+Ginés, Obispo de Guadix

+Ginés, Obispo de Guadix

Queridos hermanos y hermanas:

La mirada de un niño es una de las estampas más tiernas y conmovedoras con las que nos podemos encontrar en la vida. En la mirada de los pequeños se transmite inocencia pureza, es una mirada limpia, sin dobleces, sincera; la mirada de un niño transmite como ninguna otra la alegría, pero también la tristeza más profunda. Cuando vemos la mirada de esos niños a los que falta lo necesario para vivir: pan, casa, familia, salud, vestido, educación, estamos palpando una tristeza que implora y no agrede, se nos muestra la tristeza impotente del que no sabe pedir, por eso mira, sus ojos son ya una petición, un grito de auxilio a tantos hombres y mujeres de buena voluntad.

Ellos no tienen voz, pero nosotros sí la tenemos; por eso, debemos y queremos gritar que los niños tienen derechos que son inviolables. Nuestra humanidad nos exige reconocer que hay muchos niños, millones de niños, como los nuestros del mundo desarrollado, que no tienen lo esencial para crecer y vivir con dignidad. No vale mirar a otro lado, apartar la vista; todos somos responsables del destino de estas criaturas. Mucho más los cristianos que en cada hombre vemos la imagen misma de Dios; y en cada niño los primeros en el Reino de los cielos.

La Campaña de Manos Unidas de este año mira a estos niños con necesidad. Quiere unirse a uno de los objetivos de Desarrollo del Milenio de UNICEF, “la lucha por la reducción de la mortalidad infantil” (n.4). Se nos recuerda que cada día mueren en el mundo 29.000 niños menores de 5 años; es decir, la escalofriante cifra de 11 millones de niños al año, sobre todo, por mal nutrición. Así de sencillo y así de cruel, porque no tienen para comer.

El lema elegido para esta campaña: “Su mañana es hoy”, nos recuerda que para ellos no hay mañana, que no pueden mirar al futuro porque no lo tienen. No vale el “vuelve mañana porque no puedo hoy”; mañana ya no estarán. Tampoco es motivo nuestra crisis, ellos la tienen siempre. A nosotros todavía nos sobra, a pesar de todo; a ellos les falta lo más esencial para vivir. Un pequeño esfuerzo, desprendernos de un poco, supone la vida para ellos. Nuestra solidaridad salva vidas, crea vida.

Difícil reto, pero no meno hermoso, para una organización como Manos Unidas que acaba de celebra sus Bodas de Oro y se ha visto reconocida por la concesión del premio Príncipe de Asturias de la Concordia. Con todos los que forman esta familia de Manos Unidas damos gracias a Dios porque pone en nuestros corazones todos los buenos sentimientos para trabajar por un mundo que se asemeje al que Dios ha querido.

Nuestra diócesis quiere seguir siendo parte de este proyecto de caridad cristiana. Este año queremos llevar adelante dos proyectos en el ámbito de la educación en África. Uno de ellos en Uganda, se trata de la construcción de un dormitorio femenino en la escuela secundaria de Oluko (42.165 €); el otro, la construcción de un bloque de aulas en la escuela primaria de Nijercem, en Nigeria (7.374 €). Lo que hace un total de 49.539 € (más 8 millones de las antiguas pesetas).

Os animo a todos a seguir colaborando con Manos Unidas; unos como voluntarios, otros con vuestra aportación comunitaria. Todos en el compromiso con el hombre que es imagen de Dios. Dice el Señor en el evangelio que no quedará sin paga ni un vaso de agua que demos a los que lo necesitan. De ante mano que Dios os lo pague.

La mirada de los niños del tercer mundo nos interroga, nos intranquiliza, pero al mismo tiempo, nos hacen sacar lo mejor de nosotros mismos, lo auténticamente humano. Que esas miradas se tornen de alegría porque han descubierto que éste es un mundo de hermanos.

Con mi afecto y bendición.

+ Ginés, Obispo de Guadix.

Queridos hermanos sacerdotes:

Es bien conocido que el próximo día 28, a las 20 horas, quedará vacante la Sede de Roma, por la renuncia de nuestro amado Papa Benedicto XVI.

En este momento no podemos más que expresar nuestro agradecimiento al Supremo Pastor de la Iglesia, Jesucristo, por la persona y el ministerio de Su Santidad el Papa Benedicto XVI. Los próximos años y la historia nos irán mostrando la grandeza de este pastor, sabio y humilde, que ha guiado con suavidad y fortaleza a la Iglesia en un momento delicado de su historia. Su visión clarividente del mundo y de los designios de Dios sobre él; su palabra sencilla, profunda, fundamentada y elocuente; sus gestos claros, y hasta su sufrimiento, han sido una guía fundamental en nuestras vidas y quehacer pastoral.

Ahora corresponde al Colegio de los Cardenales elegir al nuevo Sucesor del apóstol Ssan Pedro. Entramos en un tiempo de Sede vacante, a la espera de acoger al que viene en el nombre del Señor para ser Vicario de Cristo

Pensando en orientar la vida pastoral de esta iglesia diocesana durante el tiempo de Sede vacante, establezco lo que sigue:

  1. A partir de las 20 horas del próximo día 28 de febrero, no se nombrará al Papa en la plegaria de la Misa, en el rezo de la Liturgia de la Horas, o en cualquier otra oración.
  2. Aunque las normas litúrgicas prohíben celebrar misa votivas en el tiempo de Cuaresma, autorizo y pido que se celebren, en el modo y tiempo establecido, siempre fuera del domingo, la Misa “Para elegir a un Papa o a un Obispo”, recogida en el Misa Romano, en las Misas por diversas necesidades, n. 4.
  3. Dentro de todas las Misas, de las demás celebraciones, así como en el rezo de la Liturgia de las Horas y demás oraciones, se hará una petición por el próximo Papa y por el Colegio de los Cardenales que tiene como misión elegirlo, para que Dios, nuestro Señor, le dé la luz necesaria para elegir según la voluntad de Dios.
  4. En aquellos lugares donde se tiene la adoración eucarística, pídase por esta intención.
  5. Pido de un modo especial a las religiosas de vida contemplativa que intensifiquen su plegaria por la misma intención
  6. Del mismo modo, pido a todos los fieles de esta diócesis que, de modo particular, recen por el próximo Sucesor de San Pedro; ofrezcan, especialmente los enfermos, sus dolores y sufrimientos por la Iglesia y por el Papa. Y todos vivamos en una actitud de auténtica comunión con la Iglesia y con el Vicario de Cristo, del que no sabemos el nombre, pero por el que ya sentimos afecto filial y nos adherimos en la obediencia de la fe.

