”. Respuesta “¿Para qué moño te voy a llamar?, para que me hagas caso, toda vez que llevas 26 minutos atendiendo al móvil ante mi cara de pasmarote incrédulo… “. Pasmarote, pasmado, lelo, alelado, atolondrado, estupefacto, integralmente impactado y dado de bruces contra la dura realidad. Así quedó mi interlocutor. He de confesar que se disculpó con total sinceridad.

Aceptado que he las excusas de mi amigo, conviene ahora universalizar la extrapolación de este triste acontecimiento: o entendemos que el móvil nunca es prioritario respecto de las personas, o seguiremos haciendo el ridículo al interrumpir continuamente la conversación, para iniciar otra a través del teléfono. Por lo común, los más llamados son los que más llaman, por tanto, si aquietas un poco la dependencia de tu personal aparato electrónico, seguramente recibirás menos llamadas y podrás dedicar más tiempo a la ”alabanza Divina y al amor fraterno”, por cierto, únicas finalidades de nuestra breve estancia en este mundo.

Parece, sin embargo, que la finalidad existencial de algunos consiste en contestar al móvil, dándose con frecuencia la circunstancia, entre nuestros jóvenes y no tan jóvenes, de largas horas de incomunicación con los presentes a base de exceso comunicativo con los ausentes. El absurdo ridículo está servido en bandeja de plata, o mejor en un teléfono móvil carísimo.

Datum Acci, anno duomilésimo decimo quinto, ex Nativitate Dómine. Dicho sea con toda educación.

Manuel Amezcua

Párroco de Nuestra Señora de Gracia y Fátima, en Guadix. Canónigo y Director del Secretariado de Familia y Vida.

Este artículo ha sido publicado en el semanario Wadi-as de Guadix y comarca

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