+Ginés, Obispo de Guadix

+Ginés, Obispo de Guadix

La respuesta es sencilla: lo hacemos así por voluntad del mismo Cristo. El Señor ha querido dejar a su Iglesia, a través del ministerio de los sacerdotes, el poder de perdonar los pecados. Como nos conoce bien, quiere que el perdón no sea algo privado sino comunitario, para que enriquezca a todos. Además, mirándonos a nosotros mismos, hemos de reconocer la importancia que tiene el expresar lo que sentimos, incluso sentir vergüenza por el mal que he hecho o el bien que he dejado de hacer. El perdón es un dialogo entre Dios y el hombre que se expresa de un modo precioso en el sacramento del perdón.

Todos los actos que se preparen para que los fieles obtengan las gracias de este Jubileo, deben estar unidos, ante todo, al Sacramento de la Reconciliación y a la celebración de la santa Eucaristía con una reflexión sobre la misericordia. Será necesario acompañar estas celebraciones con la profesión de fe y con la oración por el  Papa y por las intenciones que lleva en su corazón para el bien de la Iglesia y de todo el mundo.

En la Solemnidad del Santísimo Cristo de La Laguna

Homilía

La Laguna, 14 de septiembre de 2015

  “No olvidéis las acciones del Señor”. Son las palabras, mis queridos hermanos, que hemos ido repitiendo con el salmista, y que dan tono y significado a la fiesta que hoy celebramos: la exaltación de la Santa Cruz.

  Hacemos memoria, porque no podemos olvidar lo que el Señor ha hecho, y hace cada día, por nosotros. En la cruz, el Hijo eterno de Dios, sella para siempre un pacto de amor con la humanidad, un pacto que nada ni nadie podrá romper. Dios a ama al hombre y ha entregado a su propio Hijo para ser salvación de todos.

SOLEMNIDAD DE LA SANTÍSIMA VIRGEN DE LA PIEDAD, CO-PATRONA DE LA CIUDAD DE BAZA

HOMILÍA

Baza, 8 de Septiembre de 2015

Queridos hermanos sacerdotes.

Rvdo. Sr. Arcipreste.

Rvdo. Sr. Rector de este templo y Consiliario de la Hermandad de Ntra. Sra. de la Piedad.

Queridos religiosos y religiosas, comunidad de las Hijas de la Caridad.

Hermana mayor y Junta de Gobierno; hermanos y hermanas de la Hermandad de la Virgen de la Piedad de Baza.

"El que tengo oídos, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias"(Ap 2,7) Con estas palabras del libro del Apocalipsis hemos querido iniciar lo que serán las líneas pastorales que marcarán el camino de nuestra iglesia diocesana los próximos cinco años (2011-2016).

Ponernos a la escucha del Espíritu constituye el comienzo de toda existencia cristiana. La vida cristiana es una vocación, una llamada; sólo desde la escucha sincera podemos conocer lo que Dios quiere de nosotros, tanto personal como comunitariamene. No se trata de hacer por hacer. Hay que hacer según el plan y la voluntad de Dios. Por ello queremos, como Iglesia en camino, ponernos a la escucha del Espíritu para que nuestra respuesta, nuestra misión en este momento de la historia responda a lo que Dios quiere, y no a lo que queremos nosotros.

Os presento un Plan que hemos deseado llamar Plan de Evangelización. El nombre no es baladí. Somos conscientes de que vivimos en una realidad donde lo esencial del ser y de la vida cristiana se está diluyendo en una ignorancia que se convierte en indiferencia ante el hecho religioso. Por este motivo hemos de plantear una primera evangelización, no pensando solo en los que abandonaron nuestras iglesias, sino también en los que nunca vinieorn. Así, en estas páginas no estamos trazando sólo la acción pastoral propiamente dicha, sino una verdadera evangelización desde lo esencial. Hoy no hemos de dar nada por supuesto.

Sin duda que nos movemos en una nueva realidad: el marco en el que estamos llamados a evangelizar es nuevo. Es necesario pararse a contemplar el mundo y el hombre con el que vivimos, y proponerles el Evangelio con la frescura y la convicción de los primeros discípulos. La evangelización hoy no es más fácil ni más difícil que en otras épocas; es la respuesta a la necesidad de anunciar a Jesucristo con la palabra y con las obras. El hombre de hoy también necesita a Jesucristo. Es un hombre con hambre de Dios, aunque muchas veces no lo sepa o lo busque por caminos equivocados.

