El 9 de noviembre

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Yo Guadix, creo que esta es una fecha “beborable”, más aún, “beborabilísima” por tres razones concretas, a la que corre el peligro de sumarse una cuarta.

Es este el día en que le mandaba un ramito de violetas, aquel ignoto admirador que resultaba ser marido romántico aunque un poco pavo, a aquella señora, que por no saber, no era capaz de conocer ni siquiera quién la quería. Todo un caso de intrínseca pavera matrimonial…

Hoy tuvo lugar la noche de los cristales rotos en la Alemania hiper-radicalizada contra el judaísmo. El puro racismo duro dicen que era cosa de una minoría, pero yo me pregunto qué hizo la fanatizada mayoría para impedir que cientos de miles de establecimientos hebreos fueran saqueados e incendiados y que su dueños legítimos, tan alemanes como el que más, fueran matados de hambre y torturas y gaseados en los campos de exterminio. ¡Ojo! El fanatismo político, religioso e incluso deportivo, es perfectamente contagioso y se convierte en la peste del alma capaz de provocar epidemias terribles.

También, en el centro de Europa, germánico solar de tantas cosas buenas y terribles, hoy vino en derrumbarse, pues no cayó por sí solo, el muro de la vergüenza: la firmeza de Ronald Reagan y el influjo inteligente de San Juan Pablo II provocaron la desaparición de las dictaduras comunistas del centro y este de Europa. Una rueda de prensa mal organizada, determinó la avalancha de los berlineses oprimidos por el socialismo real, cuyo muro no estaba construido para protegerlos de la decadencia capitalista, sino para impedirles huir de una miseria escandalosa. Por cierto, las izquierdas democráticas europeas aún no han pedido perdón por apoyar las vergüenzas estalinistas y sus derivadas prolongaciones durante cuarenta años.

A cuenta de estas tres efemérides, cuando esta humilde colaboración se escribe, es todavía 9 de noviembre y no sabemos qué ocurrirá esta tarde en el parlamento catalán: ¿habrá en Barcelona una noche de cristales rotos? Estoy seguro que no, pues de otro modo habría que admitir que en un proceso masivo de radicalización, don Arturo Mas, o menos, habría llegado a fanatizar a sus seguidores en contra de los hebreos-españoles. Es curioso que él desee una tierra prometida, pero expulsando a los egipcios de su propio territorio. Aún no sabemos si a los catalano-españoles les tocará ser hebreos o egipcios. En todo caso, don Arturo Mas no pasa de ser un Moisés menos, o mejor, una plaga más.

También se ignora en esta mañana de lunes 9 de noviembre si habremos de celebrar la caída del muro de Berlín, con la primera piedra de otro muro de Barcelona. Se necesita ser intrínsecamente idiotas para favorecer la creación de fronteras en un mundo llamado a extinguirlas. Los nacionalistas son unos carcamales obsoletamente anticuados y están más vistos que la práctica urinaria común, en ausencia de retenciones prostáticas. Ello no es óbice para que más de uno estemos hasta la próstata de tanto independentismo de salón, más que decimonónico, dieciochesco. Lo de “Mas” es lo de “menos”. Aquí lo más importante es saber cuánto dinero se lleva el clan nacionalista que pretende envolverse en la estellada para no devolver lo sustraído. Pronto les informaremos cómo ha salido este nuevo 9 de noviembre y si el matrimonio hispano-catalán es tan certeramente pavo como el de las famosas violetas anónimas, “como siempre sin tarjeta”.

Manuel Amezcua

Párroco de Nuestra Señora de Gracia y Fátima, en Guadix. Canónigo y Director del Secretariado de Familia y Vida.

Este artículo ha sido publicado en el semanario Wadi-as de Guadix y comarca

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