+Ginés, Obispo de Guadix

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Homilía de Mons. Ginés García en la celebración de Apertura del Año Jubilar de la Virgen de Gracia y de San Pedro Poveda, que tuvo lugar el 30 de octubre de 2010, a las 6 de la tarde, en la parroquia de la Virgen de Gracia, del accitano barrio de Las Cuevas. Se celebran, con este Año Jubilar, el 50 aniversario de la Coronación Canónica de la Virgen de Gracia y los 100 años de la Fundación de la Institución Teresiana, que hunde sus raíces en la acción pastoral de San Pedro Poveda en el barrio de Las Cuevas, de Guadix.

MISA DE INICIO DE CURSO

EN LA FACULTAD DE TEOLOGÍA DE GRANADA

Granada, 7 de Octubre de 2010

Queridos hermanos y hermanas en el Señor.

P Provincial de la Compañía de Jesús y Vice gran Canciller de la Facultad,

Rvdos. PP. Provinciales.

P. Rector de la Facultad y claustro de profesores,

Queridos alumnos.

En esta mañana doy gracias a Dios por permitirme celebrar esta Eucaristía en el inicio de curso de nuestra Facultad de Teología; en este centro académico recibí mi formación filosófica y teológica, por lo que agradezco de corazón esos primeros pasos por la reflexión acerca del misterio de Dios que me preparaban para el sacerdocio al que me sentía llamado por la misericordia de Dios

En un octubre como éste, en 1.979, llegaba a la Facultad y participaba en la celebración de la Eucaristía del comienzo de curso; han pasado muchos años, y ha querido la Providencia que hoy sea yo, como Obispo de Guadix, quien presida esta eucaristía, EN EL ESPLÉNDIDO MARCO de la Cartuja granadina. Años que han estado marcados por el progreso personal de cada uno y por un cambio, no sólo generacional, sino también social y eclesial. Vienen a mi memoria, que quiere ser memoria agradecida, tantas personas que me ayudaron, y nos ayudaron, a introducirnos en el Misterio de Dios, al tiempo que discerníamos su llamada a seguirlo en radicalidad; unos siguen viviendo entre nosotros, otros han pasado de este mundo al Padre, en la esperanza de la Resurrección. A todos gracias, junto con la oración.

DESEARÍA COMPARTIR CON VOSOTROS ALGUNAS REFLEXIONES QUE CONSIDERO APROPIADAS, JUSTO EN LA SANTA MISA DE LA INAUGURACIÓN DE CURSO EN NUESTRA FACULTAD DE TEOLOGÍA.

La reflexión teológica DEBERÍA TENER SIEMPRE PRESENTE que se ha de introducir en el ámbito del Misterio, que Dios es Misterio; por eso habrá que entrar, como Moisés ante la zarza, descalzándose; con humildad porque Dios siempre es “Más”, y con confianza porque la mayor prueba de su amor es la revelación que nos ha hecho de sí. Que nuestro gran misterio no se convierta “en una simple técnica”, en palabras de uno de los padres de la Iglesia antigua (Cfr. Gregorio Nacianceno, Discurso 27, Contra los discípulos de Eunomio, n. 2); que la teología no sea puro debate y discusión, sino profundización, contemplación y exposición de la verdades de la fe.

La consideración del Misterio cristiano nos lleva a su fuente que está en el misterio trinitario. ESTO ES UNA VERDAD QUE NO SE DEBIERA DAR POR SABIDA, SINO QUE TENDRÍAMOS QUE RECORDÁRNOSLA CONTINUAMENTE, A SABER QUE EL QUEHACER TEOLÓGICO HA DE TENER a Dios en el centro y a Jesucristo como “primer lugar teológico”; Y ES QUE la última palabra de la teología no pueden ser los gustos y tendencias de los diferentes autores. Hace poco el Santo Padre, citando a San Buenaventura, nos recordaba: “Hay una teología que viene de la arrogancia de la razón, que quiere dominar todo, hace pasar a Dios de sujeto a objeto que estudiamos, mientras debería ser sujeto que nos habla y nos guía” (En la Vigilia de oración de la Clausura del Año Sacerdotal, 10 de Junio de 2010). SE TRATA DE ESCUCHAR PRIMERAMENTE A DIOS QUE NOS HABLA DE SÍ Y QUE LE DICE AL HOMBRE QUE HA SIDO HECHO POR DIOS Y QUE HABLA DE DIOS, PERO AL QUE DESDE DIOS SE LE DICE TAMBIÉN CÓMO TIENE QUE SER, CUÁL ES SU DESTINO Y CUÁL ES LA TAREA QUE SE LE IMPONE. DE AQUÍ QUE EL TEÓLOGO SE ACERQUE HUMILDEMENTE A DIOS sabiendo que la “espalda de Dios es todo lo que se puede conocer de él tras su paso (...) puesto que a él mismo no es posible mirarlo, dado que la pureza de su luz sobrepuja nuestros sentidos” (Gregorio Nacianceno. Discurso 28, Sobre la teología, n. 3).