Una vez que se conozca la elección del nuevo Santo Padre,

  1. Todas las campanas de la diócesis serán echadas al vuelo en señal de acogida y adhesión a la persona del nuevo Papa, expresión de la alegría de toda la Iglesia.
  2. En la Plegaria eucarística y en las oraciones que así lo establecen, se nombrará al nuevo Papa.
  3. En su momento se anunciarán las Misas de acción de gracias.

Encomendamos al Señor, por medio de la Virgen Santísima, este momento de la Iglesia, con la confianza que Dios nos ha de dar el Pastor que necesitamos en este momento de la historia.

Con mi afecto y bendición

+ Ginés García Beltrán
Obispo de Guadix

Queridos diocesanos:

La próxima semana -3 al 8 de marzo-, realizaré la visita “Ad Límina Apostolorum” a Roma, junto a todos los obispos de España. Será mi primera Visita Ad Límina como Obispo.

Esta visita que realizan a Roma todos los obispos del mundo cada cinco años es un signo de comunión entre los que presiden en la caridad cada una de las iglesias particulares extendidas por todo el mundo y el Obispo de Roma, centro y signo de la unidad de la Iglesia. Es un encuentro marcado por la fraternidad y la solicitud por todas las iglesias, encargo que es propio del ministerio de los obispos.

La finalidad de esta visita es venerar los sepulcros de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo y encontrarse con el Papa como Sucesor del apóstol Pedro, además de visitar los distintos organismos de la Curia romana, como colaboradores que son del Santo Padre en el gobierno de la Iglesia universal.

Antes de realizar la visita, cada Obispo ha enviado a Roma un informe extenso sobre el estado de la Diócesis en los últimos cinco años, lo llamamos “Relación quinquenal”. A través del este informe el Papa conoce cada diócesis y puede ofrecer una palabra de luz y de aliento al Obispo para que esa Iglesia continúe con su misión evangelizadora. Espero con mucha ilusión lo que el Papa quiera decirnos.

La visita que el Obispo realiza a Roma no es un acto administrativo, ni una visita de cortesía o control, es el encuentro que hace visible la comunión de la Iglesia. No se encuentran instituciones sino personas; la Iglesia no son sus instituciones sino la comunión de los bautizados. Es bueno conocerse y expresar la fe, la esperanza y el amor que nos une. El abrazo entre Pedro y los demás sucesores de los apóstoles es muy fecundo para la Iglesia

A esta visita, el Obispo no va sólo. Lo acompaña toda la comunidad diocesana. El Obispo lleva en su corazón y en sus palabras, para transmitirlas al Papa, las ilusiones y las esperanzas, las angustias y los sufrimientos de todos vosotros. El día que hable con el Papa estaréis presentes todos vosotros, ninguno se quedará fuera; desde los lugares más pequeños hasta los más grandes, los que sois practicantes y los que no lo son. Estoy seguro que el Papa Francisco sabrá que en el corazón del Obispo cabe todo su pueblo, que sus palabras son las vuestras y sus sentimientos los vuestros.

En la visita Ad Límina quiero expresar y transmitir lo que ha sido y es un signo de identidad de esta Iglesia accitana: la fidelidad, unión y adhesión al Sucesor de Pedro. Muchos siglos de historia que miran al futuro con esperanza e ilusión, convencidos de que en nuestra pobreza, en nuestras limitaciones, reside la fuerza del Resucitado que nos invita a continuar anunciando su Nombre a nuestros contemporáneos. La figura del Papa nos recuerda que no estamos solos, que formamos parte de una gran familia que se extiendo por todo el mundo y a lo largo de la historia hasta llegar al cielo donde están los que nos han precedido en la aventura de la fe y la evangelización.

Queridos hermanos y hermanas, os pido que me acompañéis en esta visita con vuestra oración y con el ofrecimiento de vuestros sufrimientos. Venid espiritualmente a Roma para hacer la profesión de fe en los sepulcros de los que han sido columnas del cristianismo, Pedro y Pablo; escuchemos lo que el Papa nos quiere decir, y renovemos el amor a la iglesia, que es nuestra madre.

Pongo esta visita, experiencia de comunión, bajo el amparo de la Virgen Santísima, ella que acompaña el camino de la Iglesia, acompañe el nuestro para ser en medio del mundo testigos del amor de Dios.

Con mi afecto y bendición.

+ Ginés, Obispo de Guadix.

Queridos hermanos y hermanas en el Señor:

El IV Domingo de la Pascua nos muestra cada año la imagen del Jesucristo, Buen Pastor. En esta imagen se nos revela el corazón mismo de Dios y su cercanía a los hombres. Es el modelo de aquel que vive para los demás; para el que el interés y la preocupación están en que los demás tengan vida y la tengan abundante.

Jesús es nuestro Buen Pastor. Él nos recoge y nos acompaña, cuida de nosotros con amor y ternura, y nos alimenta con su Palabra y con su Cuerpo y Sangre. Jesús no nos da, se da a sí mismo. Y lo hace también a través de la vida y el ministerio de hombres y mujeres que son sacramentos de su presencia en medio de la Iglesia y del mundo. Antes de subir al cielo, el Señor nos regaló el don de su presencia “hasta el final de los tiempos” (Mt 28,20). Esta promesa se realiza cada día en aquellos que han sido llamados a hacerlo presente en la comunidad, ya sea en el sacerdocio ministerial o en la vida consagrada. Por eso también nos invitó: “Rogad, pues al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies” (Mt 9,38).