Así pues, nuestro proyecto evangelizador es abierto porque está llamado a adaptarse a las distintas realidades y da la respuesta al momento de fe de cada uno. Desde los que oirán hablar por primera vez de lo esencial de la fe cristiana hasta los que viven un compromiso claro y radical con la Iglesia. A todos va dirigido este plan de evangelización.

¿Qué es un Plan de pastoral o de evangelización?

Es un instrumento de la comunión eclesial, una expresión de la unidad de la Iglesia que se hace carne en cada una de las comunidades diseminadas por nuestra geografía diocesana.

El Plan de evangelización es una declaración de intenciones de por dónde debe ir nuestra iglesia diocesana para responder con fidelidad a la misión que Dios nos ha encomendado, y hacerlo en este momento concreto de nuestra historia. Es una guía para conducirnos unidos en la respuesta a la voluntad de Dios. Claro que el Plan no agota la vida de la Iglesia, ni lo pretende. El Plan es una ayuda, un medio para responder como comunidad a los retos de la evangelización del mundo de hoy.

Nuestro Plan de evangelización nace del ministerio del Obispo, que es servicio de unidad y de caridad. Como representante de Jesucristo y Sucesor de los apóstoles, el Obispo es garante de la fidelidad a la fe y de la unidad de la Iglesia, y desde este ministerio ofrece unas líneas de acción pastoral a la comunidad que se le ha confiado. El Obispo, después de escuchar a su Presbiterio y a toda la comunidad, ofrece este instrumento pastoral al servicio del bien del Pueblo de Dios. Por eso, el Plan de evangelización es también una expresión de la sinodalidad eclesial.

El Plan no es, por tanto, algo opcional para las comunidades y sus responsables. Es el medio del que el ministerio apostólico se vale para realizar su misión evangelizadora y de gobierno. Y ha de ser acogido por la comunidad diocesana con el respeto que el medio merece.

El Plan que presentamos quiere abrir nuestra iglesia particular a la iglesia universal. Por ello, su eje son dos acontecimientos que han marcado el presente y marcarán el futuro próximo de la Iglesia universal. Me refiero tanto al último Sínodo de los obispos dedicado a la Palabra de Dios, que ha dado como fruto la exhortación apostólica Verbum Domini del Papa Benedicto XVI, como al próximo Sínodo que tendrá como tema la Nueva evangelización.

Considerando como telón de fondo estos acontecimientos, tenemos presente que somos convocados por la Palabra de Dios que es creadora y nos renueva cada día, llamándonos constantemente a volvernos al Señor en una verdadera y sincera conversión. Solo desde la escucha abierta de la Palabra podemos evangelizar el mundo de hoy. Una comunidad que escucha la Palabra, la medita, la contempla y la hace carne de su carne mediante la fe que es confianza y obediencia, puede ser comunidad evangelizadora.

Sabemos bien que la nueva evangelización es un reto, pero no tenemos miedo porque vamos apoyados en la Palabra de Dios que es salvadora y portadora de vida. Con el profeta Jeremías queremos repetir: «Cuando encontraba palabras tuyas las devoraba; tus palabras eran mi gozo y la alegría de mi corazón» (15,16). Así pues, volver a encontrarnos con el Dios que nos habla y se nos da en los sacramentos es la prioridad de nuestra vida y de nuestra Iglesia. La Palabra de Dios nos mostrará la senda para caminar en medio del mundo en el que vivimos y pondrá en nuestros labios las palabras oportunas para mostrar a todos la grandeza y la belleza de la fe que profesamos.

La Palabra de Dios acogida en el corazón del hombre dará fruto y fruto abundante, pues «como bajan la lluvia y la nieve desde el cielo, y no vuelven allá, sino después de empapar la tierra, de fecundarla y hacerla germinat; para que dé semilla al sembrador y pan al que come, así será la palabra que sale de mi boca: no volverá a mí vacía, sino que cumplirá mi deseo y llevará a cabo mi encargo» (ls 55,10-11).

El Plan de evangelización tiene como objetivo principal «La escucha de la Palabra del Señot; para renovar el caminar de nuestra Iglesia» (objetivo general}. Es una Palabra que nos convoca y nos envía al mundo (objetivos específicos}. Estas líneas pastorales miran a tres ámbitos privilegiados de la evangelización: la familia, la parroquia y el arciprestazgo.