La teología tiene como vocación y misión conocer a Dios, conocerlo para amarlo más; pues la verdadera teología viene del amor de Dios y busca la comunión con el amado. Y COMO la teología no puede ser pura especulación, pura discusión sobre argumentos que quedan fuera de Aquel que se busca y del corazón del hombre al que le va la vida y la felicidad en esta búsqueda, estamos llamados a ser ayuda en esta búsqueda del hombre, YA SEA UNA búsqueda consciente y explícita, O BIEN a ciegas y sin saber qué se busca. DIOS Y EL HOMBRE CONSTITUYEN, PUES, LA TAREA Y LA MISIÓN DEL QUEHACER TEOLÓGICO.

De la imagen de Dios nace una imagen del hombre. Parafraseando al refranero español, podemos afirmar: “Dime cuál es tu imagen del hombre y te diré quien es tu Dios”. No vale cualquier imagen del hombre en la reflexión de la teología. Nuestra imagen está en Cristo, el Hombre Nuevo, como nos recuerda la Constitución Gaudium et Spes del Concilio Vaticano II (n.22). El hombre es imagen de Dios, de donde nace su dignidad y, por tanto, sus derechos. Es el hombre que ha sido redimido en Cristo, que no sólo le ha devuelto la inocencia original, sino que le ha hecho compartir su misma vida divina.

La Facultad de Teología, mis queridos hermanos, debe aspirar a formar hombres y mujeres con una verdadera síntesis teológica que sea una auténtica síntesis de fe. Benedicto XVI, al recomendar la importancia del Catecismo de la Iglesia Católica, dice: “aquí vemos la síntesis de nuestra fe, y este Catecismo es verdaderamente el criterio para ver donde va una teología aceptable o no aceptable. Por tanto, recomendamos la lectura, el estudio de este texto, y así sabremos seguir adelante con una teología crítica en sentido positivo, es decir, crítica contra las tendencias de la moda y abierta a las verdaderas novedades, a la profundidad inagotable de la Palabra de Dios, que se revela nueva en todos los tiempos, también en nuestro tiempo” (En la Vigilia de oración de la Clausura del Año Sacerdotal, 10 de Junio de 2010).

La teología, LA VOCACIÓN DEL TEÓLOGO COMO CARISMA DADO POR EL ESPÍRITU SANTO, encuentra su habitat en la Iglesia, comunidad de los creyentes, que ha recibido del Señor su Palabra y su vida; LA IGLESIA, como depositaria del mensaje y de la misión del Señor Jesús, sigue sacando de la Revelación toda la riqueza del misterio INSONDABLE de Cristo, que es siempre nuevo y siempre joven. No se PODRÍA hacer teología al margen de la comunión de la Iglesia.

El teólogo no sólo conoce y transmite la doctrina de la Iglesia, sino que siente con la Iglesia. Como miembro de esta comunión expresa no solo un saber, sino la propia vida de la Iglesia que se alimenta cada día de la Palabra y de los sacramentos. LA PALABRA Y LA VIDA DEL TEÓLOGO CONSTITUYEN UN EXCELENTE MEDIO DE EVANGELIZACIÓN EN LA IGLESIA Y PARA EL MUNDO, CUYAS INQUIETUDES Y PROBLEMAS HA DE ESFORZARSE POR CONOCER PARA TRANSMITIRLE EL EVANGELIO DE JESUCRISTO PARA LA REGENERACIÓN DE TODOS LOS HOMBRES Y DE TODAS LAS CULTURAS.

