Beato Joaquín Gisbert Aguilera

Escrito por 

Natural de La Calahorra y  Cura Párroco de Doña María (Almería)

Nació en La Calahorra,  el 14 de abril de 1903, donde fue bautizado al día siguiente. El 24 de mayo de 1926 fue ordenado sacerdote en Guadix. Fue asesinado el 13 de septiembre de 1936 en el Pozo de Cantavieja, del municipio de Tahal, provincia de Almería.

La localidad de Doña María, aunque en la actualidad es provincia y Diócesis de Almería, en 1936 pertenecía a la Diócesis de Guadix, igual que la localidad de La Calahorra, donde nació el Siervo de Dios. Por ello hizo sus estudios eclesiásticos en el seminario de Guadix, donde recibió el presbiterado –con dispensa de edad- el 24 de mayo de 1926.

Su único cargo pastoral fue el de párroco de Doña María.

De su vida sacerdotal hablan cinco testigos que comparecen en el proceso de beatificación.

"Familia de cinco hijos, cristianos viejos y de condición social humilde". Por ello trabajaba en el campo ayudando a su padre en sus vacaciones de seminarista. Se conservan manuscritos de su época de seminario que muestran su preocupación por formarse sacerdote.

De él dice otro testigo, sacerdote también de Guadix, que

"era un sacerdote con vida y fama de santo"... dechado de todas las virtudes cristianas y sacerdotales... los seminaristas lo veíamos y nos edificaba por su sencillez, humildad y afabilidad."

Prisión, martirio y fama de martirio

Cuando comienza la persecución religiosa

"su padre le sirvió de tentación. Llevado del amor a su hijo y viendo el cariz que iban tomando las cosas le dijo: «Joaquín, quítate la sotana, sal a la plaza y diles: soy comunista como vosotros». Él bajando la cabeza respondió: «Padre, yo no puedo hacer eso»". Así lo manifiesta en autos una testigo, sobrina del Siervo de Dios95.

De su estancia en la cárcel también hay referencias directas. Su prisión fue el 13 de agosto de 1936 en su propio domicilio. Al acabar de celebrar la misa; de allí lo llevaron a Almería, al convento-prisión de las Adoratrices donde confesó con el P. José Garín, sacerdote, que sobrevivió y contaba después el comportamiento del Siervo de Dios en la prisión.

Mientras estuvo en prisión su familia hizo gestiones para liberarlo:

"Es indudable que en la cárcel se mostraba serio y pacífico. En una ocasión fue visitado por su familia y entre rejas les decía: « ¡Trabajad. No me abandonéis! Jesús en Getsemaní dijo que si era posible, que pasara de Él ese cáliz». Era humano, pero santo y confiado imitador del Señor. Una hermana y su cuñada fueron a hablar con un comisario republicano, o comunista, muy influyente, conocido de ellas porque su esposa tenía una peluquería de señoras. Le ofrecieron una cierta cantidad de dinero por la posible salvación de D. Joaquín. La negociación marchaba bien hasta que preguntó: «¿Qué clase de preso es?». Ellas dijeron la verdad. «Es sacerdote». Y en ese momento dejó la pluma sobre la mesa y dijo: «No hay nada que hacer. Si es cura, nada». Los sacerdotes no tenían salvación, sin distinguir si eran buenos o malos. Murió por ser sacerdote.

Recibió también tortura psicológica. Cuando lo subieron en el camión para trasladarlo a Almería le do uno: «Dame ese reloj porque a ti ya no te va a hacer falta». Y otras muchas cosas."

Esta motivación de su muerte, exclusivamente "por ser sacerdote", también la indican otros testigos:

"Fue una muerte verdaderamente sufrida como discípulo de Cristo, que no podía ser de otra manera, porque era un hombre de Dios, sacerdote auténtico".

"En la prisión vestía un trajecillo pobre y humilde, andaba reservado, hablaba poco, se le veía rezar con frecuencia, se ocupaba de alentar y consolar a otros sacerdotes ancianos, principalmente a uno anciano que estaba casi impedido"; así escribe el Vicario General de Guadix, refiriéndose al Siervo de Dios.

Fue sacado del Cuartel de las Milicias para ser conducido a la muerte según dice el propio Pedro Molina Quesada que fue el que confeccionó la "saca".

Sus restos fueron extraídos del Pozo de Cantavieja en febrero de 19411°1 y fueron inhumados en la capilla del Cristo de las Penas de la iglesia parroquial de La Calahorra.

De la fama de martirio de este Siervo de Dios hablan todos los testigos:

"La fama extendida en todo el pueblo era de que habían martirizado a un santo, haciéndose lenguas todo el pueblo de sus virtudes, de su martirio...".