Desde hace más de 50 años, la Iglesia celebra en este domingo la Jornada mundial de oración por las vocaciones, que en España hemos hecho coincidir por la Jornada de las vocaciones nativas. Es un día para cumplir lo que el mismo Señor nos pidió: orad para que no falten los trabajadores en la mies de la evangelización.

Pedimos que los hombres y mujeres de hoy, especialmente los jóvenes, estemos abiertos a la llamada de Dios. Que no nos asusten las sorpresas de Dios, ¡es bonito dejarse sorprender!, y en uso de la libertad más auténtica decirle al Señor: yo quiero ir contigo, estar contigo, vivir contigo, contigo hasta el final. La llamada de Dios siempre sorprende porque saca a uno de sí, lo desinstala; lo invita a vivir una aventura gozosa, la del seguimiento de Cristo. El camino, es verdad, tiene dificultades, y cuál no lo tiene, pero tiene también la alegría inmensa de no estar sólo, de sentir la presencia real de Cristo que viene contigo para fortalecerte y llevarte al encuentro con los demás. Sí, el encuentro con Cristo es siempre un encuentro con los demás.

Dios sigue llamando, ¿por qué los hombres no le responden? No es momento para hacer análisis de las causa de la falta de vocación. Es momento para renovar el entusiasmo del encuentro con Cristo, y así, sencillamente, decírselo a los demás. Dios no priva de la libertad, todo lo contrario; Dios nos da libertad y nos hace caminar por sendas de felicidad. El que tiene a Dios vive la felicidad como lo más simple y natural del mundo; y lo más importante, la deja por donde pasa.

¡Qué bueno caminar contigo!, dice el lema de la Jornada de este año. Es verdad, qué bueno es caminar con el Señor, poder hablar con Él, contarle mis cosas; qué bueno sentarnos con Él en el camino y compartir la mesa y la amistad; qué bueno saberse sostenido y fortalecido en los momentos de la prueba y levantado cuando has caído; qué bueno tener un hombro donde descansar; qué bueno tener una comunidad de hermanos con los que compartir la fe y la vida.

Caminar con el Señor es saber que el camino de la vida tiene una meta, por eso, cada paso tiene su sentido, también los que no parecen tenerlo. Si el Señor te llama, lo mejor es decirle que sí. Es hermoso decirle al Señor: Tú me llamas y yo me fío de ti, sé que tú pondrás lo que a mí me falta para cumplir la misión que me encomiendas. Tú lo serás todo en mí.

Os invito a pedir por las vocaciones, y a ser altavoces por los que el Señor sigue llamando. La vocación siempre tiene mediaciones, y nosotros podemos ser esa mediación que un joven necesita para escuchar la llamada del Señor y decirle sí con generosidad.

Quisiera terminar con la misma llamada que hace el Papa Francisco a los jóvenes en su Mensaje para esta Jornada de oración: “Esta dinámica del éxodo, hacia Dios y hacia el hombre, llena la vida de alegría y de sentido. Quisiera decírselo especialmente a los más jóvenes que, también por su edad y por la visión de futuro que se abre ante sus ojos, saben ser disponibles y generosos. A veces las incógnitas y las preocupaciones por el futuro y las incertidumbres que afectan a la vida de cada día amenazan con paralizar su entusiasmo, de frenar sus sueños, hasta el punto de pensar que no vale la pena comprometerse y que el Dios de la fe cristiana limita su libertad. En cambio, queridos jóvenes, no tengáis miedo a salir de vosotros mismos y a poneros en camino. El Evangelio es la Palabra que libera, transforma y hace más bella nuestra vida. Qué hermoso es dejarse sorprender por la llamada de Dios, acoger su Palabra, encauzar los pasos de vuestra vida tras las huellas de Jesús, en la adoración al misterio divino y en la entrega generosa a los otros. Vuestra vida será más rica y más alegre cada día”.

María, la Virgen, es un modelo para nosotros por su disponibilidad a los planes de Dios. Ella es la vocación por excelencia, porque con su Sí trajo a nuestra historia al Hijo Eterno del Padre; del mismo modo, nos anima y ayuda a seguir trayendo a Cristo a los hombres de hoy. Pidamos que la Reina de las Vocaciones acompañe el camino de los llamados para que respondan con generosidad y vivan con fidelidad.

+ Ginés, Obispo de Guadix

Queridos diocesanos:

El cuarto domingo de la Pascua tiene un marcado carácter pastoral, me refiero a que es el domingo del Buen Pastor. Las lecturas de la Eucaristía de este domingo, a lo que se une toda la liturgia, nos presentan a Jesús como el Buen Pastor. Es Él quien nos conoce y nos llama por nuestro nombre, y somos nosotros los que escuchamos su voz, y reconocemos al que nos ama y quiere lo mejor para nosotros. El Buen Pastor de nuestras almas nos reúne en un solo redil para alimentarnos con su Palabra y con su Cuerpo. Por Él, que es la Puerta, entramos en la salvación.

La Iglesia nos invita en este domingo a rezar por las vocaciones. Si cada día hemos de pedir al Dueño de la mies que envíe trabajadores a su mies, en este día lo hemos de hacer de modo especial. La mies es mucha, sigue siendo mucha, y los trabajadores son pocos. Escuchar al Señor es un deber de todo cristiano, y hemos de hacerlo cada día. No vale decir que ya encontré mi camino, el camino hay que buscarlo y encontrarlo cada día, cada uno en la vocación a la que el Señor lo llama. Seguir la voluntad de Dios es el camino de la verdadera felicidad. No me cansaré de repetir que sólo es feliz el que hace lo que Dios quiere. Es también el camino de la auténtica libertad. Sólo es libre el que cumple la voluntad de Dios.