Queridos hermanos, profesores y alumnos; la Iglesia, esta Facultad, está al servicio de la Palabra de Dios, “que es viva y eficaz”; que nuestras palabras no oculten u oscurezcan la única Palabra que salva. Ser servidores de la Palabra exige fidelidad, la fidelidad que nace de la confianza en Dios y de la obediencia a su voluntad. Os animo a entrar en este mundo apasionante de la contemplación del misterio de Dios, sabiendo que no estamos solos, que como a los discípulos de Emaús, nos acompaña el Señor, instruyéndonos y sentándonos a su Mesa.

Hoy, miramos de un modo especial a la Madre de Dios y Madre de la Iglesia, bajo la advocación del Rosario cuya memoria celebramos.

El Rosario, nos decía Juan Pablo II, es contemplar los misterios de Cristo con los ojos y desde el corazón de la Virgen María: “En él resuena la oración de María, su perenne Magnificat por la obra de la Encarnación redentora en su seno virginal. Con él, el pueblo cristiano aprende de María a contemplar la belleza del rostro de Cristo y a experimentar la profundidad de su amor. Mediante el Rosario, el creyente obtiene abundantes gracias, como recibiéndolas de las mismas manos de la Madre del Redentor” (Carta Ap. Rosarium virginis Mariae, n. 1).

La Mesa del Señor que vamos a compartir se revela como la expresión más perfecta de la teología pues nos muestra la Belleza de Dios y su amor por los hombres.

+ Ginés García Beltrán

Obispo de Guadix

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HOMILÍA EN LA ORDENACIÓN DE PRESBÍTEROS

Guadix, 2 de Octubre de 2010

¡Alabado sea Jesucristo, Señor de nuestras vidas y de la historia, Siervo por amor a los hombres, Hijo obediente que se hizo pobre para darnos su riqueza, Hermano que entregó su vida para que compartiéramos con Él el don de la Eternidad!.

¡Bendito y alabado sea el Padre de la misericordia y Dios de todo consuelo que nos envío a su Hijo para ser causa de salvación eterna y nos hace participes de su sacerdocio en favor de los hermanos!

¡Alabado el Espíritu Santo que con su unción nos consagra para ser testigos del Señor muerto y resucitado, dispensadores de sus misterios y alabanza de su gloria!.

¡Bendita la Trinidad Santa que nos ha congregado en su Santa Iglesia para cantar la maravillas del que nos llamó a salir de las tinieblas, para gustar de su vida y camina con nosotros, para conducirnos a la meta de la gloria que es contemplarlo a Él, el Dios vivo y verdadero!.

En esta mañana con San Pablo podemos repetir, “Doy gracias a nuestro Señor Jesucristo, que me ha fortalecido, porque me ha juzgado digno de confianza al encomendarme el ministerio” (1Tim 1,12).

Sí, mis queridos hermanos, el Señor nos bendice con el don del ministerio presbiteral con el que va a enriquecer a estos dos hermanos nuestros: Pablo y Valeriano, que escuchando la llamada del Maestro han querido, en libertad, ser configurados con Cristo y seguirlo hasta la muerte. Gracias a Dios por el don de la llamada y gracias por la generosidad de la respuesta.

PA025717-2 1. Queridos hermanos sacerdotes todos;

Ilmos. Sres Vicarios; Excmo. Cabildo de la S.A.I. Catedral;

Sr. Rector del Seminario y equipo de formadores;

Queridos Diáconos y seminaristas;

Saludos también con gran afecto a los miembros de los institutos de Vida consagrada;

Queridos padres y familiares de los ordenandos,

Queridos hermanos y hermanas en el Señor.

Queridos Pablo y Valeriano.

En esta mañana, quiero hacer especialmente presente al Sr. Obispo Emérito, nuestro querido D. Juan, que se une en la oración y en afecto a esta celebración de ordenación de dos nuevos presbíteros.

Hoy es un día gran para esta iglesia particular de Guadix; nuestra Diócesis se viste de fiesta porque su Presbiterio se ve enriquecido con la incorporación de dos nuevos hermanos que quiere servir al Señor con su vida, para la salvación del mundo y en comunión con la Iglesia.

