Oficina de Comunicación

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HOMILÍA EN LA MISA CRISMAL
MARTES SANTO

Guadix, 11 de abril de 2017

Convocados por el Señor, nos reunimos esta mañana, en asamblea litúrgica. La Eucaristía es la manifestación más plena de la Iglesia, y la Misa Crismal, el momento en que esta realidad se hace especialmente visible. El Obispo rodeado por su presbiterio, con la participación del entero Pueblo de Dios –manifestado en las distintas vocaciones y estado de vida cristiana- hacen presente a la Iglesia, que ofrece al Padre el sacrificio de su Hijo, Jesucristo, como alabanza a su gloria y salvación para todos los hombres.

HOMILÍA EN EL DOMINGO DE RAMOS
EN LA PASIÓN DEL SEÑOR

Guadix, 9 de abril de 2017

Como la multitud en Jerusalén, hoy también nosotros acompañamos a Cristo en su camino hacia la cruz. Jesús entra en Jerusalén; como los profetas, viene a realizar en la Ciudad Santa su anuncio definitivo, el que ha quedado sellado con la entrega de la propia vida. Viene a mostrar el verdadero rostro de Dios.

La entrada en Jerusalén es el comienzo de la revelación definitiva del Dios que Jesús ha mostrado en su palabra y en sus signos durante los últimos tres intensos años. La gente ahora lo aclama, pero no lo entiende. Su imagen de Dios no es la de Jesús. Lo aclaman como rey, pero Él entra humilde sobre una borrica. Viene a llevar a plenitud su misión, a dar cumplimiento a las Escrituras santas.

La Misa Crismal se celebra el Martes Santo, a las 12 de la mañana, en la catedral accitana. Una celebración muy especial a la que estamos invitados todos

 Este martes 10 de abril, martes santo, la catedral accitana acoge la celebración de la Misa Crismal. Será a las 12 de la mañana, concelebrarán todos los sacerdotes de la diócesis y estará presidida por el Obispo, Mons. Ginés García. Se trata de una celebración singular, a la que pueden asistir los fieles que quieran. De hecho, vendrán de diferentes pueblos de la diócesis a participar en una Misa de la que saldrá una procesión de óleos desde la catedral hasta las parroquias, para la administración de los Sacramentos.

Las Hermandades y Cofradías de la diócesis de Guadix relacionadas con la Semana Santa viven los días más esperados del año. Llevan ya semanas preparando los pasos, las imágenes, el desfile procesional, los cultos a los titulares de la hermandad,… Y en estos días de Semana Santa, todos esos preparativos culminan con los cultos y las procesiones, que llenan de colores y olores nuestras calles y, sobre todo, de emociones y fe los corazones. Son días intensos para los cristianos: para todos, porque celebramos el misterio de nuestra salvación, la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor; y para los cofrades, porque por fin pueden expresar todo lo vivido y esperado  durante el año.

El sacerdote accitano Pablo Rodríguez cantos, párroco de Darro y Diezma, ha realizado un Viacrucis diferente, que ofrece a todos los que lo quieran utilizar en Semana Santa y en Cuaresma. Se trata de un Viacrucis Poético, con sonetos que nos ayudan a interiorizar y a expresar las diferentes estaciones del Viacrucis con la fuerza de la poesía. Ofrecemos aquí este Viacrucis. Se puede descargar en pdf aquí y en Word aquí.


VIACRUCIS

poético

Pablo Rodríguez Cantos

Παυλος δέσμιος Χριστοῦ Ιησοῦ

Darro (Granada)

2017

(El autor de este documento permite la distribución y reproducción fiel del mismo total o parcialmente.  Si desea contactar con él acerca de esta obra puede hacerlo mediante el correo electrónico prcantos@gmail.com .)

A Serafín Béjar Bacas

por sus clases de Cristología

HAIKU

¿Rojo de muerte?