Por eso, oremos mis queridos hermanos y hermanas, para que los jóvenes abran sus oídos, y, sobre todo, su corazón para escuchar la llamada de Dios. Que Dios sigue llamando como lo ha hecho siempre, no me cabe la menor duda. El problema no está en la llamada de Dios, sino en la respuesta generosa de los hombres. Hay jóvenes que no escuchan a Dios, pero los hay también que escuchándolo tienen miedo a “tirar de la manta”, a arriesgar en una vida de especial consagración, ya sea en el sacerdocio o en la vida consagrada. La acomodación, el miedo, el hacer lo que todos hacen, impide a muchos jóvenes dar el salto para responder a la llamada de Dios a ser feliz. Hemos de rezar por estos jóvenes, para que no tengan miedo, para que digan sí, con la sencillez que lo dijo la Virgen María. El enemigo de “y si…”, si me equivoco, si no es mi camino, si no soy capaz, si tengo dificultades, hay que vencerlo con el arma de: “Señor, lo que tú quieras, cuando tú quieras, cómo tú quieras.

El camino de las excusas nunca es evangélico: lo voy a pensar, o primero voy a hacer una carrera, o cuando sea mayor, y así un largo etc. Si un joven cree que Dios lo llama, no ponga excusas, hágalo ahora, sin miedo, sumérjase en la maravillosa aventura del seguimiento del único Señor que llena el corazón humano.

Queridos hermanos y hermanas, oremos por las vocaciones, pero también creemos espacios donde pueden nacer y crecer las vocaciones. Las vocaciones necesitan un terreno propicio para nacer y para crecer. Hoy no hay más vocaciones porque no hay vida cristiana en los niños, adolescentes o jóvenes. Los espacios de encuentro con el Señor en la oración, la Palabra y los sacramentos son fundamentales. El acompañamiento espiritual es un arma imprescindible. El descubrimiento de tantos hombres y mujeres que nos necesitan, y no sólo materialmente sino espiritualmente también lo es. Cómo necesitan nuestras ciudades, pueblos y aladeas al sacerdote, su presencia, su cercanía, su afecto; en definitiva, necesitan el consuelo de la fe, necesitan al Señor. Es algo que veo y experimento cada día en mi visita a la Diócesis.

Dice el Papa en su mensaje para esta Jornada de oración: “La vocación es un fruto que madura en el campo bien cultivado del amor recíproco que se hace servicio mutuo, en el contexto de una auténtica vida eclesial. Ninguna vocación nace por sí misma o vive por sí misma. La vocación surge del corazón de Dios y brota en la tierra buena del pueblo fiel, en la experiencia del amor fraterno”. Los padres, los sacerdotes y los religiosos con los demás consagrados, todos los cristianos, somos responsables de preparar el campo para que los jóvenes escuchen la llamada del Señor y la sigan. Sencillamente es la contribución a su propia felicidad, y así al bien del mundo entero

No buscamos héroes, super-hombres; necesitamos hombres y mujeres, chicos y chicas enamorados de Cristo, que han descubierto que la vida es para darla. Como dice el lema de la Jornada de este año, hay que salir a darlo todo. Sí, todo. Entonces el joven y la joven descubren que están hechos para algo grande. Jóvenes, descubrid que estáis hechos para algo grande.

Unidos en la oración con María y con todo la Iglesia, pedimos al Señor que nos conceda el don de numerosas y santas vocaciones.

En Guadix, a 10 de Mayo, fiesta de San Juan de Ávila, Doctor de la Iglesia y Patrón del clero secular español.

                       + Ginés García Beltrán

                           Obispo de Guadix

Queridos hermanos y hermanas en el Señor:

La pobreza que sufren tantos hombres y mujeres en el mundo entero nos preocupa y avergüenza a todos. Parece mentira que esa multitud de gente, que hasta hace poco creíamos lejana, carezca de lo más esencial para la vida y dignidad de cualquier ser humano. Creo que la crisis económica por la que nosotros mismos pasamos nos ha hecho aun más conscientes de lo que significa carecer de lo esencial. La pobreza puede cambiar de lugar, todos podemos llegar a ser pobres, aunque antes hayamos vivido en la abundancia. Quiero decir con esto que la pobreza y sus consecuencias ni son lejanas ni nos pueden dejar indiferentes como si fuera un asunto que nada tiene que ver con nosotros.

Contra la pobreza hay que luchar. No podemos mirar a otra parte, ni dejar la responsabilidad a los demás. No valen las actitudes de indiferencia o conformismo ante la pobreza, que tiene rostros tan variados en el mundo de hoy. Tenemos que detenernos en sus causas, y actuar con audacia a la hora de adoptar medidas para erradicar el hambre y la pobreza en general. No podemos conformarnos con que las cosas son así, sino que hemos de cambiarlas, y cada uno lo ha de hacer desde su situación y desde sus posibilidades. La lucha contra la pobreza ha de ser general, no misión, incluso monopolio de algunos. Contra la pobreza hemos de luchar todos.

Esto es lo que hace, y a lo que nos invita este año, Manos Unidas. El ¿te apuntas? es una invitación, pero también una interpelación. Es la invitación a realizar un trabajo que humaniza, a construir un mundo mejor y más habitable para todos; pero es también una interpelación para no considerar la pobreza desde claves sólo macroeconómicas, como algo lejano y complejo, de difícil solución, sino como algo cercano. La pobreza es el pobre, y nuestra lucha contra la pobreza es caminar al lado de los pobres. Hemos de acercarnos a los pobres y caminar con ellos. El modo cristiano de lucha contra la pobreza no está sólo en lo que se hace, sino en cómo se hace, cuál es el estilo.

Después de esto, cabe preguntarse, ¿qué puedo hacer yo? Pues me atrevo a decir, sin que en esto haya recetas, que ante todo hemos de cambiar de actitud, situarnos ante la vida con otra visión, desde otra perspectiva. Hemos de ser conscientes de la realidad en la que vivimos, y para ello es fundamental la formación, que es mucho más que estar informados de lo que pasa en nuestro mundo. Podemos revisar nuestro consumo de las cosas, nuestra utilización del medio en el que vivimos, nuestra solidaridad real y no sólo sentimental con los pobres, nuestra participación en organizaciones que trabajan en la lucha contra la pobreza, en nuestra aportación real y económica para acabar con la pobreza.

