Manuel Amezcua

Manuel Amezcua

Párroco de Nuestra Señora de Gracia y Fátima, en Guadix. Canónigo y Director del Secretariado de Familia y Vida.

Este artículo ha sido publicado en el semanario Wadi-as de Guadix y comarca

La dirección de la web de Wadi-as es http://andaluciainformacion.es/guadix/

Todo el santoral católico está plagado de personajes y acontecimientos que expresan la alegría de Dios en los hombres más cercanos a nuestro Dios alegre. Por ejemplo, santo Tomás Moro gran Canciller de Inglaterra, escribió una hermosa oración para pedir el buen humor, que empieza diciendo: "Señor, dame una buena digestión y, naturalmente, dame algo que digerir", para terminar después de varias felices ocurrencias, implorando: "haz que no me tome demasiado en serio esa cosa tan entrometida y molesta que se llama amor propio". Será este santo mártir, injustamente ajusticiado por la tiranía de Enrique VIII, quien guarde su último ducado para entregárselo al verdugo que le iba a cortar la cabeza, diciéndole: "Te ruego, por favor, que te esmeres en tu trabajo". No crea el lector que se trata de simple sangre fría, ni de una página histórica de humor inglés de color negro. Es más bien la alegría interior de la fe llevada al límite.

El buen Pippo

Otro caso singular de alegría cristiana es el de San Felipe Neri, conocido en el centro de Roma como el buen Pippo, al que era fácil encontrar disfrazado entre los niños, con un absoluto desprecio del qué dirán, o bien, increpando con irónicos insultos fingidos a su amigo San Félix Cantalicio, lego franciscano que pedía limosna para los pobres.

Felipe Neri es uno de los hombres más libres que han existido, capaz de reconciliar enemigos acérrimos y mediar entre facciones contrapuestas de la Roma de su tiempo. Siempre fiel a su lema : "Sed buenos, si podeis", llenó de sonrisas la vida de los que lo rodeaban. Dicen que una vez, San Ignacio de Loyola le aseguró haber visto a la Virgen María; Felipe le preguntó: ¿ Cuánto tiempo hace que no comes? Llevo ya una semana de total ayuno, respondió Ignacio. Felipe sentenció: "come primero y después hablaremos de la aparición mariana".

La anécdota es, seguramente, apócrifa, pero demuestra bien la sorna llena de sentido común de nuestro santo.

Invasión

Es de todos conocido el amor a la higiene propio de las comunidades monjiles. Pues resulta que en uno de los conventos carmelitas fundados por Santa Teresa de Jesús, se declara un soberana invasión de piojos. La santa reformadora, lejos de dramatizar el asunto, además de disponer los remedios necesarios, compone unos villancicos cuyo estribillo viene a decir: Señor, pues que siendo pequeños nos hacen tanto mal, librad de la mala gente nuestro sayal...Cualquier situación desagradable o adversa es más llevadera con una sonrisa de por medio... y si te pica, arrascaté ¿estamos?.

No sería justo omitir en esta relación de Santos, cofrades de la celestial hermandad del buen humor, a San Francisco de Sales, Obispo de Ginebra, cuidad que nunca pudo pisar por arte y parte de la intolerancia calvinista. Estamos ante un ser privilegiado con el don de una buena educación a prueba de bomba y una amabilidad llevada a sus últimas consecuencias.

Espíritu de San Francisco de Sales

Quizá, siguiendo el espíritu de Francisco de Sales, cabría colocar en todas las salas de reunión de las cofradías, un gran cartel con la siguiente frase: "LA AMABILIDAD ES LA MITAD DEL APOSTOLADO". Tampoco estaría de más en algún despacho parroquial. Después vendrán todos los planes diocesanos, reuniones formativas y decisiones parroquiales, cofrades y demás tinglados..., pero si no guardamos el tesoro de la amabilidad sincera, no fingida y llena de comprensión, todo lo demás está perdido. No en balde, la mejor forma de cumplir el cuarto mandamiento -honrar padre y madre- es cuidar hasta el extremo la buena educación, pues de otra manera podría parecer que nuestros progenitores no se ocuparon debidamente de nosotros, en los primeros quince años de nuestra vida.

Buen humor, bien educado, sin groserías ni afectaciones baratas, serán dos modos estupendos, de progresar en la construcción de la gran cofradía universal que es la Iglesia, cuyos mejores hermanos, los más santos, nos dan sobradas lecciones de trato fácil y alegría sana.

Viene todo esto a cuento de una de las afirmaciones de Fray Hermenegildo García Oliva, en el reciente pregón de la Semana Santa de Guadix: son muchas las citas que podríamos traer a colación de toda la hermosa pieza oratoria de nuestro buen fraile, pero yo quiero destacar una de sus afirmaciones que me parece extraordinariamente importante. Tuvo la valentía de aconsejar a los cofrades de Guadix un uso, debido y respetuoso, de las redes sociales en las nuevas tecnologías, afirmando con contundencia que algunas intervenciones no son propias ni de hombres, ni de caballeros ni de cristianos.