Os ofrecemos una pista de lectura de este Plan. Es un plan progresivo, que quiere ser concreto y que ha de ser realizado según la realidad y las posibilidades de cada parroquia o comunidad. Además, al estar pensado para todos, los responsables de la pastoral, con sabiduría y prudencia, han de saber llevarlo a la práctica.

No podemos comenzar sin más la lectura por las acciones con-cretas que se proponen. Para entenderlas hay que conocer el espíritu que las inspira y alienta. Primero debemos leer la fundamentación de cada objetivo y, a la luz de este leer, poner en marcha las acciones. En cada una de ellas se detalla quienes son los responsables, para que sean acciones que desde el comienzo tengan «rostros visibles y concretos», y de este modo sean también revisables.

Y es que de nada servirá este Plan de evangelización sin el empeño de los evangelizadores. De corazón os pido algunas actitudes fundamentales.

  • Fe. En primer lugar un espíritu de fe para ver en este instrumento un camino de encontrar la voluntad de Dios, tomando la actitud propia de obediencia al Espíritu que habla a la Iglesia.
  • Esperanza. Hemos de tener esperanza porque esta obra es de Dios. Nosotros estamos llamados a sembrar, de lo demás se encarga el Señor.
  • Ilusión. No puede faltar la ilusión. Hemos de poner mucha ilusión en esta tarea en la que no estamos solos, y que con seguridad dará frutos abundantes si lo hacemos con humildad y generosidad.
  • Entrega. Se nos pide trabajar poniendo todo lo que somos, no escatimando en nada porque buscamos la gloria de Dios y la salvación de los hombres, nuestros hermanos. Si pensáramos lo que vale un alma, solo un alma, no pondríamos límites a nuestra entrega.
  • Comunión. Y espíritu de comunión para trabajar unidos, sabiendo que formamos un solo cuerpo los que comulgamos en una misma mesa eucarística. Así colaboramos en la construcción de la unidad de la Iglesia para presentarnos ante el mundo en la belleza de nuestra verdadera identidad.

Para terminar, quiero poner este Plan de evangelización bajo la protección maternal de Santa María, la Virgen, Madre de la Iglesia, pidiendo la intercesión de nuestros santos pastores.

Guadix, 1 de Julio de 2011
Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús


+ Ginés, Obispo de Guadix

 

 

La Iglesia Universal celebra el día 29 de junio la solemnidad de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo. La importancia pastoral de esta solemnidad de tanto significado para la comunidad católica aconseja que el Pueblo de Dios la celebre con el mayor realce, a pesar de que, desde hace años, ha dejado de ser “día de precepto” en España.

El Concilio Vaticano II ha recordado que las fiestas de los santos proclaman las maravillas de Cristo en sus seguidores y proponen ejemplos oportunos a la imitación de los fieles (SC 111). Entre todas las fiestas de los santos la Liturgia valora especialmente las de los Santos Apóstoles, que son los testigos de la vida, la palabra y la resurrección del Señor y los fundamentos sobre los que Jesucristo quiso edificar su Iglesia.

En la Solemnidad de San Pedro, junto a San Pablo el Apóstol de las gentes, recordamos y celebramos el valor único que San Pedro tiene en la constitución y en la vida de la Iglesia y el ministerio permanente que Jesucristo confió a los Obispos de Roma, sus sucesores, a favor de la unidad de la Iglesia. Las Iglesias particulares manifiestan y fortalecen su unidad con la Iglesia Universal por su adhesión, fidelidad y amor al Obispo de Roma, sucesor de Pedro. Esta solemnidad, pues, nos lleva directamente a la consideración del ministerio del Papa Benedicto XVI en la Iglesia.

En la homilía de ese día se debe presentar a los fieles la importancia de la comunión con el Santo Padre en su ministerio de unidad y magisterio para la Iglesia Universal, especialmente en estos momentos tan significativos de su ministerio petrino. Signos de nuestra comunión con él serán la oración por su persona y su apostolado; también la aportación a la colecta conocida como “Óbolo de San Pedro” que debe hacerse en todos los templos de la Diócesis, para ayudar a la Santa Sede en el mantenimiento de su servicio a todas las Iglesias, particularmente a las más empobrecidas. Tanto el recuerdo en la oración como la colecta se podrán hacer el domingo anterior o posterior así como el mismo día de la fiesta.