Para mí el Viernes Santo

siempre fue verde...

PRIMERA ESTACIÓN

Jesús en el huerto de los olivos

Todo ángel es terrible

(Rainer Maria Rilke, Elegías de Duino)

En un jardín herido por el rayo,

bañado en la luz negra de la luna

duerme en sudor en hora inoportuna

un leño verde aún sin flor de Mayo.

Sueña una pesadilla de aceituna

que amenaza quebrar su tierno tallo

y furiosas tormentas a caballo

le atacan sin cesar una por una.

Gritan las piedras, las alturas callan.

¡Qué amargos los silencios contenidos

en cáliz de cicutas celestiales!

Y qué terrible el ángel donde estallan,

blandiendo un incensario de alaridos,

en el pulso del templo los cristales.

Este primer soneto es como un prólogo al ciclo y condensa momentos de todo el relato evangélico de la Pasión (ya en el huerto se anuncian el templo destruido y el velo rasgado).  Presenta además los personajes principales que intervendrán: las tormentas, los caballos, el reino vegetal y el color verde (presente ya desde el haiku inicial).  Jesús va vislumbrando ya que su vida está a punto de ser interrumpida como condición de posibilidad para la culminación de su obra, y esa irrupción de plenitud le aterra (de ahí la mención en el último terceto y en el epígrafe de un ángel más rilkeano que confortador).  Se inaugura también una de las temáticas del conjunto: la contemplación de la muerte de Jesús desde el mundo clásico grecorromano, en este caso con la referencia al sucidio de Sócrates.

SEGUNDA ESTACIÓN

Jesús, traicionado por Judas, es arrestado

Mira que nos acechan todavía

(Federico García Lorca, Sonetos del amor oscuro)

Galopan por el pecho del camino

treinta besos en flor y plata vieja.

Buscan un cuerpo amigo que refleja

ignoto pan e insospechado vino.

¡Oh funesto, oh trágico destino!

¡Oh vuelo aciago asaz de la corneja!

El cordero mordido por la oveja

y la sierpe abrazada al alto pino.

Un rubor afilado de manzana

ha perforado el bronce en los cuchillos

con caníbal acierto en la diana.

Y la hiedra creció por los tobillos

de una estatua sin sal y sin mañana,

forma resuelta en un temblor de grillos.

La Pasión de Jesús se parece a una tragedia (el hombre a merced de fuerzas sobrehumanas), pero en una lectura creyente es en realidad un drama (el hombre en pugna con otros hombres); drama además que culmina en apoteosis.  Pero esto sólo se percibe tras la experiencia de la Resurrección.  Mientras tanto este soneto contiene algo parecido al coro de la tragedia griega en el segundo cuarteto, rodeado por un paisaje lleno de espanto y presagios fatales ante la traición del amigo.

TERCERA ESTACIÓN

Jesús es condenado por el Sanedrín

Por desplumar arcángeles glaciales

(Miguel Hernández, El rayo que no cesa)

¿Vienes a molestarnos, desdichado?

Válgannos las palabras del testigo.

Pretendes construir, vil enemigo,

sobre nuestro montaje derribado.

Donde se dijo “dice” dices “digo”.

¿Quién te autoriza, di; quién te ha enviado?

¿Quién eres, que ahora callas, tan osado?

Deudor de muerte y reo de castigo.

Por incendiar el mundo en viva llama

y alcanzarnos relámpagos astrales

furia de cielo contra ti acomete.

Furia de cielo y pueblo que reclama

su colación de verdes pedernales.

¡Maldito hasta setenta veces siete!

