La belleza pone al hombre de rodillas

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El arte cristiano, y más concretamente el arte sacro, es un lugar “sobrenatural” que interroga a la razón desde la emoción que produce la belleza. Por eso Benedicto XVI afirmaba que la verdadera apología del cristianismo, la demostración más convincente de su verdad contra todo lo que lo niega, la constituyen, por un lado, los santos, y por otro la belleza que la fe ha generado. La belleza nos faculta para descubrir lo sobrenatural en lo empírico, haciendo posible la comunión con el Misterio Divino. San Agustín corrobora con su experiencia esta afirmación: ¡Cómo lloré con tus himnos y canticos, profundamente conmovido por las voces de tu iglesia, cantando suavemente! Las voces penetraban en mi oído y con su corriente iba goteando la verdad de mi corazón. Se despertó el sentimiento de Dios, se me caían las lágrimas y me sentía plenamente feliz. (Confesiones IX,6,14)

La belleza artística, incluso la que no tiene un contenido religioso, puede llevar al embelesamiento y, desde ahí, siempre puede darse el paso a la oración, al amor a Dios, a la adoración; porque la belleza, si es verdadera, “pone al hombre de rodillas”. Por eso, en los caminos de la nueva evangelización a la que estamos llamados, “tenemos que conducirnos a nosotros mismos y guiar a las personas con las que nos encontramos a entrar en contacto con lo bello”.

Antonio Fajardo

Párroco de San Miguel, en Guadix. Canónigo y Director del Secretariado de Arte Sacro y Patrimonio

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