En Guadix, a 23 de junio de 2010.

En el presente año 2011 la solemnidad del Apóstol Santiago, Patrón de España. 25 de julio, día de precepto en el calendario católico, es lunes y jornada laborable en nuestra Comunidad Autónoma de Andalucía. Como en ocasiones anteriores, los Obispos de la Provincia Eclesiástica de Granada hemos acordado mantener en nuestras Diócesis el carácter festivo de este día para dar a esta festividad la importancia que tiene dentro de la liturgia, la tradición de la Iglesia y de España.

Las fiestas de los Apóstoles tienen, en la Sagrada Liturgia y en el ámbito de las celebraciones cristianas, una significativa importancia por el primordial papel que los Apóstoles tienen en la historia de la salvación. De modo especial la tiene para nuestras Iglesias desde hace varios siglos la fiesta del Apóstol Santiago, en quien los católicos españoles han visto el primer testigo del Evangelio en nuestra tierra.

En consecuencia, por lo que se refiere a la Diócesis de Guadix, dispongo:

  1. Mantener el día de Santiago Apóstol como fiesta de precepto.
  2. Dispensar del obligado descanso laboral a los fieles que se vean precisados a desarrollar su habitual jornada de trabajo.
  3. Pedir a los párrocos y rectores de templos que ordenen los horarios de los servicios religiosos de modo que los fieles encuentren la mayor facilidad posible para participar en la Santa Misa.

GINÉS GARCÍA BELTRÁN, POR LA GRACIA DE DIOS Y DE LA SEDE APOSTÓLICA OBISPO DE GUADIX

Al cumplirse los 500 años del nacimiento de la Santa y Doctora de la Iglesia, Teresa de Jesús, el Santo Padre Francisco, a través de la Penitenciaría Apostólica, ha concedido la gracia de un Año Jubilar Teresiano para todas las diócesis de España, con tal ocasión, desde el 15 de octubre de dos mil catorce hasta la misma fecha de dos mil quince. Posteriormente la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Española, en su CCXXXII reunión de los días 25 y 26 de junio pasado, ha acordado que cada Obispo deberá elegir para su Diócesis los templos jubilares.

Por el presente Decreto, y según las mismas indicaciones de los referidos textos de la Penitenciaria Apostólica y de la CEE, vengo en disponer lo que sigue:

  1. La indulgencia plenaria se concede a los fieles que verdaderamente arrepentidos, con las condiciones acostumbradas: confesión sacramental, Comunión Eucarística y oración por las intenciones del Romano Pontífice, que podrá lucrarse una vez al día y también podrán aplicar por las almas de los fieles todavía en el Purgatorio si visitan en forma de peregrinación alguna catedral, templo o santuario jubilar y allí asisten a algún rito sagrado o, al menos, oran durante un tiempo suficiente ante alguna imagen de santa Teresa, terminando con la oración del Padrenuestro, Credo, invocación a la Virgen María y a santa Teresa de Jesús.
  2. Los que estén impedidos por la edad o por enfermedad grave, igualmente podrán lucrar la Indulgencia plenaria si, arrepintiéndose de sus pecados y con el propósito de realizar lo antes posible las condiciones apuntadas, ante alguna imagen o estampa de Santa Teresa, se unen espiritualmente a las celebraciones jubilares rezando el Padrenuestro y el Credo en su casa o lugar donde residen ofreciendo sus dolores y molestias.
  3. Todos los fieles de España también podrán alcanzar indulgencia parcial, incluso varias veces el mismo día, cuantas veces con corazón contrito practicaran obras de misericordia, actos penitenciales o de evangelización invocando a Santa Teresa de Jesús que compensó su deseo de martirio con limosnas y otras buenas obras.
  4. Con el fin de que los fieles de nuestra Diócesis de Guadix puedan acceder fácilmente a la obtención de la gracia jubilar, declaro Templo Jubilar la Santa y Apostólica Iglesia Catedral de la Encarnación
  5. Los días en que podrá obtenerse la gracia de la indulgencia de este Año Teresiano serán todos los domingos, solemnidades y fiestas de la Iglesia Universal, solemnidades y fiestas de la Iglesia particular de Guadix, y las solemnidades y fiestas propias de la familia carmelitana.
  6. Siguiendo las indicaciones de la Penitenciaría Apostólica, pido encarecidamente al Excmo. Cabildo de nuestra Catedral que manifieste su disponibilidad para favorecer la administración individual del sacramento de la Penitencia.