En los cuartetos figuran las dos acusaciones que el tribunal sacerdotal judío hace a Jesús: la destrucción del templo (es decir, la desarticulación de un orden religioso pervertido) y la declaración de sí mismo como el Cristo (es decir, su prentensión teologal); temas que reaparecen muchos siglos después en el relato de Dostoyevski El gran inquisidor (dentro de su novela Los hermanos Karamázov), al cual se alude en los cuartetos.  La doble acusación desemboca en las dos preguntas clave sobre la identidad de Jesús y su relación con Dios: ¿quién eres tú? y ¿quién es tu Dios?  Preguntas que reciben una respuesta errada con la referencia a Prometeo: confunden el ministerio de Jesús con el asalto humanista a la morada de los dioses, con el consiguiente castigo divino.  Se menciona también ese "tercer juicio" que el pueblo hace sobre Jesús cuando acaban abandonándolo después de una primera etapa de entusiasmo y seguimiento masivo, para tomar parte por una religión en el fondo más cómoda y satisfactoria que la innovadora alternativa evangélica.

CUARTA ESTACIÓN

Jesús es negado por Pedro

La blanca Filomena,

casi como dolida,

y a compasión movida,

dulcemente responde al son lloroso

(Garcilaso, Égloga primera)

Medianoche de grillos y de vela

por el hogar de los desconocidos;

acento delator, dichos fingidos

y un corazón oculto que riela.

“Es de los suyos”, llega a sus oídos.

“No lo conozco”, gime con cautela.

La luna, vibración de fina espuela,

crestas y valles surca adormecidos.

Tres trompetas de luz rasgan la tela,

relinchan los caballos ateridos

y rompen el espejo de los ecos.

Y en vez del dulce son de Filomela

relumbra por los montes encendidos

un grave llanto de cordeles secos.

Este soneto intenta describir la agitación y el miedo interior de Pedro pintando su reflejo en el paisaje exterior.  Su ambiente nocturno estalla súbitamente con las sinestesias referidas al amanecer y al canto del gallo en el primer terceto; el segundo recoge, condensados, tanto el llanto de Pedro como el suicidio de Judas.

QUINTA ESTACIÓN

Jesús es condenado a muerte por Pilato

La que contengo es poca para el gran cometido

de sangre que quisiera perder por las heridas

(Miguel Hernández, El hombre acecha)

Puedo escribir hexámetros pujantes

o fúnebres lamentos y elegías;

componer y danzar mis sinfonías

en lujurias de vino y de bacantes.

Mis entrañas, arúspices vibrantes,

calculan en virtud de astronomías

el devenir futuro de los días

con precisión de expertos navegantes.

Puedo alargar o interrumpir tu vida

-tanto me da: me aburre tu atestado-

pero no sanará mi atroz herida.

Todo lo puedo y nada he culminado,

mas tú verás tu obra concluida.

¡Vete de mí! ¡Me asustas demasiado!

A Pilato no le interesaban las disputas religiosas de los judíos, por lo que tiene que juzgar a Jesús en términos de lesa majestad, desobediencia civil y alteración del orden público.  Aquí aparece, en cambio, un Pilato poeta, músico y adivino; un diletante todopoderoso, poseedor de todas las potencias y los medios, que sin embargo no llega a culminar nada, y que se asusta ante la acabada humanidad de Jesús.  La opción que toma es la de destruir aquello que le supera y que le revela su propia y tediosa mediocridad.

SEXTA ESTACIÓN

Jesús es flagelado y coronado de espinas

¿Quién apuró su buril

en el prodigio desnudo?

(Gerardo Diego, Via Crucis)

¡Alta columna donde en la mañana

el dolor se concita con la pena!

Las distancias huyeron de la escena

y el eco de los siglos se desgrana.

¡Baja columna rota en la cadena!

Una líquida piel respira y mana.

Su sangre, toda sol y toda humana,

musgo de cielo fósil en la arena.

La siniestra Gorgona se ha cruzado

trocando piedra y hueso carne en ruinas,

medusa vegetal de agudas pieles.

Hombre, si de un Praxíteles tallado,

ahora jardín de rosas asesinas

y Apolo coronado de laureles.

