Beato Antonio Sierra Leyva

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Beneficiado de la Catedral de Guadix

Nació en Churriana de la Vega (Granada) el 22 de noviembre de 1876 y fue bautizado el 24 siguiente en la parroquia de la misma localidad.

A los 17 años, tras recibir el Bachillerato en artes en el Instituto de Granada a donde habían trasladado su residencia sus padres, firma una solicitud dirigida al Sr. Arzobispo de Granada para ingresar en el seminario. Los estudios eclesiásticos los realiza entre 1894 y 1901. El día 28 de marzo de 1901 recibe el Presbiterado.

Siendo aún seminarista, en mayo de 1897, fue nombrado Acólito y Sacristán de la Catedral metropolitana de Granada. En 1904 obtuvo la licenciatura en Derecho canónico.

Desde que fue ordenado sacerdote obtuvo diversos beneficios en la capilla real de la Catedral de Granada y el 25 de agosto de 1911 fue nombrado párroco de Ogíjares hasta el 14 de julio de 1914, fecha en que pasa como Beneficiado-Sochantre de la Catedral de Guadix.

En la Catedral de Guadix, desde 1918, coincide con D. Federico Salvador Ramón, que había llegado allí como canónigo en febrero de dicho año. D. Federico en 1901 había fundado una pía unión que el 7 de julio de 1930 fue elevada al rango de Congregación religiosa de Derecho Diocesano y el 1 de mayo obtuvo el Decretum Laudis: "Esclavas de la Inmaculada Niña (Divina Infantita): E.I.N.".

Por este motivo D. Federico Salvador, para dedicarse íntegramente a esta obra suya, el 1 de marzo de 1926 renunció a su canonjía y en el mismo mes y por la misma razón también renunció a su beneficio de sochantre el Siervo de Dios. El día 31 de marzo de 1926 el obispo de Guadix firmó la aceptación de la renuncia al beneficio del Siervo de Dios.

El Siervo de Dios desde entonces también se dedica íntegramente a la citada Congregación religiosa hasta el punto de que se ponen las bases para la fundación de la rama masculina. El propio Siervo de Dios hizo su profesión "privada" de votos perpetuos el 18 de julio de 1933 y el mismo día del año 1934 profesó como esclavo, por un año, D. Sebastián Carrasco Jiménez. Con la muerte del Siervo de Dios en 1936, no se continuó el intento de fundación de esta rama masculina. Pero el Siervo de Dios desde la renuncia a su beneficio, en 1926, dedicó el resto de su vida a la atención de esta Congregación. En 1936 el Siervo de Dios es capellán de la Comunidad de la Divina Infantita en la casa que la Congregación tiene fundada en Intinción (Almería).

Prisión, martirio y fama de martirio

El día 22 de julio de 1936 expulsaron de su casa a las religiosas y al sacerdote que vivía en el mismo convento, el cual  fue autorizado por el Comité revolucionario a vivir en la casa de D. Gaspar Ros Pastor, según manifiesta el hijo de éste que comparece como testigo.

Las memorias que se conservan en el Archivo general de las Esclavas de la Divina Infantita cuentan con todo detalle como este sacerdote dos o tres días antes de este 22 de julio fue a la parroquia por la noche con el pretexto de recoger un libro y consumió el Santísimo Sacramento.

Igualmente el mismo 22 de julio cuando iban a ser expulsados del convento:

"En nuestra capilla de la Divina Infantita había un copón con siete formas el día 22; pero apenas dieron orden a las cinco de la mañana de que desalojáramos la casa, lo primero que hicimos fue bajar a comulgar por el coro; el P. Antonio (el Siervo de Dios) se puso el roquete y la estola, encendió las velas y nos dio la Sagrada Comunión, teniendo que partir pues no alcanzaba con siete a tantas. No se olvidó de subir la Comunión a la M. Fe que estaba grave con apendicitis; después consumió él la última partícula y purificó los vasos sagrados".

Antes de terminar el mes de agosto de 1936  lo llevaron detenido, junto con el beato Andrés Molina Muñoz a una casa en ruinas.

Por los escritos conservados en el Archivo de las Esclavas de la Divina Infantita se pueden reconstruir aquellos días finales de su vida. El día 1 de septiembre de 1936 llevan "al viejo" (nombre que daban los milicianos a este sacerdote para distinguirlo del b. Andrés Molina, de 27 años) al Comité con la amenaza de cortarle el cuello si no les daba 1.000 pesetas. Como no las tenía escribió una carta a una familia conocida para que en su nombre las pagaran.

En aquellos días las religiosas gestionaron para que ambos beatos (Antonio Sierra y Andrés Molina) pudieran ser llevados a otro pueblo pero el Comité no les concedió pasaporte. El propio Antonio Sierra escribía en estos días a la Superiora:

"No tema usted, que no soy digno de la gracia del martirio; pero si Dios acepta mi vida se la ofrezco por los pecadores de Instinción".

Unos días después, el 11 de septiembre, llevan de nuevo al Comité en esta ocasión a ambos. Les proponen que quedarán completamente libres si se casan. Uno y otro sacerdote se mantienen firmes en su vocación sacerdotal; y los devuelven a la prisión, casa en ruinas, en que tenían custodiados a ambos.

De estos días de prisión durante el mes de agosto se conservan algunas cartas de d. Antonio a las religiosas de la Divina Infantita en las que se aprecia el talante y humor con que acepta el Siervo de Dios aquellas circunstancias. En una de estas cartas (22-VIII-36) da cuenta de la debilidad de su compañero de prisión, Andrés Molina, al que ha visitado D. Luis y le ha recetado para su alimentación Paidos y Maizena.

En otra carta, el día 8 de septiembre, fiesta de la Natividad de la Virgen y por ello uno de los días de más celebración para las Religiosas de la Divina Infantita les escribe:

"Alegrémonos en el Señor, no sólo con alegría resignada, sino con alegría esperanzada".

Y el mismo día les escribe comentándoles alborozado las frases del himno de la Congregación.

Pocos días después el 14 de septiembre les vuelve a escribir comentando las fiestas marianas de ese mes. Concluye la carta: "Que pasen la noche tranquila desea Antonio Sierra Leyva". Esa noche, del 14 al 15 de septiembre de 1936, precisamente fue cuando lo llevaron a la muerte.

En la ejecución interviene Diego Márquez Rodríguez, "El Cojo", con otro miliciano, Francisco Fresneda Fernández; lo conducen a la Venta Pavón en la carretera de Alicún. Después de fusilarlo toman gasolina de una camioneta que pasaba y rociaron el cadáver y lo quemaron antes de enterrarlo allí mismo" .

Cuando concluyó la guerra, en 1939, las religiosas de la Divina Infantita Consuelo Bermúdez y María del Mar Ruiz reconocieron el cadáver con ocho impactos de bala y trasladaron sus restos al cementerio de Instinción, donde fue enterrado en el cementerio de la Congregación de Esclavas de la Divina Infantita.

Los testigos insisten en el motivo de su muerte: "porque era sacerdote”, recordando también la fama de mártir del Siervo de Dios.