La joya tiene joyero

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Yo, Guadix, he escuchado de labios del Sr. Obispo, el pasado sábado, una feliz comparación en virtud de la cual asevera: “La joya es siempre más importante que el joyero, pero el joyero nos ayuda a contemplar la joya con toda su dignidad”. Ciertamente, el camarín de la Santísima Virgen de las Angustias ha sido completamente remozado y renovado, con la construcción de una regia escalinata marmolea y de una emblemática arquitectura, llena de elementos de sostén en columnas y semi columnas y de arquitrabes con cornisas, frisos y todos los componentes clásicos de un orden repleto de preciosismo. Los materiales pétreos han sido bellamente labrados por Mármoles López y Navarro y ensamblados de manera admirable por la empresa de Antonio Morillas Mesa, cuya impagable labor en la Catedral y en muchísimas otras iglesias, además de en nuestro Archivo y Biblioteca Diocesanos es tanto más impagable cuanto mejor es la dedicación y el afecto con que Antonio las realiza, en conjunción con su equipo de familiares-colaboradores. Contar con Antonio Morillas es un seguro de eficacia y de plena confianza en un resultado siempre feliz.

Con todo, es cierto que el camarín de la Virgen de las Angustias es sólo un joyero que alberga la gema más preciosa de la ciudad. Se trata de un lugar donde confluyen las súplicas y la gratitud continua de Guadix. Ya sea en el interior del templo, también felizmente renovado en su decoración y en las tonalidades de sus paredes, ya sea desde las ventanas en las que Guadix habla con la Virgen como los novios antiguos con las novias pretéritas, aquí se toma conciencia de que los accitanos no estamos huérfanos y aquí la madre escucha nuestras cuitas y nuestras esperanzas. ¿Quién podía contar la cantidad y calidad de problemas por solucionar o ya solucionados, de todas las familias y personas de nuestra ciudad? A la Virgen subimos para, como dice la copla, pedirle que se asome a la reja de nuestras vidas, porque hay que decirle un recaito a la oreja, bien de gratitud esperanzada, o de desesperación terrible ante los golpes de la vida.

A este propósito tengo una reciente anécdota entrañable de una persona amiga, que me honra con algunas confidencias. Me cuenta cómo su padre ya anciano y achacoso hasta el límite de la movilidad, sube por la mañana y por la tarde a la puerta de la Virgen de las Angustias, mira un poco por la reja y se vuelve a marchar. Un día le acompañan su hija y su nieta, sabiendo de su continua costumbre. Curiosamente, las dos mujeres advierten que el abuelo no entra en el templo de la Patrona, tan sólo se queda en la puerta. Le invitan a entrar, pero él contesta: “No pasa ná…, no te apures, la Virgen ya sabe que yo estoy aquí”. La respuesta, aunque no lo parezca, es de una fe inquebrantable y de una confianza completa y total en lo que María representa en la vida de este abuelo. No necesita entrar, no necesita apenas pedir ni dar gracias, no necesita nada que no sea la certeza conocedora de que “La Virgen sabe que estoy aquí”. Recuerda la parábola de Cristo del fariseo y el publicano: el uno se siente orgulloso de sí mismo y el otro, no pide sino confiada misericordia.

¡Si se pudieran contar las cosas que han  oído y los sentimientos de los que han sido testigos las rejas de las ventanas de esta” novia de Guadix” que es nuestra Madre de las Angustias!

Pues bien, desde ahora, por arte y parte de la nueva Junta de Gobierno de su Archicofradía y del juvenil impulso de Don Valeriano Plaza, el joven Rector del santuario, la joya se engasta en un adecuado joyel y la Virgen tiene regio aposento, tanto en el templo de su nombre como en el corazón de cada uno de sus hijos.

Para el futuro, cabe esperar los mejores preparativos, porque en el 2023 se cumplirá un siglo de la coronación canónica de la Virgen: ya que don Antonio Francisco Gabarrón Torrecillas nos ha ilustrado con un precioso volumen de la historia de la devoción accitana a la Patrona, esperamos que otras iniciativas fecunden nuestras ilusiones para que el su templo sea declarado Basílica y las fiestas del Centenario estén a la altura que corresponde: un Jubileo.

Manuel Amezcua

Párroco de Nuestra Señora de Gracia y Fátima, en Guadix. Canónigo y Director del Secretariado de Familia y Vida.

Este artículo ha sido publicado en el semanario Wadi-as de Guadix y comarca

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