La ordenación sacerdotal de estos dos hermanos nuestros nos muestra la juventud de la Iglesia que se ve cada día enriquecida por el Sí de aquellos que quieren seguir al Señor a través de una vida de especial consagración. Han descubierto que Cristo es con mucho lo mejor, y que merece la pena dejar todo –con minúsculas- para ganar al que es Todo –con mayúscula-. La entrega de la propia vida en el seguimiento de Cristo es garantía de felicidad, de sentido y de plenitud.

. Lo que celebramos hoy es un signo de esperanza, no sólo para la Iglesia sino también para el mundo. La apuesta decidida de dos jóvenes, tomados de entre los jóvenes de esta generación, nos muestra que la vida tiene sentido cuando se entrega a Dios en favor de los demás, algo que no ha pasado de moda, a pesar de la insistencia de una cultura que predica un individualismo que vacía al hombre y lo aboca a una vida sin aliciente, sólo basada en el disfrute momentáneo y en la conquista de bienes materiales que embotan el corazón humano pero no lo llenan; por el contrario, una vida hecha entrega adquiere un significado y una fuerza singular en este momento de la historia. Es verdad que para dar este paso no es suficiente la voluntad humana por firme que sea, sino que hasta aquí nos trae la gracia de Dios, que mediante el sello indeleble de la unción del Espíritu Santo va a constituir a Valeriano y a Pablo en sacerdotes de la nueva alianza sellada en la sangre del Cordero..

La historia de los que hoy van a recibir el sacramento de orden sacerdotal, como la historia de todos los que estamos aquí muestra que Dios sigue llamando, que Dios no se cansa nunca de llamar; somos nosotros los que no oímos la llamada del Señor, u oyéndola no respondemos con generosidad. Sí, mis queridos jóvenes, Dios sigue llamando, no tienes más que entrar dentro de ti, hacer silencio en tu corazón y reconocer la voz de Dios que te llama; no hagas ruido, no te hagas el sordo, no vuelvas la cabeza porque en la respuesta a esa llamada está tu felicidad para siempre. Claro que como el profeta Jeremías tenemos miedo ante empresa tan grande; cuando sólo eres un muchacho, cuando no sabes lo que dirás ni como lo dirás. Entonces la voz de Dios suena más fuerte. “a donde yo te envíe, irás, y lo que yo te mande lo dirás”. Es Él quien viene contigo, el protagonista absoluto de esta preciosa aventura de ser Sacramento de su presencia en el mundo y entre los hombres.

2. “Yo soy el Buen Pastor” (Jn. 10,11)

La imagen del Buen Pastor con la que Cristo se identifica en el Evangelio tiene una rica historia en la tradición bíblica; ya en el AT Dios aparece como el pastor que preocupado por la suerte de su pueblo, lo reúne y protege para llevarlo a verdes pastos y a fuentes tranquilas donde calmará su hambre y su sed, preparándole el gran Banquete donde Dios lo será todo. Es el pastor solícito al que le importa la suerte de su pueblo y con mano firme lo libera de la esclavitud a la que lo ha abocado la infidelidad, esclavitud interior que es más dura que la puramente externa. Es el pastor fiel que no abandona a su rebaño sino que lo protege de las asechanzas del mal y de la muerte.

El Señor Jesús toma para sí esta imagen cargada de simbolismo, una imagen llena de ternura que nos muestra la preocupación que Dios tiene por nosotros, la predilección por cada una de sus ovejas que somos nosotros: nos conoce, nos reúne, nos cuida, sale a buscarnos, nos carga sobre sus hombros, hasta da su vida. La imagen de Buen Pastor nos introduce en el Misterio del amor de Dios que se realiza a lo largo de la historia en cada uno de nosotros que hemos sido redimidos en la sangre de Cristo. Al Pastor le preocupan sus ovejas, por eso no las deja a su suerte para que no se pierdan, sino que las atrae al rebaño, para que sean uno como el Pastor es uno.

Cristo da la vida porque es pastor, no es asalariado; el pastor no es un mero profesional, sino que en la preocupación por cada una de las ovejas del rebaño le va la vida. Ante el peligro no huye, sino que permaneces, tantas veces en silencio sin que se note, pero está; protege, abraza con ternura, salva.