Un poema algo creacionista que evoca la flagelación en los cuartetos, la coronación de espinas en el primer terceto, y las burlas y la escena del ecce homo en el segundo.  Incluye referencias clásicas y mitológicas.

SÉPTIMA ESTACIÓN

Jesús carga con la cruz

Y, tal vez, por la cuesta del camino

sangrando sube y resonando baja

(Miguel Hernández, El rayo que no cesa)

¿Qué pesa más: la sangre o el madero?

Más que la herida duele su motivo.

Y los cuatro, pendientes del olivo,

curvan su rama con su peso fiero.

Es abrupto el camino al matadero

-bien lo sabe el añojo y el cautivo-;

laberinto fatal con hilo esquivo

y minotauros de cortante acero.

El cielo se desploma sobre el mundo

y un árbol se estrelló contra el planeta

en grandes colisiones siderales.

Y un Atlas agotado y errabundo

-de venas va la bóveda repleta-

besó en la piedra huellas animales.

El camino de subida al Calvario aparece aquí bajo las imágenes mitológicas del laberinto del minotauro y del titán Atlas que sostenía la bóveda del cielo sobre sus hombros.

OCTAVA ESTACIÓN

Jesús es ayudado por el Cireneo a llevar la cruz

Un amor hacia todo me atormenta

(Miguel Hernández, El rayo que no cesa)

Centro de colosal algarabía,

pandemonio de lúbricos rapsodas;

ávido de escuchar las voces todas

en una inabarcable sinfonía,

es tanto el resistir que tu energía

se anula.  Anacrusis.  Cuerpo.  Codas

y cadencias.  Plegados a las modas

o forma sin auténtica poesía.

No se puede cubrir todo el camino,

forzado o voluntario sin alguno

que acompañante empuje o que preceda.

Manzanas robarás del cruel destino

mientras hombre y titán van de consuno

portando tu final por la vereda.

La escena evangélica en que Simón de Cirene ayuda a Jesús a llevar la cruz se transforma en este soneto en una reflexión acerca de la tradición como fuente de la creación humana: toda obra creadora del hombre, en particular aquí la poesía, es deudora de la producción que nos legaron nuestros antecesores.  La tradición es, pues, elemento nuclear de la novedad.  Pero el creador se encuentra con el dilema originalidad versus imitación.  Resuena aquí el verso de Antonio Machado y escucho solamente, entre las voces, una (de Campos de Castilla) en pugna con el amor hacia todo del verso hernandiano del epígrafe.  Enanos, en definitiva, a hombros de gigantes...  La última estrofa alude al episodio en que Atlas roba en lugar de Hércules las manzanas del jardín de las Hespérides mientras éste lo releva sosteniendo la bóveda celeste; manzanas del cruel destino que conectan también con la fruta prohibida del relato del Génesis.

NOVENA ESTACIÓN

Jesús consuela a las mujeres de Jerusalén

Canción, la pluma siento ya cansada

del largo y dulce razonar con ella

(Francesco Petrarca, Canción LXXIII)

Entre las tristes musas paso a paso,

junto a un laurel cual ínclito poeta,

bajo tu verde lira, Musageta,

asciendes por la grada hacia el Parnaso.

Fugaz inspiración, latido laso;

arduo trabajo en lar de duro asceta;

punzante estilo, estética obsoleta;

burla de vuelo y rienda sin Pegaso.

Nunca se conoció tal coyuntura:

Calíope quebrada en largos trenos

y Apolo consolando sus clamores.

Soneto: si las nueve en noche oscura

se pierden; si tu estro viene a menos,

pídele a él su vena y sus primores.

