Oficina de Comunicación

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Huéscar acoge este fin de semana el XIV Encuentro Nacional de Hermandades de San Isidro Labrador y Santa María de la Cabeza. Tendrá lugar del viernes 26 al domingo 28 de abril. Es la primera vez que se celebra este encuentro en la diócesis accitana y, por tanto, la primera vez que Huéscar acoge este evento de carácter nacional. Aunque no es la primera vez que las Hermandades de San Isidro Labrador y Santa María de la Cabeza de Huéscar participan en estos encuentros, a los que ya han asistido en años anteriores. La parroquia de Santa María la Mayor, de Huéscar, y sus hermandades, así como el ayuntamiento de la localidad, han preparado un amplio programa de eventos para acoger a los muchos participantes que vendrán de diferentes diócesis de España.

El obispo de Guadix, D. Francisco Jesús Orozco, ha visitado el Seminario Menor para felicitar la Pascua a los seminaristas y a sus formadores. La visita tuvo lugar el jueves 25 de abril. El obispo compartió buena parte de la tarde con los seminaristas y rezó con ellos. También con sus formadores.

 

En Lugros se han repartido más de 400 kilos de garbanzos en un potaje que ha dado de comer a cientos de personas

Este año se ha cumplido. Por San Marcos ha llovido y una lluvia buena. Muchos de nuestros pueblos celebrarán este 25 de abril la fiesta de San Marcos, o lo harán en los próximos días, quizá buscando el fin de semana. Es un santo con una presencia importante en las devociones de nuestras parroquias, que son agrícolas y ganaderas y tienen a San Marcos como protector para los campos y los animales.

 

Cuando aún no ha cumplido los 25 años como sacerdote –los celebrará en 2020- se ha convertido en el obispo titular más joven de España

El obispo de Guadix, D. Francisco Jesús Orozco, cumple hoy, 23 de abril, 49 años. Cordobés, de Villafranca de Córdoba, lleva al frente de la diócesis accitana desde el pasado 22 de diciembre de 2018. Ese día fue consagrado obispo en la catedral de Guadix. Antes, el 30 de octubre, el papa Francisco había comunicado su nombramiento. Por cierto, un nombramiento que fue una sorpresa para la gran mayoría, dado que aunque esperado, su nombre no era de los que sonaban más en los rumores.

Terminó la Semana Santa, algo pasada por agua en nuestra tierra, aunque no tanto como en otros lugares. Ha comenzado el tiempo de Pascua, tiempo de resurrección, de alegría, de fiesta… Y así es como se presenta esta semana que ha comenzado, marcada por las fiestas. San Marcos, con sus roscos y bendiciones de campos, y la Virgen de la Cabeza, llaman a la puerta y nos invitan a seguir de celebración durante una semana más.

Desde la llegada a nuestra diócesis de don Francisco Jesús Orozco Mengíbar, se vino expresando la posibilidad y conveniencia, tanto por parte del prelado como de los cofrades, acerca de la entrada de las cofradías en la Santa y Apostólica Iglesia Catedral, para hacer estación de penitencia durante las procesiones de Semana Santa. Enterado el Cabildo de la Catedral, sometió el asunto al criterio y votación de los Señores Capitulares, resultando aprobada la propuesta, tal y como se expresa en el Libro de Actas.

 

EL HOMBRE Y LA MUJER TOTALMENTE NUEVOS

Recuerdo que, en mis años de estudios, se nos decía y explicaba la paradoja que se vivía entre los cristianos y que daba mucho que pensar. Es el hecho de que si nos ponemos a concretar aquello que el cristiano está “obligado” a creer y que, si eso falta, todo lo demás no tiene sentido, no hay duda de que se apunta a la Resurrección de Cristo, es decir, mi fe me obliga a creer, por encima de todo, que Jesús, el que fue crucificado, muerto y sepultado, ha Resucitado. Es lo que nos dice San Pablo, “si Cristo no ha resucitado, vana es nuestra fe” (1Cor 15,17). Y, claro, aquí está la paradoja pues, precisamente, este hecho es el que más dudas plantea en muchos que dicen llamarse cristianos porque, o no lo tienen claro, o lo confunden con la reencarnación, o lo excluyen y se centran en la pasión y muerte. Además, este domingo lo consideramos los creyentes, como el más importante del año litúrgico y del que emanan todos los demás dándoles sentido, porque es la Resurrección del Señor la que inicia el camino.

EL HOMBRE Y LA MUJER TOTALMENTE NUEVOS

Recuerdo que, en mis años de estudios, se nos decía y explicaba la paradoja que se vivía entre los cristianos y que daba mucho que pensar. Es el hecho de que si nos ponemos a concretar aquello que el cristiano está “obligado” a creer y que, si eso falta, todo lo demás no tiene sentido, no hay duda de que se apunta a la Resurrección de Cristo, es decir, mi fe me obliga a creer, por encima de todo, que Jesús, el que fue crucificado, muerto y sepultado, ha Resucitado. Es lo que nos dice San Pablo, “si Cristo no ha resucitado, vana es nuestra fe” (1Cor 15,17). Y, claro, aquí está la paradoja pues, precisamente, este hecho es el que más dudas plantea en muchos que dicen llamarse cristianos porque, o no lo tienen claro, o lo confunden con la reencarnación, o lo excluyen y se centran en la pasión y muerte. Además, este domingo lo consideramos los creyentes, como el más importante del año litúrgico y del que emanan todos los demás dándoles sentido, porque es la Resurrección del Señor la que inicia el camino.

Es Domingo de Resurrección, es día de fiesta en la Iglesia y en el mundo, porque Cristo resucitó y está vivo. Y lo mejor de todo, es que quiere que nos contagiemos de su vida, que trasmitamos esta gran alegría al mundo, que transformemos la realidad desde la vida, desde la alegría, desde la esperanza. Es lo que les encarga a aquellos a quienes se va apareciendo desde los primeros instantes: id y contádselo a los discípulos, y los discípulos a los demás. La alegría de la resurrección no se puede callar, no se nos ha dado para que la ocultemos, sino para que alumbre a todos.

El Viernes Santo es día de silencio y oración, día de contención. Celebramos la Muerte del Señor, en la Cuz, por nosotros, por nuestra salvación. Eso sí, con la mirada puesta en el Domingo de Resurrección, en el Cristo que vence a la muerte y que nos hace a nosotros, también, victoriosos.