“Escucharán mi voz”, dice el Señor. La voz del Pastor verdadero es única; no puede haber muchas voces porque no hay mas que un pastor. Las ovejas quieren oír la voz del pastor porque es la única que trae la salvación. Cuando oyen otra voz, no la reconoce el corazón; el corazón del hombre que tiene hambre de la voz del pastor no se conforma con otras voces por melodiosas que sean o porque prometan cosas grandes. Sólo llena el corazón humano la palabra de Dios.

3. “Sed pastores del rebaño de Dios que tenéis a vuestro cargo” (1Pe 5,2)

Para perpetuar su misión pastoral en la Iglesia, Cristo eligió a hombres entre los hombres. Los llamó para estar con él y para enviarlos a anunciar el Evangelio.

El apóstol San Pedro, en la segunda lectura, trazaba el estilo del gobierno pastoral en la Iglesia. El servidor del Evangelio nunca se impone, ni impone el mensaje que transmite; lleva la Buena Noticia que ha recibido y a la que quiere servir porque ha sido tomado por ella, y lo hace convencido, porque la evangelización es un acto de amor, ya que da a los hermanos lo mejor que tiene, a Cristo.

El Sacerdote no busca ganancia en la predicación, ni su propio interés o la conquista de la fama y el bienestar personal; sólo busca el bien de los demás, el que Cristo sea conocido y amado, y lo hace con generosidad, negándose a sí mismo, gastando y desgastando la propia vida.

En definitiva, el pastor al estilo de Cristo, ha de ser modelo del rebaño. Las virtudes de un sacerdote son un ejemplo para el pueblo; los pecados, motivos de perdición. El pueblo quiere y necesita sacerdotes santos; un sacerdote no se puede conformar con menos de aspirar a ser santo.

El sacerdote ha sido llamado y consagrado para ser “administrador de los misterios de Dios” (1Cor 4,1); esto quiere decir, que el sacerdote se define “como testigo de la verdad de Dios y como ministro de la gracia de Cristo, como anunciador y como santificador” (cfr. Cantalamessa. El alma de todo sacerdocio, p. 59). El anuncio del Evangelio y la celebración de los sacramentos define la misión del ministerio sacerdotal en la Iglesia. Ambas expresiones de la misma misión no se contradicen, todo lo contrario, son la realización del ministerio pastoral; no hay contradicción entre el ministerio profético y el sacerdotal.

4. Queridos hijos, Pablo y Valeriano, dentro de unos instantes vais a recibir la gracia del sacramento del orden sacerdotal por la imposición de mis manos y la oración consagratoria.

Es conveniente que consideréis la grandeza del don que recibís y que os configura con Cristo, Cabeza y Pastor de la comunidad, llamados a hacerlo presente en medio de los hermanos. Esto tiene que despertar en vosotros el agradecimiento por tanta gracia en medio de vuestra debilidad personal. Habéis de identificaros con Cristo de tal manera que toda vuestra persona y vuestra vida se conviertan en transparencia de Cristo para aquellos que se acerquen a vosotros; no caigáis en la estéril vanidad de pensar que la gente os busca a vosotros; no, queridos hermanos, el pueblo busca a Cristo en vosotros y quiere encontrar a Cristo en vosotros. Dad gracias al Señor, cada día, por el sacerdocio; renovad constantemente vuestro Sí; ofreceros al Señor por el bien del pueblo que os ha sido confiado.

Queridos hijos, el alma del sacerdocio está en la relación personal, llena de confianza y amistad, con la persona de Jesús. El ministerio sacerdotal no es, no puede ser fecundo, sin una relación personal e íntima como el Señor. Necesitáis orar cada día, pasar tiempo delante del Señor que está en nuestros Sagrarios para hablarle de vosotros y de vuestra gente, de vuestra vida y de la comunidad a la que servir. No olvidéis nunca que más importante que hablar de Él es hablar con Él. Los proyectos pastorales desde la oración constante y prolongada adquieren valor y sentido nuevos; lo demás será puro activismo, infecundo siempre.