Como cada año Manos Unidas – Campaña contra el Hambre de nuestra Diócesis, ha elegido un proyecto que se llevará a cabo, Dm, y con la aportación de todos nosotros. Se trata de la construcción de una Escuela de Bachiller en Madagascar. Esta escuela se construirá en una zona rural de Ambohibary, en la provincia de Antsibare, en el centro de la isla. Es una región montañosa con abundantes lluvias, donde los habitantes se dedican a la agricultura de subsistencia fundamentalmente. El colegio de San José, de las Misioneras de la Inmaculada Concepción, es el más grande la zona -1078 alumnos- pero no cuenta con la fase de bachiller, lo que los padres solicitan. En este momento, están en unas aulas provisionales, por lo que solicitan la construcción de cinco aulas, que tienen un importe de 42.470 Euros.

Estoy seguro que, como cada año, llegaremos a cumplir con este objetivo de la construcción de las aulas en Madagascar. Es lo que espero y lo que pido a todos.

Que el Señor nos conceda un corazón grande y fuerte para comprometernos en la lucha contra la pobreza. Que como la Virgen María sepamos salir de nosotros mismos y de nuestra comodidad para ir al encuentro de los hermanos más pobres.

Con mi afecto y bendición.

+ Ginés, Obispo de Guadix

Queridos hermanos y hermanas en el Señor:

La solemnidad de la Santísima Trinidad ha sido elegida en la Iglesia para celebrar en el misterio mismo de Dios, el don de la vida contemplativa. Es una oportunidad para acercarnos a aquellos hermanos y hermanas nuestros que han dedicado su vida a la alabanza divina y al amor fraterno en la contemplación. Los contemplativos son una riqueza para la Iglesia.

Este año la Jornada Pro Orantibus –por los contemplativos- tiene un marco muy singular: por una parte, el Año de la Vida Consagrada; por otra, el V centenario del nacimiento de santa Teresa de Jesús, una gran contemplativa, maestra de oración, además de reformadora del Carmelo. Por eso, el lema elegido para la Jornada está tomado de una de las palabras más conocidas y de más calado espiritual de la Santa de Ávila: “Sólo Dios basta”.

Con su vida, los contemplativos en la Iglesia, nos recuerdan que Dios es lo primero. Todo en la vida tiene y necesita su fundamento, también la existencia humana. El fundamento de la vida de un creyente es la convicción cierta que Dios lo ama, que su amor es el primero –“Él nos amó primero”-; así el hombre convencido y consolado por este amor construye su vida sobre esa experiencia que lo funda: el amor. La vida contemplativa es una vocación al amor primero; es elegir el fundamento y vivir de él y para él; no es una huida del mundo sino una entrega a lo que de verdad importa, a Dios.

El primer mandamiento dice: “Amarás a Dios sobre todas las cosas”. Es la consecuencia de haber experimentado el amor de Dios que sólo puede tener como respuesta el amor mismo; si Dios me ama, yo debo amar a Dios. Es la respuesta del corazón, de todo lo que somos, a la maravilla del amor hasta el extremo del Dios que se ha manifestado en su Hijo, Jesucristo, y en su entrega. Nadie pierde porque nuestro amor primero sea para Dios, todo lo contrario. Cuando se ama a Dios sobre todas la cosas ganan los demás, porque los amamos con el amor de Dios. Dios no roba nada al hombre, Dios lo da todo. Sólo Dios basta. Cuántos agobios y vacíos, cuántas soledades e incomprensiones podrían ser vencidas desde el amor a Dios. Las cosas, por muchas e importantes que sean no llenan el corazón del hombre, sólo Dios puede llenar nuestro corazón, pues el corazón humano está hecho por sus manos y con su horma. Encontramos nuestra medida cuando nos dejamos hacer por Dios. Este es el testimonio de los contemplativos.

Los religiosos dedicados a la contemplación ponen el centro de su vida cotidiana en la oración. La oración es un gran bien, Teresa de Jesús, Doctora de la Iglesia, nos lo enseña: “el gran bien que hace Dios a un alma que la dispone para tener oración con voluntad (...), que no es otra cosa la oración mental, a mi parecer, sino tratar de amistad estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos que nos ama” (Vida 8,5). “Cuando los tiempos son "recios", son necesarios «amigos fuertes de Dios» para sostener a los flojos (Vida 15,5). Rezar no es una forma de huir, tampoco de meterse en una burbuja, ni de aislarse, sino de avanzar en una amistad que tanto más crece cuanto más se trata al Señor, «amigo verdadero» y «compañero» fiel de viaje, con quien «todo se puede sufrir», pues siempre «ayuda, da esfuerzo y nunca falta» (Vida 22,6). Para orar «no está la cosa en pensar mucho sino en amar mucho» (Moradas IV,1,7), en volver los ojos para mirar a quien no deja de mirarnos amorosamente y sufrirnos pacientemente (cf. Camino 26,3-4). Por muchos caminos puede Dios conducir las almas hacia sí, pero la oración es el «camino seguro» (Vida 213). Dejarla es perderse (cf. Vida 19,6). Estos consejos de la Santa son de perenne actualidad. ¡Vayan adelante, pues, por el camino de la oración, con determinación, sin detenerse, hasta el fin! Esto vale singularmente para todos los miembros de la vida consagrada. En una cultura de lo provisorio, vivan la fidelidad del «para siempre, siempre, siempre» (Vida 1,5); en un mundo sin esperanza, muestren la fecundidad de un «corazón enamorado» (Poesía 5); y en una sociedad con tantos ídolos, sean testigos de que «solo Dios basta» (Poesía 9)”, son palabras del Papa Francisco al Obispo de Ávila con motivo del V centenario del nacimiento de santa Teresa de Jesús.

