Plan de Evangelización 2011-2016

"El que tengo oídos, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias"(Ap 2,7) Con estas palabras del libro del Apocalipsis hemos querido iniciar lo que serán las líneas pastorales que marcarán el camino de nuestra iglesia diocesana los próximos cinco años (2011-2016).

Ponernos a la escucha del Espíritu constituye el comienzo de toda existencia cristiana. La vida cristiana es una vocación, una llamada; sólo desde la escucha sincera podemos conocer lo que Dios quiere de nosotros, tanto personal como comunitariamene. No se trata de hacer por hacer. Hay que hacer según el plan y la voluntad de Dios. Por ello queremos, como Iglesia en camino, ponernos a la escucha del Espíritu para que nuestra respuesta, nuestra misión en este momento de la historia responda a lo que Dios quiere, y no a lo que queremos nosotros.

Os presento un Plan que hemos deseado llamar Plan de Evangelización. El nombre no es baladí. Somos conscientes de que vivimos en una realidad donde lo esencial del ser y de la vida cristiana se está diluyendo en una ignorancia que se convierte en indiferencia ante el hecho religioso. Por este motivo hemos de plantear una primera evangelización, no pensando solo en los que abandonaron nuestras iglesias, sino también en los que nunca vinieorn. Así, en estas páginas no estamos trazando sólo la acción pastoral propiamente dicha, sino una verdadera evangelización desde lo esencial. Hoy no hemos de dar nada por supuesto.

Sin duda que nos movemos en una nueva realidad: el marco en el que estamos llamados a evangelizar es nuevo. Es necesario pararse a contemplar el mundo y el hombre con el que vivimos, y proponerles el Evangelio con la frescura y la convicción de los primeros discípulos. La evangelización hoy no es más fácil ni más difícil que en otras épocas; es la respuesta a la necesidad de anunciar a Jesucristo con la palabra y con las obras. El hombre de hoy también necesita a Jesucristo. Es un hombre con hambre de Dios, aunque muchas veces no lo sepa o lo busque por caminos equivocados.

Así pues, nuestro proyecto evangelizador es abierto porque está llamado a adaptarse a las distintas realidades y da la respuesta al momento de fe de cada uno. Desde los que oirán hablar por primera vez de lo esencial de la fe cristiana hasta los que viven un compromiso claro y radical con la Iglesia. A todos va dirigido este plan de evangelización.

¿Qué es un Plan de pastoral o de evangelización?

Es un instrumento de la comunión eclesial, una expresión de la unidad de la Iglesia que se hace carne en cada una de las comunidades diseminadas por nuestra geografía diocesana.

El Plan de evangelización es una declaración de intenciones de por dónde debe ir nuestra iglesia diocesana para responder con fidelidad a la misión que Dios nos ha encomendado, y hacerlo en este momento concreto de nuestra historia. Es una guía para conducirnos unidos en la respuesta a la voluntad de Dios. Claro que el Plan no agota la vida de la Iglesia, ni lo pretende. El Plan es una ayuda, un medio para responder como comunidad a los retos de la evangelización del mundo de hoy.

Nuestro Plan de evangelización nace del ministerio del Obispo, que es servicio de unidad y de caridad. Como representante de Jesucristo y Sucesor de los apóstoles, el Obispo es garante de la fidelidad a la fe y de la unidad de la Iglesia, y desde este ministerio ofrece unas líneas de acción pastoral a la comunidad que se le ha confiado. El Obispo, después de escuchar a su Presbiterio y a toda la comunidad, ofrece este instrumento pastoral al servicio del bien del Pueblo de Dios. Por eso, el Plan de evangelización es también una expresión de la sinodalidad eclesial.

El Plan no es, por tanto, algo opcional para las comunidades y sus responsables. Es el medio del que el ministerio apostólico se vale para realizar su misión evangelizadora y de gobierno. Y ha de ser acogido por la comunidad diocesana con el respeto que el medio merece.

El Plan que presentamos quiere abrir nuestra iglesia particular a la iglesia universal. Por ello, su eje son dos acontecimientos que han marcado el presente y marcarán el futuro próximo de la Iglesia universal. Me refiero tanto al último Sínodo de los obispos dedicado a la Palabra de Dios, que ha dado como fruto la exhortación apostólica Verbum Domini del Papa Benedicto XVI, como al próximo Sínodo que tendrá como tema la Nueva evangelización.