Nos somos funcionarios o ejecutivos de una gran empresa; somos siervos de Cristo, pero lo que marca la diferencia entre ambos es el amor. El Señor sigue preguntándonos como a Pedro: ¿me ama?, y espera la respuesta de mis labios y de mi corazón: “Señor, sabes que te amo”. El pastoreo en la Iglesia es consecuencia del amor a Cristo.

Permitidme mis queridos hermanos que vais a recibir el orden de los presbíteros que como hermanos os recuerde.

· La necesidad de ser, y el peligro de poner todas las fuerzas en lo que hacemos, pues impide mostrar lo más importante, nuestro ser, nuestra identidad. Lo que realizamos si no lo hacemos desde lo más profundo de lo que somos, se quedará en actos vacíos, quizás recogerán algún aplauso que se olvidará enseguida. Lo único que permanece es la huella de la santidad, no se quedan en la memoria de las comunidades los curas simpáticos, quedan los santos. Redescubrir cada día, delante de Dios, lo que somos, profundizar en el don recibido y responder con generosidad hacen que se muestre la verdadera esencia del sacerdocio. Dios y no las cosas de Dios, como recordaba el Cardenal Van Thuan; las cosas pasan, también las realizadas como un bien, lo único que permanece es Dios. Nosotros somos testigos de Dios, las cosas son instrumentos para acercar a los hombres a Dios y Dios a los hombres; pero los instrumentos siempre tienen caducidad, Dios es eterno

· Buscar siempre los esencial, mostrad el ideal. Un sacerdote siempre tiene cosas que hacer, el trabajo pastoral nos exige más tiempo del que nos da el día. Una tentación sería atender siempre a lo urgente, dejando para después lo importante que nunca llega; así quedan para otro momento: la oración, la Eucaristía celebrada con paz y fervor, atender a los hermanos en el sacramento de la penitencia, visitar a los enfermos, dedicar tiempo a escuchar como Padre a los que vienen a mi; estudiar y preparar la predicación de la Palabra de Dios. Dejemos lo urgente, volvamos a lo importante.

· Vivir de acuerdo con lo que sois. El testimonio diario de nuestra vida y ministerio es un medio indispensable de nuestra evangelización. Nuestro modo de vida tiene una fuerza incomparable para nuestros fieles; nuestra vida se convertirá también en un gran interrogante frente a una cultura que ha olvidado, y ya desconoce, el estilo evangélico de vida. Hemos de ser, pobres y austeros, mostrando donde está la verdadera riqueza, amigos y hermanos de los pobres que han de encontrar en nosotros el amor de un Dios que se preocupa de ellos. Obedientes a la voluntad de Dios, en la comunión de la Iglesia y con sus Pastores. Célibes por el Reino que es “tener un corazón de acero para la castidad y un corazón de carne para la caridad” (L. Lacordaire, citado por R. Canatalamessa, El alma de todo sacerdocio, p. 54).

5. Queridos hermanos, pidamos al Señor por estos hermanos nuestros que hoy se consagran al Señor en el Orden sacerdotal, para que sean fieles a la llamada, y sean luz y testimonio en medio del mundo.

Pidamos para que Dios siga bendiciendo a nuestra Diócesis y a la Iglesia entera con santas y numerosas vocaciones al ministerio sacerdotal y a la vida consagrada; que sean cada vez más lo que se deciden a seguir al Señor y servirle en los hermanos.

Pidamos la perseverancia de todos los que han sido llamados, que con el testimonio de sus vidas hagan más hermoso y fecundo el rostro de la Iglesia.

Volvemos la mirada a Santa María, la Virgen, Madre de la Iglesia, Madre de los sacerdotes, que veneramos como Virgen de las Angustias, que nos enseñe, como ella lo hace, a llevar a Cristo a los hombres, y nos recoja entre sus brazos, para con Cristo llegar a la gloria eterna.

Que los Santos Ángeles custodios, cuya memoria celebramos hoy, nos guarden en el camino de la fidelidad a Cristo, Buen Pastor de nuestras almas.

