Manuel Amezcua

Manuel Amezcua

Párroco de Nuestra Señora de Gracia y Fátima, en Guadix. Canónigo y Director del Secretariado de Familia y Vida.

Este artículo ha sido publicado en el semanario Wadi-as de Guadix y comarca

La dirección de la web de Wadi-as es http://andaluciainformacion.es/guadix/

Que el aborto es progresista

se dijo en el banco azul

pero, la abuela que es lista

dijo: ¡ En el nombre de Jesús!

Sabido es cómo los cuatro puntos cardinales sirven de mucho, incluso de rosa de los vientos, o si se quiere, de manecillas del reloj: colóquese el amable lector mirando al norte con su esfera horaria y haga coincidir las doce con el norte, las tres con el este, las seis con el sur y las nueve con el oeste. Dirá el lector que para qué ha de someterse a semejante argucia espaciotemporal. Pues bien, la respuesta no es ni más ni menos que la siguiente:

               

Es cierto que la condición hispánica no suele destacarse precisamente por su unanimidad: los españoles somos el pueblo menos chovinista de Europa. Tenemos más razones que nadie para la grandeza, pero nunca presumimos de ella… aquello de: “si habla mal de España, es español”, no deja de ser una realidad entre nosotros. No tenemos signos unánimes, nuestra bandera no tiene universal reconocimiento, nuestro himno no tiene letra para ser cantado y nuestras autonomías, por algunos llamadas autonosuyas, han venido a ejercer como signos de pluralidad centrífuga y nunca de centralismo centrípeto, tenido como cosa del “régimen anterior”, eufemismo con el que se designó a la dictadura en tiempos de la transición. Dicho todo lo cual, afirmado, reafirmado y confirmado, cabe destacar que una de las pocas unanimidades hispánicas es la referencia constante y universalizada a la persona de María. La Virgen no suele tener entre nosotros grandes enemigos y si, por el contrario, la adhesión cordial de la inmensa mayoría… eso sí, con el mismo nombre pero distintos apellidos: Rocío en el sur, Monserrat en el norte, Estívaliz en Vasconia o Desamparados en el levante. Mucho sería pretender una mayor cota de acuerdo entre nosotros.

La Hermandad del Santísimo Sacramento de la Catedral, que cuenta entre sus miembros históricos al Cardenal Don Gaspar de Ávalos, a los obispos Fonseca y Montalbán, a literatos canónigos como Mira de Amezcua, el Magistral Domínguez o al Arcediano Valverde y a personajes accitanos como los Barradas, de la Cueva y Benavides… para llegar a Pedro Antonio Joaquín Melitón de Alarcón y Ariza, o Ponce y Pozo y Medina Olmos, todos han conformado la Cofradía más documentada y de mayor raigambre histórica de Guadix.

De entre las muchas ventajas que es posible observar en este Papa, no es la menor el que se pueda entender directamente todo lo que dice: Francisco comunica de manera que no hacen falta demasiadas interpretaciones, pues lo que quiere decir es exactamente lo que dice y viceversa. No se necesitan exégesis sobre sus dichos que son paralelos con sus hechos. Así pues, lo que hace el Papa y lo que enseña, son aspectos perfectamente convergentes.

Es verdad que la civilización cristiana se pasa el año celebrando, festejando y glorificando… que es gerundio. La fiesta, la costumbre festera y festiva es lo propio de una fe que camina en la esperanza hacia la plenitud de la caridad. Cristo resucitado se manifiesta en los signos resucitadores de una continua celebración: celebramos la Resurrección en cada Pascua y como un eco, la volvemos a revivir cada domingo en la Eucaristía dominical…, y como otro eco que reverbera cada día, lo hacemos de nuevo en la Eucaristía diaria.

Tanto la izquierda como la derecha españolas, desde El país al ABC, pasando por El Mundo, elogian cada año el sólido informe de 700 páginas, verdadera enciclopedia de la actualidad española, que la Cáritas de España, junto a la Fundación Santa María, la popular SM de los textos escolares, ponen anualmente encima de la mesa, como fruto de 90 investigadores expertos de 30 universidades… que se dice pronto…

Queridos feligreses y amigos:

En nuestras cuevas, por arte y parte de la crisis económica que nos aflige desde hace, poco más o menos, 10 años, se han vuelto a poblar los cobarrones de la parte más alta de las cañadas de Gracia y Ojeda, no sólo con familias venidas de fuera, sino con otras de Guadix de toda la vida, cuya situación económica, lejos de mejorar ha empeorado. Cuevas que hace muchos años estaban destinadas al abandono o al refugio de animales, ahora se ven de nuevo habitadas por personas, pero con múltiples carencias de toda naturaleza: agua, electricidad, alcantarillado, recogida de basuras, asfaltado de las principales veredas... barro hasta la cintura cuando llueve y polvo hasta los ojos cuando hay sequía; o sea, un lugar insalubre e inhabitable.

Varias veces he sido muerto, pues fui templo de Isis, con solemne altar de piedra y cuando desaparecí como lugar de culto a esta diosa, los cristianos reutilizaron el mármol de mi Altar para resucitarme como lugar de oración comunitaria, con la lista entera de las reliquias que en mi mármol depositaron (1). Así, transcurrieron los primeros siglos medievales, como un enclave de cristianos en la mozarabía. De nuevo en el siglo XIII, los almohades volvieron a matarme con su intolerancia y volví a resucitar como mezquita. A finales del siglo XV, fueron de nuevo los obispos quienes dieron muerte a la mezquita y resurrección al templo mudéjar que ahora soy. Pero la cercanía de otras iglesias, como San Miguel o Santo Domingo y la dificultad de mantenerme en pie, volvieron a asesinarme tras la Guerra Civil española y he tardado setenta años en volver, poco a poco, de nuevo a la vida.

Esto de ser un niño en la Cañada de Ojeda es un jaleo muy gordo, porque antes, cuando se veía la tele, yo podía saber cómo era la vida de los niños que sí tienen posibles y lo bien que comen, lo limpias que están sus calles y sus casas y los cochazos que usan sus padres. Además, sus madres usan unas colonias y unas cremas que valen lo que aquí necesitamos para comer durante un mes y medio. Como en la catequesis dicen que ser envidioso es pecado, pues yo me aguanto la envidia, pero me la aguanto muy mal… vamos… que me la aguanto tan poco que ni se me nota.