La celebración gozosa de este Año Jubilar permitirá conocer mejor la santidad y grandeza de esta gran mujer y monja reformadora, así como la doctrina siempre actual de esta Doctora de la Iglesia. Pido al Señor, y a la Santísima Virgen María en su advocación del Monte Carmelo, que los frutos de santidad del Año Jubilar sean numerosos según la voluntad de Dios.

Dado en Guadix a uno de noviembre de dos mil catorce, solemnidad de todos los Santos.

+ Ginés, Obispo de Guadix

Queridos diocesanos:

Mañana, miércoles, llega a nuestra diócesis la Cruz y el icono de la Virgen María que el Beato Papa Juan Pablo II entregó a los jóvenes para que fuera signo de las Jornadas Mundiales de la Juventud.

Durante mucho tiempo hemos esperado este momento, lo hemos preparado con esmero e ilusión; han sido muchos los jóvenes que se han implicado, como voluntarios, para que este acontecimiento se convierta en un signo de identidad cristiana en medio de nuestra gente, especialmente entre los más jóvenes.

Estos días levantaremos la cruz sobre esta tierra que es testigo de la primera predicación apostólica; que ha contemplado los avatares de la ya larga historia de la Iglesia y ha recibido la sangre de los mártires que la hacen tierra fecunda. Después de dos mil años elevamos sobre la tierra la cruz que nos anunció Torcuato y sus compañeros, los Varones apostólicos.

La presencia de la cruz y de la imagen de la María, la Virgen nos anuncian la Jornada Mundial de la que Juventud que se celebrará D.m. en Madrid el próximo mes de agosto. Más de un millón de jóvenes de todo el mundo proclamarán con alegría que estamos “arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe” (cf Col 2,7). Hacía ese acontecimiento se dirige también esta diócesis, y lo quiere hacer teniendo como bandera y estandarte la cruz del Señor, donde fue clavada la salvación del mundo.

Es una oportunidad, queridos hermanos, para contemplar el misterio y la grandeza de nuestra salvación obrada por la entrega del Hijo de Dios. La cruz es, sin duda, un signo de contradicción. No es un signo de poder ni de prestigio, no habla de éxito tal como lo entiende el mundo; aunque la llevamos encima, después la rechazamos, huimos de ella. Sin embargo, es el medio por el que Dios quiso salvar a los hombres. Ya al comienzo de la Iglesia, el gran apóstol de las gentes, San Pablo, escribía: “nosotros predicamos a un Cristo crucificado, que es escándalo para los judíos y locura para los paganos” (cf 1Cor 1,23). Sin embargo, para todos los que hemos sido llamados, seamos de donde seamos, es “fuerza de Dios, sabiduría de Dios”. Es la locura de la cruz, locura que solo se comprende desde el amor. La cruz alcanza su sentido en el amor de Dios. Todas las cruces de la historia solo pueden tener sentido desde el amor. Se puede sufrir desde la desesperación y el rechazo a todo y a todos, y se puede sufrir amando, alcanzado así sentido hasta el mayor de los sufrimientos.

Los cristianos no nos postramos ante la cruz como signo de exterminio, sino como signo de amor. En la cruz adoramos al Crucificado; en ella encontramos luz para todas las cruces de la vida. Desde la cruz amanece la nueva vida del Resucitado, porque experimentamos que “el amor es más fuerte que la muerte”.

La cruz de los jóvenes va a recorrer buena parte de nuestra geografía diocesana. Se va a detener en nuestras calles y plazas, va a visitar tantas y tantas obras de la Iglesia y otras instituciones. En todo sitio será presencia de la gracia y derramará la gracia. Estoy seguro que los que a ella se acerquen van a recibir la gracia de Dios que fortalecerá su fe y los arraigará en Cristo para ser sus testigos en la Iglesia y en el mundo entero.

Es conmovedor pensar que delante de esta cruz y del icono de María santísima, han rezado millones de hombres y mujeres, especialmente jóvenes; y delante de estos signos, mucho han se han encontrado con el Señor y han descubierto su vocación. Es una cruz y una imagen de María marcados por la fe de tanta gente, por ilusiones y esperanzas junto con angustias y tristezas. Nuestra oración se unirá a la de toda la Iglesia, será testimonio de lo que afirmamos en el Credo, la comunión de los santos.