Os invito a todos, queridos diocesanos, a tener cerca los cuatro monasterios de vida consagrada que hay en nuestra diócesis. Pidamos por las monjas que viven en ellos, como ellas piden por nosotros; y vamos a decirle al Señor que toque el corazón de los jóvenes para que escuchen su llamada a seguirlo en la vida contemplativa.

María, la que guardaba todo meditándolo en su corazón, anime a nuestros contemplativos para seguir entregando su vida hasta el final. Que ella sea su ejemplo e intercesora.

Con mi afecto y bendición.

+ Ginés, Obispo de Guadix

Queridos hermanos cofrades:

Como cada año me dirijo a vosotros a través de estas letras para acompañaros en el camino cuaresmal que nos lleva hasta la Pascua del Señor. Es también una oportunidad para mostraros mi cercanía y apoyo a la misión que realizáis en la Iglesia, al tiempo que comparto con vosotros la fe que nos mueve.

La Cuaresma nos muestra un horizonte magnífico: el amor de Dios que nos ofrece la prueba más grande que el amor puede ofrecer, entregarse por el amado. Dios nos ha amado hasta el extremo en la entrega hasta la muerte, y una muerte en cruz, de su único Hijo, Jesucristo. De ese amor bebe y se sacia nuestra vida, del tal modo que no podemos guardarnos tanto amor sino que hemos de gritarlo y llevarlo a los demás para que experimenten el mismo gozo que nosotros experimentamos. Es esta la mejor noticia, el Evangelio que la Iglesia viene anunciando a lo largo de los siglos: Dios te ama, Dios te salva.

En esta ocasión quiero detenerme en dos temas que son consecuencia de ese amor de Dios que la Iglesia, y por tanto, las Hermandades y Cofradía, están llamadas a anunciar

Para el primero me inspiro en una expresión del Papa Francisco, cuando dice que la Iglesia ha de ser una “Iglesia en salida”. Pues parafraseando al Papa, quisiera deciros: Las cofradías han de ser cofradías en salida. No podemos encerrarnos en nosotros mismos, no podemos hacer el centro de la Hermandad nuestros problemas por muy grandes que sean, no es justo dedicar nuestro tiempo y energías a lo que menos importa. Las cofradías han de ser lugares de fe y para la fe, un hogar donde todos puedan acercarse y gustar la alegría del Evangelio. Nuestras Hermandades y Cofradías han de ser misioneras. Os invito, queridos cofrades, a salir de la comodidad, de conformaros con lo poco, de hacer siempre lo mismo, de pensar que ya estamos los que tenemos que estar. Nos seáis grupos cerrados donde nadie se puede acercar, liberaos de la tentación de sucederos a vosotros mismos, para que los demás vean en vosotros un Evangelio vivido y se atrevan a vivirlo también ellos. Vivimos un momento muy importante para la evangelización, en este momento no se necesitan “generales de ejércitos derrotados” sino “simples soldados de un escuadrón que sigue luchando” (cf. Evangelii Gaudium, 96).

La Iglesia en salida, dice el Papa, “es una Iglesia con las puertas abiertas”. Las puertas están abiertas para que otros puedan entrar, pero también para que nosotros podamos salir. No esperar a que vengan, sino salir a buscarlos para que vengan y vean el gran tesoro de nuestra fe, Cristo muerto y resucitado. Es importante acompañar a los hermanos y ayudarles a descubrir el tesoro de la fe. Salir “no implica correr hacia el mundo sin rumbo y sin sentido. Muchas veces es más bien detener el paso, dejar de lado la ansiedad para mirar a los ojos y escuchar, o renunciar a las urgencias para acompañar al que se quedó al costado del camino. A veces como el padre del hijo pródigo, que se queda con las puertas abiertas para que, cuando regrese, pueda entrar sin dificultad” (Evangelii Gaudium, 46). Los demás deben ver en nosotros una fe profesada en su integridad, celebrada en verdad y con sencilla solemnidad, y vivida en el cada día.

Cofradías en salida, porque esa es vuestra vocación, para llevar el Evangelio a la calle a través de las sagradas imágenes de los misterios de la pasión, muerte y resurrección del Señor y de su Santísima Madre, la Virgen María. Cofradías en salida para que todos puedan conocer y gustar la alegría de la salvación que nosotros ya conocemos y gustamos.

El segundo tema que os propongo es recurrente de otras cartas, pero fundamental para los cristianos, me refiero a la caridad.

El mensaje del Papa para la Cuaresma de este año se inspira en la segunda carta del apóstol San Pablo a los Corintios: “(Cristo) se hizo pobre para enriqueceros con su pobreza” (8,9). Este es el estilo de Dios, se hace pobre para que nosotros seamos ricos. Su riqueza, la que nos enriquece, es su modo de amar, un amor cercano, compasivo y lleno de ternura. La caridad es Dios mismo que es amor. Por eso vivir en Dios es vivir en el amor, vivir la caridad. Amar como Dios ama.

Estamos llamados, queridos cofrades, a vivir en la caridad y vivir la caridad para con los hermanos. Hemos de trabajar para aliviar las miserias humanas. Hay tres tipos de miseria: la material, la moral y la espiritual. A las tres ha de llegar nuestra caridad, porque las tres destruyen al hombre cuando se viven en la falta de confianza, de solidaridad y de esperanza. Y esto hemos de hacerlo cada uno particularmente, pero también como Hermandad. Sé que las cofradías, en general, os habéis tomado en serio la caridad, y de hecho tenéis una acción caritativa que crece cada día. Os lo agradezco de corazón y os invito a seguir por este camino. La caridad hace creíble la fe. Una Hermandad que no vive la caridad, que no la practica, no es creíble ni evangeliza.

Al llegar al final de mi carta, no quiero dejar de recordaros la importancia de vivir como verdaderos cristianos. Para que así sea, os invito a rezar cada día, a santificar el domingo participando en la Santa Misa, a confesar vuestros pecados con frecuencia, a vivir en comunión con la Iglesia y ser generosos con los hermanos.