Nueva reflexión sobre la poesía auténtica y sus dificultades frente a la vana versificación o la mera proeza técnica (rienda sin Pegaso) a partir de la imagen de Jesús rodeado por las mujeres, escena transfigurada en el tópico de Apolo Musageta.  Aquí, sin embargo, son las musas las que tienen que recibir inspiración de parte del poeta.  Las burlas de que fue objeto Jesús reaparecen en la incomprensión sufrida por el poeta cuando da a conocer sus obras (burla de vuelo).  La autoinvocación final al propio soneto es un recurso tomado del Cancionero de Petrarca.

DÉCIMA ESTACIÓN

Jesús es crucificado

Árbol triunfal y planta victoriosa,

honor de emperadores y poetas

(Francesco Petrarca, Soneto CCLXIII)

Vulnerado por tanto en alta estela
reptil por tres saetas en un tronco,
verde púrpura savia de tu tronco
la tormenta te arranca y te constela.Rayos pliega de muerte y acuartela
abierta el pecho tumba bruno y ronco,
apolíneo garzón, caballo bronco,
que a furia es brida y ostentado estela.La antigua avistarás desde tu alteza
profecía de mármol ya cumplida
en doble ocaso de cristal mojado.Y pisarás la sierpe en su cabeza
cuando renazca Febo por la herida
y torne en un oriente tu costado.

Es éste un soneto gongorino en el que imperan la metáfora y un continuo hipérbaton que retuerce y despedaza la sintaxis, produciendo discordancias virtuales así como varias ambigüedades sintácticas en las funciones de los sustantivos, los adjetivos y los verbos.  La rima está apurada, recurriendo a la polisemia, hasta el extremo de lo trivial, lo absurdo o lo inadmisible.  La imagen mitológica de fondo es la de Apolo sauróctono entendida como tipo de Cristo crucificado y vencedor de la serpiente, según la antigua promesa del Génesis.  También están presentes la escena clásica del Viacrucis tradicional "Jesús despojado de sus vestiduras" (la tormenta arranca de tu tronco savia púrpura) y la petición de perdón para sus verdugos (a furia es brida).

UNDÉCIMA ESTACIÓN

Jesús promete su Reino al buen ladrón

Cuán diferente nos dejáis la historia

(Francisco de Quevedo, Sonetos)

Un doble lamentar de malhechores

escolta injusta pena y penas tales

que al fin si tres sus males son iguales,

divergen sus motivos y valores.

¿Quién es éste que, verde de estertores,

en trance de herrumbrosos manantiales,

va prometiendo auroras boreales

y alientos disemina salvadores?

Uno estalló, galope hacia los truenos;

otro se fue flotando azul arriba;

los tres, helicoidales torbellinos.

Verso que vas: tachado entre los buenos;

verso que vienes: salvo de la criba;

poema en tensoriales desatinos.

Aunque la suerte de Jesús en la cruz es idéntica a la de sus compañeros de suplicio, sus muertes no son equivalentes ni en sus causas ni en sus signficados.  En esta estación se reflexiona sobre el misterio del carácter salvífico de la muerte de Jesús, y la estrecha vinculación de ésta con lo que fue el curso de su vida, su pretensión teologal y su opción fundamental.  Tres muertes iguales con tres desenlaces distintos.  Los tercetos, construidos mediante estructuras paralelas, ensayan con el recurso de la rima interna.

DUODÉCIMA ESTACIÓN

Jesús en la cruz, su madre y el discípulo amado

Eres espejo de tu madre y ella

en ti recobra tiernos sus abriles.

(William Shakespeare, Soneto III)

Árbol de sol y luna en tierra y cielo,

verga y confín de duelo y de esperanza,

hombre y mujer en fuego de templanza

con verde Abril y femenino hielo.

Angustia vertical, tendido anhelo;

mala estrella, siniestra adivinanza;

silencio sepulcral en lontananza

y grito ahogado en el profundo suelo.

Espejo de tu madre y de tu amigo:

nuevos frutos dará la primavera

por la virtud febril de tus humores.

Y otro desnudo tomará el testigo.

Y otro labriego, tras la triple espera,

vendimiará el licor de tus sudores.

