El factor de riesgo cristiano.

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Yo Guadix, creo que esta es una fecha “beborable”, más aún, “beborabilísima” por tres razones concretas, a la que corre el peligro de sumarse una cuarta.

Yo Guadix soy uno de los pocos curas nacido en el siglo XX que ha podido celebrar la Eucaristía, durante todos los días de su vida sacerdotal, sin ningún riesgo y con la natural y debida libertad. Naturalmente, tanto por parte de las persecuciones islamistas, como por las comunistas y nazis, ya sea en Europa o en África y Asia, por no hablar de las inmensas dificultades de los regímenes de la extrema izquierda y la extrema derecha en América latina, las persecuciones a los cristianos son un hecho incontrovertible, cuya lista de mártires abarca todo el espectro social y político.

Unos ejemplos, por ejemplo: El Beato Popieluszko martirizado a manos de los comunistas polacos o el Beato Oscar Romero, martirizado por la extrema derecha de El Salvador; las trescientas niñas de el colegio cristiano de África que aun no han aparecido y que ya, aunque aparecieran, no podrían volver a su vida anterior a causa de la marca deshonrosa que una violación supone para la mujer africana.

Otro ejemplo: la Iglesia Copta de Egipto, a pesar de ser una de las más antiguas de la cristiandad, y suponer un 10% de la población de este país, arrastra una soberana historia martirial que arranca desde los tiempos de San Antonio Abad en el siglo IV hasta la fecha. Es tremendo como allí los cristianos se dedican a vivir entre la basura y a ser los que, por naturaleza social, recogen los detritus de la ciudad de El Cairo, que no dispone de servicios de limpieza estables, a pesar de ser el segundo enclave cívico del mundo, después de México capital. El que subscribe conoce por experiencia cómo el patriarcado y la catedral han de estar salvaguardados por tanquetas del ejército egipcio, para intentar impedir atentados contra el culto copto. Así también todo el barrio cristiano antiguo con sus magníficas y antiquísimas basílicas. Con razón, los monasterios del desierto, algunos con 1700 años de antigüedad, que se dice pronto, están todos amurallados y a alguno de ellos hay que acceder por medio de muy rudimentarios ascensores manuales, prueba evidente de las dificultades respecto del entorno islamista.

Ser cristiano en muchas regiones del planeta, desde el sur de la India al norte de África, pasando por el Este de Europa, para llegar al sur de América, es un factor de riesgo importante.

Asia Bibi, espera en su pequeña celda incomunicada desde hace siete años la solución de los recursos que sus abogados musulmanes interponen ante el tribunal supremo de Pakistán, para que le sea conmutada la pena de muerte por irreverencia al Corán. Su delito consiste en haber bebido del mismo baso de las mujeres musulmanas en el brocal de una fuente pública. Su marido y sus hijos no pueden visitarla nada más que una vez al mes y se ha convertido en un símbolo de la libertad religiosa por su condición de cristiana enterrada en vida a causa de su fe. Por cierto, han asesinado a sus abogados defensores por el sólo hecho de mantener su inocencia.

También China se suma a la lista de países perseguidores del cristianismo, en especial de la Iglesia Católica. Sabido es que Mao decretó la erección de una iglesia patriótica china, desgajada de la unidad con el Papa y con nombramiento de obispos propios por parte del Comité Central del Partido Comunista. Son seis los obispos fieles a Roma que permanecen en cárceles o en campos de reeducación, parejos a los que el comunismo chino ha decretado encerrar ahora a intelectuales y artistas que no le son afines. Curiosamente, mientras el encarcelamiento reciente de los artistas sí ha tenido repercusión mediática, el antiquísimo arresto de los eclesiásticos parece no importarle a nadie.

Las sociedades libres en el mundo son muy pocas y tenemos la fortuna de vivir en un país aconfesional y laico, pero no laicista, cuya constitución garantiza la libertad religiosa y el ejercicio libérrimo de este básico derecho fundamental de todos los seres humanos. Aquí también hay tensiones a la hora de interpretar el hecho religioso que dimanan de ideologías políticas radicalizadas, pero, de suyo, la libertad religiosa está garantizada, sobre todo para asistir a los más necesitados, a los que la Iglesia puede servir con alegría. No tanto para la enseñanza religiosa a la que continuamente, tanto por parte del PSOE como del PP, se le ponen incesantes trabas, como si un puesto religioso escolar de la Iglesia no nos saliera infinitamente más barato que uno estatal o como si el derecho de los padres a la educación religiosa de los hijos, fuera más un privilegio que un simple y sencillo derecho.

Silenciar la persecución de los cristianos en el mundo, es un modo de ser cómplice de la misma.

Manuel Amezcua

Párroco de Nuestra Señora de Gracia y Fátima, en Guadix. Canónigo y Director del Secretariado de Familia y Vida.

Este artículo ha sido publicado en el semanario Wadi-as de Guadix y comarca

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