Desde Huéneja hasta Cuevas del Campos, viviremos y vibraremos en estos seis próximos días; y gritaremos al mundo que Cristo es el Señor. Hemos de anunciar que la vida del Resucitado ha llegado a todos, solo hemos de descubrirla, experimentarla y dejarla que actúen en nosotros y por nosotros. Estamos llamados a ser portadores de esta verdad y de esta vida. El mundo, aunque no lo sepa, necesita conocer y amar esta buena noticia.

Queridos hermanos y hermanas, os invito a uniros a esta fiesta, la fiesta de Cristo, la fiesta de la Iglesia; os convoco a acompañar a la cruz y al Icono de la Virgen; acercaros y rezar; dar gracias, contemplar, interceder por el mundo. Dejad que Dios sea grande en vuestras vidas.

Os invito a vosotros jóvenes, venid y veréis: Cristo nos os defraudará; Él os llama a ser de verdad jóvenes, a vivir en plenitud. No os conforméis con menos; Cristo lo da todo, lo llena todo.

Con mi afecto y bendición.

+ Ginés García Beltrán
Obispo de Guadix

Queridos diocesanos:

Estas palabras del apóstol San Pablo en la segunda de sus cartas a Timoteo, nos introducen este año en el día del Seminario, día que nos recuerda la importancia del ministerio sacerdotal en la vida de la Iglesia y, por tanto, la importancia que tiene, y que nosotros hemos de dar, al Seminario, escuela evangélica en que se forman los futuros pastores del pueblo de Dios.

La vocación al sacerdocio ministerial es una cuestión de fe. Sólo desde la fe se puede seguir el camino del sacerdocio. Sólo el que tiene fe, y me refiero al que se fía, puede escuchar la llamada de Dios y secundarla. El hombre abierto al misterio escucha la voz de Dios que habla al silencio del corazón y, en la más absoluta libertad, sigue la voz confiado que el que llama es fiel y siempre cumple su palabra. Seguir la vocación es conducirse en la noche con la certeza de que no estamos solos, que alguien guía mis pasos; es la experiencia de no saber dónde voy, pero la certeza que llegaré a la meta, a la felicidad.

Desde estas líneas me gustaría decir a los jóvenes que sólo es feliz el que hace la voluntad de Dios. La felicidad no es hacer lo que yo quiero sino lo que Dios quiere. No es más libre aquel que guía su vida según sus aficiones sino el que sigue el camino más íntimo del corazón, aunque muchas veces tenga que hacerse violencia a sí mismo. Este es el testimonio de muchos hombres y mujeres a lo largo de la historia. Ante la llamada siempre hay un primer momento en que surge el miedo, la oscuridad, el desconcierto, la conciencia de la propia debilidad, todo esto provoca actitudes de defensa: “¿por qué yo?”, “¿qué les voy a decir?”, “no sé hablar”, “yo había pensado otra cosa para mí”. Pero, al final, siguiendo con humildad y pasión la llamada, el hombre descubre que en ese camino está su felicidad, la plenitud de su vida. Cuántos jóvenes habrá que no han encontrado la realización humana en sus vidas porque un día desoyeron la llamada del Señor.

Este año estamos convocados a renovar la fe que recibimos en nuestro bautismo. Es una oportunidad para reflexionar sobre mi fe con vistas a hacerla más viva y operante. La misma fe que profesamos nos invita a proclamarla en medio del mundo, convencidos que Dios es el amigo del hombre, que lo ama con un amor eterno. Recuperar a Dios es encontrar la fuente de agua viva en medio del desierto que avanza amenazando con la falta de sentido y esperanza a un hombre que se ha encerrado en sí mismo y que ha perdido el horizonte de la trascendencia.

No es extraño que en una situación de crisis de fe como la que vivemos hoy exista también, y como consecuencia de la misma, una crisis en las vocaciones a los distintos estados de vida cristiana, también al sacerdocio. La situación del Seminario en una diócesis es el signo de su vitalidad. Una diócesis viva tiene un seminario vivo, y al contrario. Incluso una iglesia particular expresa la fuerza del laicado en que de este surgen vocaciones para el sacerdocio y la vida consagrada. El Seminario, y lo podemos decir con toda claridad, es el corazón de una comunidad diocesana. La vida de una diócesis late al ritmo de su seminario.