Este soneto se inspira en la página ilustrada que se sitúa al comienzo de la sección de las plegarias eucarísticas del misal romano, donde aparece Jesús crucificado uniendo el cielo con la tierra, rodeado por el sol y la luna y por María y Juan, con los ángeles recogiendo la sangre en cálices.  A partir de esta imagen los cuartetos construyen un juego de antítesis que se salva de la terrible decepción gracias al verso de Shakespeare: Thou art thy mother's glass and she in thee / Calls back the lovely April of her prime.  En ese espejo se vislumbra una esperanza y una salida, una vía de escape del aciago y omnipresente fatum pagano que impregna todo el poemario.

DÉCIMOTERCERA ESTACIÓN

Jesús muere en la cruz

Y su sangre ya viene cantando

(Federico García Lorca, Llanto)

¡Oh tirso ortogonal! ¡Vid estaurada!

Dos Ménades consumen tu agonía;

arbóreos brazos, hiedra entrelazada

con una maldición de geometría.

Sucesiones de crueles tempestades

convergen por el límite del pecho,

y fue tu respirar calamidades

epicentro de ocaso y paso estrecho.

Los planetas oxidan sus anillos

derramando su voz por cada herida.

Canta tu sangre a tono de martillos

los últimos alientos de la vida.

La postrera tormenta se desata.

Todas le hieren, la última le mata.

Soneto de estilo inglés (tres serventesios más un pareado final) que en la primera estrofa alude a la muerte de Penteo en Las Bacantes de Eurípides.  La forma geométrica de la cruz (dos elementos ortogonales) introduce un segundo serventesio que involucra el concepto matemático de límite de una sucesión convergente.  La mención del ocaso da entrada en la tercera estrofa (construida mediante un doble quiasmo) a la dimensión cósmica de la muerte de Jesús con el recurso a dos versos de García Lorca: ¡Oh espina clavada en el hueso hasta que se oxiden los planetas! (Poeta en Nueva York) y el mencionado en el epígrafe.  Por último el pareado recoge el proverbio latino Vulnerant omnes ultima necat aplicado al relato de la Pasión.

DÉCIMOCUARTA ESTACIÓN

Jesús es sepultado

Y las turbias palabras han mordido

las alas de tu espíritu severo

(Federico García Lorca, Sonetos del amor oscuro)

En un jardín, en el jardín un huerto,

en el huerto una piedra y una sima;

en un lago inferior con tierra encima

ahogaron un despojo verde y yerto.

¡No hay verso que deplore con acierto!

No hay consuelo, voz, llanto que redima

el manantial de estrofas; metro y rima

tragados por la arena del desierto.

El lirio se deshoja en mi poema

(se asfixió hace tres horas); duerme el cielo

y la tarde bosteza mientras tanto.

Los caballos, lamiendo su erotema,

se beben las tormentas por el suelo

y quiebran al pastar mi débil canto.

Soneto desolado y casi hecho pedazos.  Hasta la poesía se muestra insuficiente para expresar estos misterios.  Los tercetos, con recursos creacionistas, pintan un paisaje campestre ya calmado: los terribles caballos pastan tranquilamente una vez que han pasado las tormentas y va cayendo la tarde.

DÉCIMOQUINTA ESTACIÓN

Jesús resucita de entre los muertos

Todo el cuerpo me huele a recienhecho

por el jugoso fuego que lo inflama

(Miguel Hernández, El rayo que no cesa)

Descansa, oh bello Alcides, esforzado

de tus catorce pruebas y pasiones;

voraces tempestades, salvaciones

del infausto destino del bocado.

Reposa, Apolo nuevo, laureado

por tus amigos en tus estaciones;

te cantamos elogios y traiciones

del humano existir plenificado.

¡Mas no duermas! Que al fin te espera ansiada,

como al tracio pastor de acorde lira,

tu primordial Eurídice en la umbría.