La humanidad ha medido el tiempo de las formas más variadas que se pueda imaginar. Casi siempre, el sol y la luna, con el día y la noche, junto al retorno de las estaciones, han marcado el cómputo basándose en la rotación solar para el año y en las fases lunares para los meses. A veces el tiempo se mide de dos maneras, como nuestra civilización, otorgando una medida civil al año y otra religiosa -en este caso lunar en vez de solar- a la fecha cristiana más importante del calendario: la Pascua de Resurrección.

El museo de Guadix, o más bien Guadix como museo, puede concebirse como diversificado y disperso, capaz de establecer un circuito que muestre los interiores de cada enclave junto a los exteriores del casco histórico y al urbanismo de la ciudad, el original y único de las cuevas. Estas propuestas, nacieron hace años cuando se me confirieron responsabilidades municipales en cuanto a Asesor Cultural para Bienes Museísticos. Ahora,entiendoque pueden ser publicadas por si sirvieran de algo a alguien.

A nuestras autorizadas autoridades les venimos proclamando, desde las páginas de esta entrañable revista, ya desde hace tantos años que da vergüenza confesarlo, cómo el turismo de Guadix es para la ciudad lo que para la nación: la gallina dorada y brillosa de los no menos áureos huevos de oro. Con todo, el accitano medio está hasta los idem, de que el casco histórico se nos venga abajo y a nadie le dé por recuperar Guadix de su triste condición de Sarajevo tras los bombardeos.

Yo Guadix, he participado, en comunión con muchísimas otras personas, en el Jubileo de las familias en el Año de la Misericordia. Además, las resonancias alarconianas del Niño de la Bola y la presencia de Cascamorras, junto a la emulación de los Bailes de Rifa, compusieron toda una gama de vivencias llenas de hondura en la mañana del pasado domingo, día 27 de diciembre… fun, fun, fun. (con permiso de los villancicos catalanes).

Yo Guadix, acabo de explicar a un numeroso grupo de niños el cuarto mandamiento de la ley de Dios que, como es sabido, se denomina también “dulce precepto”, toda vez que honrar al padre y a la madre, debe resultar lo más fácil del mundo. Desgraciadamente no siempre es así, pero –así lo intento explicar a los niños- , hay un truco que honra a los padres con sólo practicarlo: ser muy educado.

Yo, Guadix, he visto una de las mayores manifestaciones de grupos humanos que, en las últimas décadas, haya tenido lugar en nuestra ciudad. Miles de personas se reunieron en la mañana dominical del día 13 de diciembre para acompañar la cruz y el libro de los Evangelios, portados en la cabeza de la manifestación. No era especialmente reivindicativa ni protestona, tampoco le exigía nada a nadie; los cantos eran festivos y no se gritaban consignas. Había, eso sí, muchas pancartas, pero eran todas iguales y se diferenciaban tan solo en el nombre de las parroquias a las que representaban… no cabe duda de que era un gentío inmenso lleno de singularidades muy peculiares.

Yo, Guadix, poseo y soy poseído por una realidad singularísima que, por una parte, avergüenza a los propios y, por otra, los enorgullece. Hasta aquí todo sería simple, pero como la vida siempre es mucho más complicada, pues resulta que a los foráneos les sorprende y algunos de los guadijeños presumen de ello. Las Cuevas de Guadix dan para mucho y así, mientras el calificativo “cuevero” sigue presentando contenidos peyorativos, los apartahoteles de cuevas tienen éxito para el turismo; mientras las cuevas son parte del proyecto turístico, quedan cañadas de Ojeda con todas las claves propias de los suburbios más marginales de Marruecos y Biafra.

Yo Guadix, disfruto y padezco la generalizada utilización de lo que, para entendernos, vamos a llamar el “móvil”.

El móvil es un progreso absolutamente definitivo en lo que se refiere a las relaciones humanas de toda índole, ya sean las familiares, las empresariales, pasando por las amistosas, incluso por las posibles urgencias. Afirmado lo cual con certera rotundidad, vengo en repasar y repaso la cantidad y calidad de situaciones ridículas, absurdas e integralmente tontas a las que da lugar la aberrante descortesía de su uso.

Yo, Guadix, he intentado sacudir la conciencia del paciente lector de esta colaboración, haciéndole distinguir, ya en más de una ocasión, entre la noción de venganza del cristianismo, del judaísmo y del islamismo. En el cristianismo la venganza es pecaminosa y está gravemente prohibida bajo pena de pecado mortal. En el judaísmo la venganza no está desaconsejada… pero en el islamismo, es recomendable y virtuosa.