Manuel Amezcua

Manuel Amezcua

Párroco de Nuestra Señora de Gracia y Fátima, en Guadix. Canónigo y Director del Secretariado de Familia y Vida.

Este artículo ha sido publicado en el semanario Wadi-as de Guadix y comarca

La dirección de la web de Wadi-as es http://andaluciainformacion.es/guadix/

A nuestras autorizadas autoridades les venimos proclamando, desde las páginas de esta entrañable revista, ya desde hace tantos años que da vergüenza confesarlo, cómo el turismo de Guadix es para la ciudad lo que para la nación: la gallina dorada y brillosa de los no menos áureos huevos de oro. Con todo, el accitano medio está hasta los idem, de que el casco histórico se nos venga abajo y a nadie le dé por recuperar Guadix de su triste condición de Sarajevo tras los bombardeos.

Yo Guadix, he participado, en comunión con muchísimas otras personas, en el Jubileo de las familias en el Año de la Misericordia. Además, las resonancias alarconianas del Niño de la Bola y la presencia de Cascamorras, junto a la emulación de los Bailes de Rifa, compusieron toda una gama de vivencias llenas de hondura en la mañana del pasado domingo, día 27 de diciembre… fun, fun, fun. (con permiso de los villancicos catalanes).

Yo Guadix, acabo de explicar a un numeroso grupo de niños el cuarto mandamiento de la ley de Dios que, como es sabido, se denomina también “dulce precepto”, toda vez que honrar al padre y a la madre, debe resultar lo más fácil del mundo. Desgraciadamente no siempre es así, pero –así lo intento explicar a los niños- , hay un truco que honra a los padres con sólo practicarlo: ser muy educado.

Yo, Guadix, he visto una de las mayores manifestaciones de grupos humanos que, en las últimas décadas, haya tenido lugar en nuestra ciudad. Miles de personas se reunieron en la mañana dominical del día 13 de diciembre para acompañar la cruz y el libro de los Evangelios, portados en la cabeza de la manifestación. No era especialmente reivindicativa ni protestona, tampoco le exigía nada a nadie; los cantos eran festivos y no se gritaban consignas. Había, eso sí, muchas pancartas, pero eran todas iguales y se diferenciaban tan solo en el nombre de las parroquias a las que representaban… no cabe duda de que era un gentío inmenso lleno de singularidades muy peculiares.

Yo, Guadix, poseo y soy poseído por una realidad singularísima que, por una parte, avergüenza a los propios y, por otra, los enorgullece. Hasta aquí todo sería simple, pero como la vida siempre es mucho más complicada, pues resulta que a los foráneos les sorprende y algunos de los guadijeños presumen de ello. Las Cuevas de Guadix dan para mucho y así, mientras el calificativo “cuevero” sigue presentando contenidos peyorativos, los apartahoteles de cuevas tienen éxito para el turismo; mientras las cuevas son parte del proyecto turístico, quedan cañadas de Ojeda con todas las claves propias de los suburbios más marginales de Marruecos y Biafra.

Yo Guadix, disfruto y padezco la generalizada utilización de lo que, para entendernos, vamos a llamar el “móvil”.

El móvil es un progreso absolutamente definitivo en lo que se refiere a las relaciones humanas de toda índole, ya sean las familiares, las empresariales, pasando por las amistosas, incluso por las posibles urgencias. Afirmado lo cual con certera rotundidad, vengo en repasar y repaso la cantidad y calidad de situaciones ridículas, absurdas e integralmente tontas a las que da lugar la aberrante descortesía de su uso.

Yo, Guadix, he intentado sacudir la conciencia del paciente lector de esta colaboración, haciéndole distinguir, ya en más de una ocasión, entre la noción de venganza del cristianismo, del judaísmo y del islamismo. En el cristianismo la venganza es pecaminosa y está gravemente prohibida bajo pena de pecado mortal. En el judaísmo la venganza no está desaconsejada… pero en el islamismo, es recomendable y virtuosa.

Yo Guadix, creo que esta es una fecha “beborable”, más aún, “beborabilísima” por tres razones concretas, a la que corre el peligro de sumarse una cuarta.

Yo Guadix soy uno de los pocos curas nacido en el siglo XX que ha podido celebrar la Eucaristía, durante todos los días de su vida sacerdotal, sin ningún riesgo y con la natural y debida libertad. Naturalmente, tanto por parte de las persecuciones islamistas, como por las comunistas y nazis, ya sea en Europa o en África y Asia, por no hablar de las inmensas dificultades de los regímenes de la extrema izquierda y la extrema derecha en América latina, las persecuciones a los cristianos son un hecho incontrovertible, cuya lista de mártires abarca todo el espectro social y político.

Yo, Guadix, he escuchado de labios del Sr. Obispo, el pasado sábado, una feliz comparación en virtud de la cual asevera: “La joya es siempre más importante que el joyero, pero el joyero nos ayuda a contemplar la joya con toda su dignidad”. Ciertamente, el camarín de la Santísima Virgen de las Angustias ha sido completamente remozado y renovado, con la construcción de una regia escalinata marmolea y de una emblemática arquitectura, llena de elementos de sostén en columnas y semi columnas y de arquitrabes con cornisas, frisos y todos los componentes clásicos de un orden repleto de preciosismo. Los materiales pétreos han sido bellamente labrados por Mármoles López y Navarro y ensamblados de manera admirable por la empresa de Antonio Morillas Mesa, cuya impagable labor en la Catedral y en muchísimas otras iglesias, además de en nuestro Archivo y Biblioteca Diocesanos es tanto más impagable cuanto mejor es la dedicación y el afecto con que Antonio las realiza, en conjunción con su equipo de familiares-colaboradores. Contar con Antonio Morillas es un seguro de eficacia y de plena confianza en un resultado siempre feliz.

Yo Guadix, creo que esta es una fecha “beborable”, más aún, “beborabilísima” por tres razones concretas, a la que corre el peligro de sumarse una cuarta.

Es este el día en que le mandaba un ramito de violetas, aquel ignoto admirador que resultaba ser marido romántico aunque un poco pavo, a aquella señora, que por no saber, no era capaz de conocer ni siquiera quién la quería. Todo un caso de intrínseca pavera matrimonial…