+ Ginés García Beltrán

Obispo de Guadix

Obispo D Gines-Misa Crismal 20100330_32 Ya está subida la homilía de Mons. Ginés García Beltrán en la Solemnidad del Corpus Christi, predicada el 6 de junio de 2010 en la catedral de Guadix. En ella encontramos enseñanzas como la de este párrafo entresacado de la misma:

Pero el pan material no es suficiente para que el hombre pueda vivir, el hombre necesita más; ninguna realidad creada puede satisfacer los anhelos del corazón humano. Necesitamos una comida que sacie el hambre que el hombre tiene de trascendencia, el alimento que lo introduzca en un horizonte más amplio que el que ven sus sentidos físicos. El hombre necesita a Dios, busca a Dios, tiene hambre de Dios”.

Se puede leer completa pulsando aquí:

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HOMILÍA EN LA APERTURA AL CULTO PÚBLICO DE LA CAPILLA EN LA SEDE DE LA CURIA DIOCESANA

Guadix, 13 de Mayo de 2010

Queridos hermanos, colaboradores del Obispo en el gobierno de la Diócesis:

Nos hemos reunido esta mañana para celebrar la eucaristía en esta capilla instalada en la sede de la Curia diocesana. Es un hecho de una gran fuerza simbólica no sólo para los que trabajamos en este lugar, sino para todos los que a él se acerquen por los motivos que sean.

He querido que la capilla de esta Casa esté abierta al culto público para expresar que el centro del gobierno y de las actividades de la vida diocesana está en el Sagrario. El centro de la Iglesia es el Señor, y no sólo lo hemos de proclamar así, sino que lo hemos de vivir con toda claridad y radicalidad en el quehacer de cada día.

La capilla abierta cada día, la luz encendida ante el Sagrario nos señala que el Señor de esta Casa es Él, Jesucristo. Que todos trabajamos para Él; que a la hora de reflexionar, de hacer, de tomar decisiones hemos de mirarlo a Él; que el criterio que hemos de buscar es el que se encierra en su voluntad y no en la búsqueda de ser reconocidos y alabados por los demás. La capilla debe ser el recuerdo de quién somos y para quién somos.

Cuando llegamos, cuando nos vamos, cuando esperamos, ¿por qué no volvernos a Cristo que está real y verdaderamente presente en la Eucaristía? El centro de esta Casa es esta habitación donde Cristo nos llama y nos envía a trabajar en su viña.

El misterio eucarístico configura a la Iglesia, es el molde en el que se debe construir cada día esta Iglesia. Y, si bien es verdad que este es el principio más profundo, íntimo y espiritual de la Iglesia, no es menos cierto que su realidad externa, su cara externa debe responder a su esencia más íntima de la Iglesia, es decir, también debe ser configurada por la Eucaristía. El gobierno de la Iglesia no se identifica con el gobierno humano sin más, es un gobierno basado en el ejemplo del Señor que se hizo siervo de todos, servicio que alcanza su expresión más clara en la entrega; regir es servir, y servir hasta el extremo, como Cristo. Si la vida cristiana tiene forma eucarística, la autoridad en la Iglesia también ha de tenerla. Cristo es la medida de todo.

La acción de gobierno en la Iglesia busca la salvación de las almas (can. 1752), y no hay salvación sino en Cristo que se entregó hasta la muerte y una muerte de cruz (Flp 1,8); buscamos el bien común, pero también, y sobre todo, el bien de todo el hombre, de cada hombre. En cada persona que se acerca a nosotros hemos de ver a Cristo que nos llama a hacerlo presente. La acogida, el modo como tratamos a los que aquí se acercan, se convertirá en la imagen de la Iglesia que reciban. Esto es una grave responsabilidad para nosotros. Hemos de pensar este hecho: nuestra imagen es la imagen de la Iglesia. Esforcémonos por mostrar el mejor rostro de la Iglesia, mostremos la cercanía y la misericordia de Dios.

Deseo que en medio de las muchas actividades que conlleva el gobierno de la Diócesis, del ir y venir de la vida de esta Casa, esté Cristo iluminando nuestro ser y nuestro hacer; que el ruido de la actividad se vuelva silencio en esta sala; que las preocupaciones de la vida se conviertan en paz y descanso ante Cristo que nos escucha; que las prisas se paren para adorar al Señor. Y que de aquí brote el espíritu de la misión y el compromiso con los hombres nuestros hermanos, un compromiso que, nacido del Corazón de Cristo, será siempre un compromiso de caridad.