Hemos de “abrir de nuevo al hombre de hoy el acceso a Dios, al Dios que habla y nos comunica su amor para que tengamos vida abundante”. Hemos de propiciar encuentros del hombre con alguien; no se trata de una idea o de una opción ética, es el encuentro con una persona, con Cristo. Sólo se propiciará llamada cuando haya escucha, y sólo habrá escucha cuando el hombre sienta la fascinación por alguien que llena su vida. La vocación es encuentro, es conversión, es acogida, es desinstalación, es búsqueda de verdad, es deseo de felicidad, es gozo al beber en la fuente de la vida, es pasión que abrasa y da calor a la existencia, es entrega; en definitiva, la vocación es una cuestión de amor. Y me pregunto, ¿un joven de verdad puede renunciar a todo esto? Si escucha la llamada de Dios, ¿puede mirar a otra parte o poner excusas?.

La llamada de Dios siempre tiene un “para”. El Señor llama para enviarnos. Como dice San Pablo en la carta a los Romanos: “¿cómo invocarán a aquel en quien no han creído?; ¿cómo creerán en aquel de quien no han oído hablar; ¿cómo oirán hablar de él sin nadie que les anuncie? Y ¿cómo anunciarán si no los envían?” (10, 14-15). La Palabra de Dios necesita quien la anuncie. Todos los bautizados estamos llamados a esta misión, pero algunos hombres lo están con un título especial, siendo presencia de Jesucristo Cabeza y Pastor de la comunidad, los sacerdotes.

Nuestro Seminario es una realidad gozosa, es el tallo tierno y débil que tiene vocación de ser árbol grande. El Seminario Menor está en marcha, ha sido un regalo que el Señor nos ha hecho, una realidad que fecunda, ya al día de hoy, la vida de nuestra iglesia. El Seminario Mayor sigue su andadura, dando sus frutos; con la gracia de Dios este año tendremos dos nuevos sacerdotes, y para el próximo curso más seminaristas. Estoy convencido que el señor nos quiere bendecir, si nosotros acogemos su gracia con una vida concorde con su voluntad y un Seminario en fidelidad a la mente de la Iglesia.

Con motivo del Día del Seminario, quiero pediros: A los sacerdotes, una vida digna de nuestra vocación, que manifieste el gozo de la entrega al Señor y a los hermanos; no olvidéis que la pastoral vocacional se hace por contagio. A los Consagrados, el testimonio de vuestra consagración que mira a la gloria de Dios, en la radicalidad y seguimiento evangélico. A las familias, generosidad, no sólo para entregar a vuestros hijos al servicio del Señor, sino para pedir que nuestro Señor los llame y para acompañarlos en este camino. A los niños, que abráis los oídos para escuchar al Señor y seáis sus amigos. A los jóvenes, valentía para decir que Sí al Señor cuando sintáis su llamada, pero para eso es necesario cultivar el campo de vuestra vida interior mediante el silencio, la oración, la participación y la adoración de la Eucaristía, la confesión frecuente de vuestros pecados y el acompañamiento espiritual, junto con una vida honesta. A los catequistas y profesores cristianos, que cultivéis y ayudéis a descubrir las posibles vocaciones. A los enfermos, que ofrezcáis vuestros dolores y sufrimientos por el aumento y santidad de las vocaciones al sacerdocio. Y a todos, que recéis, que no os canséis de pedir cada día por esta intención. Dios no es sordo y escucha a los que le piden con fe.

Queridos hermanos y hermanas, sólo me queda dejaros mi pobre testimonio. El día de mi ordenación sacerdotal, hace 27 años, le dije al Señor: me fío de ti, como san Pablo “sé de quién me he fiado”. Sí, sé bien de quien me he fiado, y os puedo confesar, que Él ha cumplido cada día su Palabra en mi vida, y Él la seguirá cumpliendo hasta el final.

En el regazo materno de la Virgen dejo nuestro Seminario. Ella, Madre de los sacerdotes y Señora de las vocaciones sacerdotales, lo cuidará y le hará tener una vida abundante.

Con mi afecto y bendición.

+ Ginés, Obispo de Guadix.