Considerando como telón de fondo estos acontecimientos, tenemos presente que somos convocados por la Palabra de Dios que es creadora y nos renueva cada día, llamándonos constantemente a volvernos al Señor en una verdadera y sincera conversión. Solo desde la escucha abierta de la Palabra podemos evangelizar el mundo de hoy. Una comunidad que escucha la Palabra, la medita, la contempla y la hace carne de su carne mediante la fe que es confianza y obediencia, puede ser comunidad evangelizadora.

Sabemos bien que la nueva evangelización es un reto, pero no tenemos miedo porque vamos apoyados en la Palabra de Dios que es salvadora y portadora de vida. Con el profeta Jeremías queremos repetir: «Cuando encontraba palabras tuyas las devoraba; tus palabras eran mi gozo y la alegría de mi corazón» (15,16). Así pues, volver a encontrarnos con el Dios que nos habla y se nos da en los sacramentos es la prioridad de nuestra vida y de nuestra Iglesia. La Palabra de Dios nos mostrará la senda para caminar en medio del mundo en el que vivimos y pondrá en nuestros labios las palabras oportunas para mostrar a todos la grandeza y la belleza de la fe que profesamos.

La Palabra de Dios acogida en el corazón del hombre dará fruto y fruto abundante, pues «como bajan la lluvia y la nieve desde el cielo, y no vuelven allá, sino después de empapar la tierra, de fecundarla y hacerla germinat; para que dé semilla al sembrador y pan al que come, así será la palabra que sale de mi boca: no volverá a mí vacía, sino que cumplirá mi deseo y llevará a cabo mi encargo» (ls 55,10-11).

El Plan de evangelización tiene como objetivo principal «La escucha de la Palabra del Señot; para renovar el caminar de nuestra Iglesia» (objetivo general}. Es una Palabra que nos convoca y nos envía al mundo (objetivos específicos}. Estas líneas pastorales miran a tres ámbitos privilegiados de la evangelización: la familia, la parroquia y el arciprestazgo.

Os ofrecemos una pista de lectura de este Plan. Es un plan progresivo, que quiere ser concreto y que ha de ser realizado según la realidad y las posibilidades de cada parroquia o comunidad. Además, al estar pensado para todos, los responsables de la pastoral, con sabiduría y prudencia, han de saber llevarlo a la práctica.

No podemos comenzar sin más la lectura por las acciones con-cretas que se proponen. Para entenderlas hay que conocer el espíritu que las inspira y alienta. Primero debemos leer la fundamentación de cada objetivo y, a la luz de este leer, poner en marcha las acciones. En cada una de ellas se detalla quienes son los responsables, para que sean acciones que desde el comienzo tengan «rostros visibles y concretos», y de este modo sean también revisables.

Y es que de nada servirá este Plan de evangelización sin el empeño de los evangelizadores. De corazón os pido algunas actitudes fundamentales.

  • Fe. En primer lugar un espíritu de fe para ver en este instrumento un camino de encontrar la voluntad de Dios, tomando la actitud propia de obediencia al Espíritu que habla a la Iglesia.
  • Esperanza. Hemos de tener esperanza porque esta obra es de Dios. Nosotros estamos llamados a sembrar, de lo demás se encarga el Señor.
  • Ilusión. No puede faltar la ilusión. Hemos de poner mucha ilusión en esta tarea en la que no estamos solos, y que con seguridad dará frutos abundantes si lo hacemos con humildad y generosidad.
  • Entrega. Se nos pide trabajar poniendo todo lo que somos, no escatimando en nada porque buscamos la gloria de Dios y la salvación de los hombres, nuestros hermanos. Si pensáramos lo que vale un alma, solo un alma, no pondríamos límites a nuestra entrega.
  • Comunión. Y espíritu de comunión para trabajar unidos, sabiendo que formamos un solo cuerpo los que comulgamos en una misma mesa eucarística. Así colaboramos en la construcción de la unidad de la Iglesia para presentarnos ante el mundo en la belleza de nuestra verdadera identidad.

Para terminar, quiero poner este Plan de evangelización bajo la protección maternal de Santa María, la Virgen, Madre de la Iglesia, pidiendo la intercesión de nuestros santos pastores.

Guadix, 1 de Julio de 2011
Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús


+ Ginés, Obispo de Guadix