Sigamos mirando a Santa María, la Madre del Señor; ella viene con nosotros también en el camino hacia la Pascua. Que su poderosa y materna intercesión nos ayude cada día a mirar a Cristo, origen y meta de nuestra fe.

Con mi afecto y bendición

+ Ginés García Beltrán
Obispo de Guadix

Queridos diocesanos:

Al acercarse el día 19 de marzo, solemnidad de San José, esposo de la Virgen María y patrono de la Iglesia universal, quiero llegar a cada uno de vosotros, los que formáis esta iglesia que camina en Guadix, para invitaros a mirar al Seminario, a nuestro Seminario. Me gustaría, y así lo pido, que el Seminario no fuera sólo objeto de nuestro interés en este día sino que lo fuera cada día del año. Como os he dicho en ocasiones anteriores la vitalidad de una iglesia se ve en la vitalidad de su Seminario. Y creo que todos queremos una diócesis viva.

El lema de la campaña del Seminario para este año es: “La alegría de anunciar el Evangelio”. En el horizonte del Día del Seminario y valiéndome de este lema os ofrezco una reflexión con la esperanza que os ayude a poner en vuestro corazón y en vuestra oración la esperanzadora realidad del Seminario.

No me imagino a alguien que quiera seguir a otro que transmite tristeza, falta de convencimiento o desesperanza; como no entiendo que alguien quiera comprar un coche o un ordenador con defectos de fabricación y al mismo precio que los que están en buen estado. Sencillamente sería inconcebible.

Pues así, sólo se puede anunciar el Evangelio con alegría, porque el Evangelio es Buena Noticia, es un mensaje de alegría. Anunciar el Evangelio es anunciar a Cristo que nos dice que todos vivimos en el amor de Dios. Que Dios es nuestro Padre y, por tanto, nosotros somos hermanos. Este anuncio no sólo cambia al hombre interiormente sino que cambia también su modo de relación con Dios y con los demás. No es lo mismo hablar con un extraño que hablar con tu padre, o hablar con tus hermanos. Esta relación familiar y gozosa cambia también el mundo, que no es ya un gran mercado sino una familia.

“La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús. Quienes se dejan salvar por él son liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento. Con Jesucristo siempre nace y renace la alegría”, nos dice el Papa en la Exhortación “La alegría del Evangelio”, en la que nos invita a “una etapa evangelizadora marcada por esa alegría” (n. 1).

Recuerdo que en mi adolescencia existía grupos de Iglesia, personas conocidas que se dedicaban a trasmitir una visión muy crítica, muy negativa de la Iglesia; y en mi pensamiento adolescente siempre me preguntaba cómo se podía formar parte de un grupo con tantas cosas malas, que tenía tantos defectos. Después de tantos años, sigo persuadido que sólo se sigue lo que se ama, y sólo se ama lo bello, la bueno, lo que llena el corazón. Y Cristo llena el corazón, y la Iglesia es la portadora de la alegría del Evangelio, aunque cada día está necesitada de purificación.

El Evangelio que es noticia alegre necesita mensajeros que vivan esa alegría, o lo que es mejor, que vivan de esa alegría. No puede haber evangelizadores tristes y carcomidos por la desesperanza. Vuelvo a citar al Papa Francisco cuando dice: “Una persona que no está convencida, entusiasmada, segura, enamorada, no convence a nadie” (EG, 266). ¿Cómo va a contagiar quien no tiene el virus?

Hago un llamamiento a todos los fieles, especialmente a los sacerdotes y a los consagrados, a ser testigos de la alegría del Evangelio. Que todo el que se acerque a nosotros, al menos se vaya cuestionado por nuestra vida. Que nuestra palabra transmita credibilidad, que perciban que me creo lo que digo y que lo intento vivir cada día. Un medio vocacional privilegiado es la alegría de los que hemos sido llamados. Si en nosotros encuentran amargura, cansancio, o desencanto, no querrán ser otros amargados.

Qué privilegio, qué honor es haber sido llamados por Dios a la fe. Qué gozo que Jesús se haya fijado en un chico y lo invite: “Ven y sígueme. La vocación es una gracia, una gracia que ha de valorar y agradecer el chico y su familia. Queridas familias, queridos padres, no impidáis la respuesta de vuestros hijos a los que el Señor llama a seguirlo en el sacerdocio; al contrario, rezad para que el Señor se fije en vuestros hijos, ayudarlos para que descubran la vocación y la sigan. Los padres que acompañan la vocación de sus hijos están escribiendo una página preciosa en el cielo. Por esta donación están contribuyendo a la salvación de los hombres.

El sacerdote es una prueba del amor de Dios, “El sacerdocio es el amor del corazón de Jesús”, decía el santo Cura de Ars. Dios quiere a su pueblo y no quiere que esté sólo, por eso lo acompaña con su ternura y su solicitud, y lo hace con voz de hombre, con manos de hombre, con corazón de hombre; lo hace a través de los sacerdotes. Un sacerdote actúa en la persona de Cristo, que es Pastor y Cabeza de la comunidad. Predica en nombre de Cristo, celebra los sacramentos en la persona de Cristo, y pastorea la comunidad como lo hace Cristo.

Queridos jóvenes, a vosotros me dirijo de un modo especial. A muchos os conozco y sé que trabajáis para ser cada día buenos cristianos; a otros, no os conozco, pero sé que no conocéis al Señor ni participáis en la vida de la Iglesia. Tampoco sé si llegaréis a leer estas letras. Por todos pido cada día, a todos os encomiendo a la misericordia de Dios. Por eso, desde ese afecto, permitidme que os recuerde lo que tenéis que preguntar al Señor cada día: “Señor, ¿qué quieres de mí? Hacedlo porque el Señor no os va a defraudar. Lo que os sintáis llamados por el Señor a la vida sacerdotal, no tengáis miedo, decid que sí porque seréis inmensamente felices. Es mi pobre experiencia: el que elige al Señor nunca se siente defraudado.