¡Tiéndele allí tu mano y tu mirada,

que la virtud del Hades se retira

en una apoteosis de alegría!

Este soneto, que pasa de la muerte a la resurrección con el recurso neotestamentario del campo semántico del sueño y del despertar, es un capricho literario que compara la historia de Jesús con varios personajes y narraciones de la mitología griega: los doce trabajos de Hércules se relacionan con la lectura de la Pasión en clave de reparación o redención; el culto apolíneo, con la interpretación de la Encarnación en clave de plenificación del ser humano y de respuesta de su vocación divina.  Por último, en los tercetos aparece la historia de Orfeo pero con final feliz: la tragedia y el destino paganos son evangelizados y dejan paso a la apoteosis (etimológicamente "deificación" del hombre).

SONETO FINAL

Amor que, sorteando el sinsentido,
preclaro te revelas encubierto;
imaginaria voz, clamor incierto
en seguro dolor de llanto hundido.Lápida ya, mi pecho florecido
suspira soledades de desierto,
y van huyendo desde el nicho abierto
su trueno, su galope y su latido.Mas cuando al fin transido yo te encuentre
en vorágine azul que nos consuma
y llegue a conocer tu cuerpo ansiadodescifraré el misterio de tu vientre,
púrpura de estupor y orlada espuma,
y meteré mi diestra en tu costado.

Dibujo de Miguel Redondo. Comentario de  José María Tortosa. Y preguntas para la reflexión.

SE OYE “LA VOZ DE LA ESPERANZA”

Con este domingo, nos situamos de lleno en el pórtico de la semana santa, la semana central de los cristianos, para volver a celebrar y conmemorar la pasión, muerte y resurrección de Jesús, el Mesías, que hoy entra victorioso en Jerusalén, aclamado por la multitud, como si de un rey especial se tratara.

El viernes 7 de abril durante todo el día, se celebra, en la catedral de Guadix, una Jornada de Oración y Penitencia, como preparativo para la Semana Santa que ya llega. Tendrá lugar desde las 10,00 de la mañana hasta las 9 de la noche. Durante ese tiempo, la catedral estará abierta y habrá siempre sacerdotes para confesar. Al final, a las 8 de la tarde, habrá una celebración comunitaria de la penitencia.

Será en el paseo de la catedral, a las 5 de la tarde, con acceso libre

Este jueves 6 de abril se va a representar el Viacrucis viviente que, cada año, organiza la Asociación San José, de Guadix. Tendrá lugar a partir de las 5 de la tarde, en el paseo de la catedral y en la plaza Julia Gemella Acci, con acceso libre para todos los que quieran contemplar la representación de los últimos días de la vida de Jesús de Nazaret, su Pasión y Muerte. Es el conocido ya como Viacrucis de la Esperanza, dado que está organizado y llevado a escena por los chicos y chicas de los centros de esta Asociación en favor de las personas con discapacidad intelectual “San José”, conocida por todos como el Colegio de La Esperanza. Desde la asociación invitan a todos los accitanos y también de las comarcas cercanas a acompañar a estos chicos y chicas en una representación que supone, por qué no, el comienzo de la Semana Santa en la ciudad accitana.

Se están celebrando en Guadix las Conferencias Cuaresmales que, cada año, imparte el Obispo accitano en los días previos a la Semana Santa. Este año, las conferencias tienen lugar del lunes 3 al jueves 6 de abril, en la iglesia del Sagrario, junto a la catedral de Guadix. Las conferencias comienzan a las 8,30 de la tarde, pero antes, a las 8, se celebra la Eucaristía.

La catedral de Guadix ha presentado los horarios de las celebraciones que tiene programadas para celebrar la Semana Santa. Como en cualquier parroquia, en la Catedral se van a vivir todas las celebraciones que dan cuerpo a la semana más importante para los cristianos y que sirve para celebrar el misterio de la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor.