Beato Antonio Torres García

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 Natural de Caniles y Párroco de Santiago de Guadix

El Beato Antonio Torres nació el 24 de abril de 1890 en Caniles (Granada) y bautizado en dicha localidad el día 27 siguiente.

Estudió en el colegio español de Roma hasta el año 1915; allí obtuvo los grados de doctor en Filosofía y en Teología. En Roma, también, el 14 de marzo de 1915 fue ordenado sacerdote.

Sobre su vida sacerdotal hay un testimonio del hoy Venerable Antonio Amundaraín, fundador de la Alianza en Jesús por María; dice de él:

"fue martirizado cruelmente, en Caniles, en defensa de su celibato y castidad sacerdotal, virtud que sus verdugos trataron de arrebatarle y que le mereció la gloria de ser mártir de la pureza".

Otros dos testigos dicen de él que era "un sacerdote virtuosísimo, de vida espiritual intensa que transmitía a los demás". Quien así habla –hoy sacerdote- fue su alumno en el seminario; y añade:

"Como párroco gozaba de un gran prestigio. Fue encargado de la Alianza, cuyos miembros hablaban de él con gran veneración".

El otro testigo –también sacerdote que conoció siendo seminarista al Siervo de Dios- dice de él:

"Sacerdote serio y formal supo mantenerse muy en su lugar en los años difíciles del 31 al 36, en medio de la hostilidad y ambiente provocativo que se vivía en aquellos años”.

 

Prisión, martirio y fama de martirio

Además del testimonio del Venerable Antonio Amundarain referido más arriba, los testigos dicen que

"fue detenido en Guadix y conducido a su pueblo, Caniles, donde al fin le dejaron marchar a su casa. En varias ocasiones le pidieron dinero, y lo dio, con la promesa de que no le pasaría nada. Pero no sirvieron las promesas... y el día 30 de agosto de 1936 le sacaron de casa con el pretexto... de hacer una declaración. La realidad es que le metieron en una camioneta con otros seis presos, los llevaron a los Llanos de Hijate, próximos al polvorín de Serón (Almería), donde, ya en tierra y puestos en fila, les registraron y al encontrar un rosario a D. Antonio, uno de los milicianos, apodado "el Moreno", le mostró el crucifijo del rosario y le preguntó: «Y esto ¿qué es?». «La imagen de Cristo, respondió D. Antonio, en Él confío y espero». El Moreno dijo entonces: «Pues ahora, ni Cristo te vale», disparando sobre él y seguidamente sobre los demás hasta rematarles. Los rociaron con gasolina, les prendieron fuego y los enterraron después bajo una capa de cal viva".

Los móviles que tienen los verdugos aparecen en esa sencilla narración.

Cuando acabó la persecución religiosa exhumaron los cadáveres y encontraron los esqueletos de los seis que murieron con el Siervo de Dios, pero el cadáver del Siervo de Dios se mantenía de este modo: la cabeza y las piernas estaban desnudas de carne, pero el tronco estaba entero y las costillas, ennegrecidas por el fuego. Así se describe en el acta de enterramiento inscrita en el archivo parroquial de Caniles, Diócesis de Guadix, el 15 de julio de 1939. A Caniles fueron trasladados sus restos en esa fecha, inhumándose sus restos y los de sus compañeros de martirio. Los restos del Siervo de Dios, reconocidos, fueron colocados en un ataúd con sus iniciales, entenados en el cementerio parroquial.

Los dos testigos hablan expresamente de la fama de martirio del Siervo de Dios y dicen que es considerado como mártir de la fe.