Jóvenes que cultivan su vida cristiana, que se toman en serio lo que ocurre a su alrededor, que no se conforman con lo que hay, serán los sacerdotes del futuro. Y no nos faltarán sacerdotes porque el Señor nunca abandona a su Iglesia. Pero cuidado con una tentación, la de pensar que el que tiene que ser sacerdotes es el de al lado, ¿Y tú por qué no?

Los jóvenes que se forman en nuestro Seminario - 4 en el Seminario menor y 4 en el Seminario mayor- son una prueba clara de que el Señor sigue llamando. Ellos también lo han pensado y han tenido dificultades, pero han dicho que sí, cada día renuevan su sí al Señor.

Queridos hermanos y hermanas en el Señor, ¿qué podemos hacer por el Seminario? Pues, lo primero y más importante, rezar. Cada día hemos de pedir por el Seminario y por las vocaciones, porque el Señor siempre escucha y concede lo que se le pide con fe y perseverancia. También crear un ambiente vocacional, donde la vocación sacerdotal sea algo normal y hermoso para un cristiano; transmitir, además, a los niños, adolescentes y jóvenes el gozo de la respuesta al Señor e invitarlos a acudir al Seminario y a las convivencias vocacionales. Invitar a los jóvenes a nuestras parroquias y enseñarlos a vivir como buenos cristianos. Y, aunque no sea lo más importantes, colaborar materialmente para el sostenimiento de nuestro Seminario.

Pidamos al Dueño de la mies, en unión con María, que llene de gracia a los seminaristas, los ilumine con la alegría del Evangelio y les de fortaleza para ser sus instrumentos humildes entre los hombres. Pedimos también por los que serán llamados, y por lo que ya lo son pero tienen miedo a decir que sí, para rompan la barreras que les impide ver el gozo de la entrega por amor.

A todos os doy mi afecto y bendición.

+ Ginés, Obispo de Guadix

La petición de los griegos expresada en el evangelio de San Juan, revela como pocas el deseo permanente que se esconde en el corazón humano. El hombre quiere ver a Jesús, quiere descubrir en su vida a Aquel que da respuesta a los grandes interrogantes de la condición humana, al que es capaz de colmar el deseo de plenitud al que aspira todo hombre.

Es Felipe, uno de los discípulos, el que hace de mediación para hacer llegar el deseo de aquellos hombres a Jesús, pero no va sólo, asocia a su encargo a otro discípulo, Andrés. Este texto evangélico nos lleva al corazón de la misión evangelizadora de la Iglesia. Los hombres quieren ver a Jesús, para ello se acercan a nosotros, los discípulos; esperan de los discípulos del Señor que los acerquemos a Él. Nuestra misión es acercar a los hombres a Jesús.

Pero aquellos peregrinos llegados a Jerusalén le dicen a Felipe que quieren ver a Jesús; esto es, que no basta que hablemos de Jesús, que hemos de hacerlo, sino que hemos de invitar y acompañar a los hombres que buscan hasta el mismo Jesús. La fe no es sólo saber sobre alguien, sino encontrarse con ese alguien que va a cambiar radicalmente mi vida; no se cambia por el saber sino por el encuentro con el otro. Cristo es el que cambia.

Cada año cuando llega el mes de Octubre, puesta en marcha la vida pastoral de nuestras iglesias, se renueva el espíritu misionero, esencia de la misma vida cristiana. La Jornada Mundial de las Misiones (DOMUND) nos recuerda que la Iglesia es misión, que la vida cristiana es misión. La misión de Cristo que continúa en la Iglesia, Cuerpo del Señor y Sacramento universal de salvación para el mundo. El debilitamiento del espíritu misionero es signo de la falta de vitalidad de la Iglesia. Iglesia viva es igual a espíritu misionero.

El Papa Benedicto XVI, en su mensaje misionero para este año nos recuerda que el Domund es “la ocasión de renovar el compromiso de anunciar el evangelio y de dar a las actividades pastorales un aliento misionero más amplio”. Cuando nos hacemos conscientes del don de la fe que hemos recibido, no podemos sino propiciar que ese don llegue también a los demás; el mundo se hace pequeño cuando nace en nosotros la pasión por anunciar a todos los hombres, sin excepción, a Cristo Señor y Salvador de mundo.

Vivimos en occidente un proceso de secularización que hace que muchos de los bautizados no tengan en cuenta a Dios en sus vidas; así las próximas generaciones no conocerán al Señor, por eso estamos empeñado en una nueva evangelización. Sin embargo, este hecho no puede ocultar la necesidad de la misión “Ad gentes”, es decir, que buena parte de los seres humanos que pueblan este planeta no han oído hablar nunca de Jesucristo ni de su salvación. Así, la primera evangelización sigue formando parte de la misión de la Iglesia, en la que todos estamos empeñados.

Os invito, queridos diocesanos, a renovar el espíritu misionero. Recemos por los que no conocen a Cristo y por los que dedican su vida a anunciar el Evangelio; trabajemos a favor de las misiones y colaboremos, en lo que esté en nuestras manos, en ayudar a las iglesias más jóvenes. Cada parroquia, cada comunidad y movimiento puede y deber llenarse de este espíritu misionero.

Os recuerdo, en palabras del Papa Pablo VI, que la evangelización es un acto de amor a favor de nuestros hermanos, ya que le damos lo mejor que tenemos, a Jesucristo, vida y salvación de los hombres.

En este mes de Octubre pedimos la protección de Santa María, bajo la advocación del Rosario, la Reina de las misiones. Que ella nos lleve a Jesús y nos introduzca en su misterio de amor, como hacemos al rezar el santo Rosario, meditación de los misterios de la vida del Señor, con el corazón y desde los ojos de la Virgen Madre.

Con mi afecto y bendición.

+ Ginés García Beltrán
Obispo de Guadix