Quisiera que algún día esta capilla fuera lugar de adoración eucarística; que algún día de la semana, el Santísimo permaneciera expuesto para la adoración de todos los que quieran, sería un signo y un ejemplo para toda la diócesis; no sería descuido de nuestra actividad, ni relajación en las tareas; todo lo contario, será poner alma a lo que hacemos, dar sentido a este trabajo, tantas veces duro y hasta incomprendido.

Invito a todos a vivir el espíritu que lleva esta apertura de la capilla episcopal al culto público. Que sea espacio para orar por la Iglesia, por nuestra diócesis, por sus necesidades y por todas las necesidades de nuestros hermanos.

Que María, la Mujer eucarística, la que llevó en su seno a Jesucristo, el Señor, nos ayude a ser testigos de su presencia en el mundo. Que escuchemos de sus labios las palabras que un día dirigió a los sirvientes de las bodas de Caná y que cada día nos dice: “Haced lo que Él os diga” (Jn 2,5).

+ Ginés García Beltrán

Obispo de Guadix

EUCARISTÍA DE INICIO DEL CURSO PASTORAL
HOMILÍA


Guadix, 9 de Octubre de 2011
Baza, 9 de Octubre de 2011


Queridos hermanos sacerdotes;
Seminaristas, miembros de los institutos de vida consagrada;
Saludo a los que ejercéis algún ministerio en el campo de la pastoral parroquial y diocesana, a los miembros de las asociaciones y movimientos eclesiales, a las hermandades y cofradías.
Queridos hermanos y hermanas en el Señor:

1. En esta eucaristía del XXVIII domingo del tiempo ordinario damos comienzo oficialmente al curso pastoral en nuestra diócesis. En estos días, también las distintas parroquias y comunidades ponen en marchan las acciones pastorales.

Este año en nuestra diócesis comenzamos un Plan de evangelización que iluminará y orientará la vida diocesana durante los próximos cinco años. Queremos ponernos a la escucha del Espíritu para descubrir lo que quiere decir a nuestra Iglesia. Para ello, hemos de escuchar la Palabra de Dios, conocerla y meditarla, pues será esta Palabra la que ilumine nuestro camino y nos haga creíbles en medio de este mundo en que Dios nos ha puesto para evangelizar.

Homilía de Mons. Ginés García, obispo de Guadix, en la Misa de Envío a la JMJ, celebrada en la catedral de Guadix el 15 de agosto de 2011.

Se puede escuchar gracias a la grabación que hizo Sagrario Rosa, de Baza, para Radio María

 

HOMILÍA EN LA ORDENACIÓN DE UN DIÁCONO

SOLEMNIDAD DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE LA VIRGEN MARÍA

Huéscar, 8 de diciembre de 2014

Queridos hermanos sacerdotes.

Sres. Vicarios general.

Rectores de los Seminarios de San Torcuato de Guadix y San Fulgencio de Murcia y formadores

Sr. Cura Párroco y sacerdotes de la parroquia.

HOMILÍA EN EL SEGUNDO DOMINGO DE ADVIENTO

ACCIÓN DE GRACIAS POR LA BEATIFICACIÓN DE

MONS. ÁLVARO DEL PORTILLO

Guadix, 7 de diciembre de 2014

Queridos hermanos y hermanas en el Señor:

  La liturgia de este segundo domingo del Adviento pone ante nuestros ojos la figura de Juan, el Precursor; es la voz que grita en el desierto para que dispongamos nuestros corazones a la espera del Señor que viene.

Baza, 8 de Septiembre de 2014

  Este año no es un año más en la historia de la ciudad de Baza, y en la devoción del pueblo bastetanos que honra, con su amor y devoción filial, a la Virgen Santísima, con el nombre de Piedad. Más de cinco siglos se resumen aquí, esta mañana, al declarar Patrona de la Ciudad de Baza a la Virgen de la Piedad. Es la fe y devoción de un pueblo que hoy encuentra eco en el que es Sucesor del apóstol Pedro, el Papa Francisco, que a través de la Congregación del Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, ha confirmado y aprobado la elección que he hecho como Co-Patrona de Baza de la Virgen de la Piedad, a petición vuestra, queridos bastetanos.